Nunca entenderán las putas vibras de tener raíces andinas. SAN JUAN DE PASTO, bastión de la izquierda. Gloria y honor al sur. Nos habita el espíritu guerrero de nuestros ancestros. Por nuestra raza, por nuestra tierra.
Nos molieron a gas, palo, pata, agua y BALA en las calles desde el 2018 hasta el 2021, y ahora son ellos quienes, en un "gesto de buena voluntad", nos dieron la matrícula cero. Aquí somos muchos y no olvidamos...a otros con ese cuento tan maromeado.
Sinceramente, no entiendo por qué desde el centro se le exige a Iván Cepeda ser el candidato perfecto, como si la otra opción no fuera un mafioso con la aspiración dictatorial de Pinochet.
De La Espriella citando en su discurso a García Márquez, sus votantes aplaudiendo y ese era más comunista que Mao Tse-Tung, pero como esa gente ni lee ni entendió severa contradicción.
Perdón por mi opinión de extrema izquierda pero pasa que a mi si me gusta pensar en como afecta la vida mas allá de mi metro cuadrado de privilegios. A mi no se me olvida que la última vez que ganó la derecha, el gobierno mataba en las calles sólo por salir a protestar.
Las víctimas no les importan realmente; las utilizan cuando encajan en su discurso político. Cuando exigen verdad, reparación y garantías de no repetición, las ignoran, las desacreditan y revictimizan.
Hablan de las víctimas del conflicto y del reclutamiento de menores cada cuatro años, en campaña. Pero votaron por el No a la paz, odian la JEP y promueven la guerra.
Es desolador ver cómo Gaza, Cisjordania y Líbano han desaparecido de la prensa. Normalizar el dolor ajeno hasta volverlo invisible es la mayor prueba de nuestra deshumanización. Y lo peor es que todos sabemos por qué ocurre este silencio.
Cuando @IvanCepedaCast se pregunta por qué somos tan benévolos con la guerra y tan duros con la paz, tiene toda la razón. Porque a la guerra le perdonamos todo: sus muertos, sus fracasos, sus décadas de horror. Siempre creemos que ahora sí funcionará. Pero a la paz le exigimos perfección inmediata, le exigimos milagros, le cobramos cada error como si la guerra no hubiera cometido millones.
¿Qué necesitamos hacer los colombianos para ser más generosos con la paz? Tal vez entender que la paz no es ingenuidad ni rendición. Tal vez entender que la paz es el acto más valiente de una sociedad cansada de enterrarse a sí misma. Y quizás también necesitamos dejar de romantizar la violencia, dejar de sentir satisfacción con la muerte del otro, dejar de creer que un país puede construirse eternamente sobre el odio.
¿Por qué no somos igual de severos con la guerra? ¿Por qué no le exigimos resultados a quienes llevan décadas prometiendo sangre y dejando dolor? Colombia necesita aprender a darle a la paz al menos una parte de la paciencia, la fe y las oportunidades infinitas que siempre le ha dado a la guerra