Ella me pedía que la preñe; y yo, extasiado con aquel tremendo culo que embestía, cumplí el deseo de mi musa y deposité mi leche en el fondo de sus entrañas...
La máscara se le pegó a la piel.
No se la quité.
Le separé las nalgas y entré donde el disfraz ya no cubría.
El jadeo fue una deliciosa constante.
Y esa noche, aquel cuerpo ofrecido a mi, se volvió mi territorio.
La bebé se sentó en mi falo; y, cual si fuera una 'cowgirl', rebotaba sus nalgas contra mí; y de tanto subir y bajar, me llevó por camino del extasis, hasta verme acabar...
La percibí mucho más perra que de costumbre.
Su ano invitandome a saborearlo, su boca dispuesta a recibir mis fluidos, y sus muslos abiertos para el embiste definitivo, me permitieron llegar a la cúspide del extasis y verme satifecho con el use de aquel voluptuoso cuerpo.
Ha vuelto a ser mía, he vuelto a ser suyo, y ha sido mucho más placentero.
La percibí mucho más perra que de costumbre.
Su ano invitandome a saborearlo, su boca dispuesta a recibir mis fluidos, y sus muslos abiertos para el embiste definitivo, me permitieron llegar a la cúspide del extasis y verme satifecho con el use de aquel voluptuoso cuerpo.
Ha vuelto a ser mía, he vuelto a ser suyo, y ha sido mucho más placentero.
Búscame para fornicar de manera explícita y vulgar, sin esa higiene moral que mata el deseo.
Soy un sátiro, y como tal, estoy del lado de lo grosteco, de lo explícito; esa mi condición y mi esencia. No esperes otra cosa.
Así que tómame como soy... porque no cambiaré.