La gente: Trump no invadió Venezuela por el petróleo sino para llevarles democracia
Trump: invadí Venezuela por el petróleo y no quiero ni ver a María Corina
La gente: no creo que Trump haya llamado a infantino para quitar la tarjeta roja
Trump: yo llamé a infantino para que quitara la tarjeta roja
La gente: Trump no interfirió en las elecciones de Colombia para que ganará la extrema derecha
Trump: yo lo apoyé.
Le están regalando a Israel nuestra tierra y recursos naturales. LE ESTÁN REGALANDO A ISRAEL NUESTRA TIERRA Y RECURSOS NATURALES. DIOS MÍO ABRAN LOS OJOS
#MedellínSeRespeta gritan a los cuatro vientos. Muy bien. Medellín se respeta.
Para cuidar una ciudad como Medellín, las autoridades corrieron a impedir que apareciera un grafiti, pero no lo hicieron para evitar que desaparecieran cuatro personas.
En Robledo Aures, un grupo armado se llevó a cuatro jóvenes y los desapareció sin que el Estado lograra impedirlo. Ah, pero ese Estado si logró desaparecer un grafiti. La vida debe ser siempre la prioridad.
Esperen mañana un informe completo de cómo desaparecen cuatro jóvenes en la "ciudad segura" de Medellín, la institucionalidad lo ocultó. Desenterramos esta realidad.
Una joven colombiana, madre de una niña, y tres jóvenes venezolanos, desaparecieron forzadamente y a nadie de la institucionalidad le importó.
¿¡Todavía se atreven a decir que: Medellín se respeta!?
@FunSumapaz@roures1@seguridadmed@PoliciaMedellin@DefensoriaCol@PGN_COL@ABDELAESPRIELLA@petrogustavo@DirectorPolicia@ONUHumanRights@Indepaz@AquinoTicias1@leonardonzalez@luisyepesb@ramirociencia@CIDH
Los hinchas de Colombia abuchean y le chiflan a Thomas Partey cada vez que toca el balón por las 7 acusaciones de violación que tiene en su contra. ❌🇬🇭
De arrieros a rednecks
Por: @juanabotero
No sé si es en todo Colombia —espero que no— pero en Antioquia, la región que habito y donde nací y crecí la mayor parte de mi vida, hay un tufillo aspiracional del sueño americano creciendo silenciosamente y colándose en todos los rincones como una maleza que se come todo lo que encuentra. Una que nadie poda porque posee una aparente belleza, como el ojo de poeta.
La gente quiere parecerse a los gringos desde hace tiempo, pero con más fuerza ahora que la ultraderecha de Trump conquista a Latinoamérica. La gente hoy más que nunca consume desenfrenadamente cosas innecesarias, mantiene conversaciones superfluas sobre plata, yates, ropa, carteras y Toyotas —ahora Teslas— y empieza a repetir tonterías trumpistas y de sus seguidores, los llamados despectivamente cuellos rojos o rednecks.
Este es un fenómeno ético y estético que se puede observar en el cambio de valores, pero también —e incluso— en la forma de vestir de hombres y mujeres. Sudaderas de día, lentejuelas de noche, donde cuestan más los pijamas con los que salen a la calle que la ropa que dura en el tiempo.
Una región que había sido conocida por su pujanza, sencillez y prudencia con el dinero, trato cordial, conexión con el campo, valor por la familia, los amigos y la comunidad; ahora se parece más a estar en Miami: vulgar, despilfarrador, poco intelectual, con nula conexión con la naturaleza, llena de carros de lujo y muchas clínicas estéticas para inyectarse plástico en el cuerpo.
Cuando se recorre Medellín se puede ver que pululan las plantas de plástico, las fachadas falsas, los restaurantes de comida mala, poquita y costosa, pero instagrameable. Y sobre todo se empieza a sentir un cambio de comportamiento. Personas con personalidad impostada, con un lenguaje lleno de anglicismos y unos intereses vergonzosamente superficiales. Y claro, cómo no, un endeudamiento peligrosamente grande. Muy gringo. Los bancos lo confirman: la carga financiera de los hogares colombianos llegó al 38,4% en 2024 —casi cuatro de cada diez pesos de ingreso se van en pagar deudas— con una tasa de endeudamiento del 382% anual. Ya no ahorramos: compramos ahora y pagamos después, exactamente igual que ellos, y al igual que ellos, con tasas que nadie lee.
Ya otros han escrito sobre la falta de carácter de los colombianos o de la Patria Boba que avanza poco sin mucha transformación. Se ha hablado de un país que sintiéndose avergonzado de quién es, apropia de Estados Unidos una cultura ajena para comprar un sueño que no es suyo, para sentirse cómodo en su propia piel que le incomoda tanto. Y aunque la tendencia venía creciendo, en Medellín particularmente la gente se está enfermando de matchas, lattes, bowls, bótox, Golden Goose, jabones importados, ropa desechable: basura acumulada en las bodegas y en la cabeza.
Debo advertir que esto no es un asunto de clase, como seguro les encantará decir a los ideologizados. Esto es un fenómeno popular —y con popular me refiero a masivo— que no entiende de capacidad adquisitiva, ni de género, ni de nivel de estudios.
Hablo particularmente de Medellín, pero la trumpización de los países latinos es una realidad latente en las democracias vecinas. Sin embargo, en la capital de Antioquia este lamentable retroceso se ve agudizado principalmente por dos asuntos.
El reguetón como cultura de la exageración del cuerpo, de los carros de lujo, los diamantes en los dientes y las mujeres como objeto sexual; y el crecimiento de nómadas digitales y turistas norteamericanos para los cuales la ciudad se está rediseñando de arriba abajo. Los números son brutales: en 2025, Estados Unidos es el primer origen de visitantes a Medellín con más de 310.000 turistas, y cada mes llegan aproximadamente 8.300 nómadas digitales que trabajan en dólares y pagan en pesos, distorsionando precios y empujando a los locales a vivir cada vez más lejos de sus propios barrios. El resultado: los arriendos en Laureles subieron un 80% en apenas cuatro meses de 2023. Para captar ese capital, la ciudad no recibe a los visitantes con lo que es: se vuelve ellos. La Alcaldía tiene incluso un programa oficial llamado Medellínglish para anglizar la ciudad. La infraestructura turística creció un 884% desde 2014. Hay calles del Poblado donde hoy solo se habla inglés. No es cosmopolitismo. Es rendición.
La paradoja es feroz: muchos de esos nómadas huyeron de la cultura americana —de sus costos, su ritmo, su superficialidad— y encontraron en Medellín algo auténtico y diferente. En vez de ofrecerles eso, les estamos construyendo una réplica barata de lo que dejaron.
¿Por qué es peligroso esto? ¿Qué problema hay con quererse parecer a los gringos?
Los riesgos son muchos, pero mencionaré tres.
1. La agenda anti-derechos.
Hoy ser gringo para un colombiano es parecerse a la cultura Trump. Es decir, una cultura que bajo el nombre inventado de "anti-woke" —"anti-despertar"— defiende la familia tradicional y las llamadas Trad Wives: mujeres que hacen galletas todo el día en vestidos divinos y defienden la idea de que el hombre es el líder del hogar. Hay líderes cristianos en el Congreso de EEUU promoviendo el llamado Voto Familiar, en el que el hombre, el esposo, vota por toda la familia. Esta cultura importada promueve la reproducción, juzga la decisión de no tener hijos y sataniza a todo aquel con otro plan de vida: gays, mujeres solteras, hombres solteros.
Lo que se pierde, para ser más explícita: el derecho a la reproducción de las mujeres, el derecho al aborto, el derecho al voto de la mujer, los derechos de las parejas del mismo sexo. Cuando esa agenda se instala surgen movimientos como la manosfera, se evita que las mujeres estudien, que los homosexuales se expresen en público, que las mujeres participen en política.
Lo más revelador de todo es que Colombia importó los dos lados del debate americano sin entender ninguno. La izquierda adoptó el vocabulario identitario: woke, pronombres, interseccionalidad. La derecha adoptó el contra-movimiento: anti-woke, ideología de género. Ambos bandos hablan en traducción. El término "woke" no tiene equivalente en español antioqueño porque el fenómeno que describe nació de una historia racial específicamente estadounidense que aquí no ocurrió. Estamos peleando —con todo el ardor del mundo— una guerra cultural ajena, en términos prestados, sobre una realidad que no comprendemos del todo.
2. La pérdida de identidad y el sometimiento al mercado gringo.
Cuando un país no encuentra diferencial en su industria, imita productos y servicios que demostraron resultados en mercados norteamericanos. La pregunta "¿en qué somos buenos?" se cambia por "¿qué se vende?". Y solo un error en la pregunta mueve la economía completamente.
Colombia es ya el tercer mercado de comercio electrónico en Latinoamérica, con 14.400 millones de dólares en ventas digitales en 2024, proyectadas a 81.000 millones en 2027. Amazon, Temu y Shein dominan las preferencias de consumo, especialmente en Medellín. Compramos su basura porque somos el mercado, no el productor. Y mientras tanto, un paisa orgulloso entró al ranking de los grandes conglomerados familiares de Antioquia porque es dueño de veinte McDonald's. El sueño americano paisa ya no es ser el mejor en lo nuestro: es ser el mejor franquiciado de ellos.
3. La homogeneización que destruye justo lo que éramos.
Este es quizás el riesgo más silencioso. Medellín se volvió atractiva para el mundo precisamente por ser diferente: resiliente, cálida, creativa, con una identidad cultural que sobrevivió décadas de violencia. Eso fue lo que la puso en el mapa. Pero al copiar el modelo americano —en la arquitectura, en el consumo, en el lenguaje, en la política, en los valores— estamos destruyendo el único activo que nadie más tiene. Cuando un lugar huele igual, habla igual y consume igual que todos los demás, deja de tener razón de ser. Y el turista que venía buscando algo auténtico encontrará, con justa razón, que le quedaba más cerca Miami.
La identidad no es un lujo cultural. Es el diferencial económico más poderoso que tiene una región. Perderla no es progreso: es el negocio más estúpido y fragil que se puede hacer.
El Club Deportivo Palestino lamenta profundamente el sensible fallecimiento de Saleem Al-Ashqar, arquero palestino de 32 años que defendía los colores del Khadamat Khan Younis y que perdió la vida a manos del ejército israelí.
Nos destroza que hechos como este sigan ocurriendo. Exigimos justicia y paz para #TodoUnPueblo 🇵🇸
El capitán de la Selección de Irán, Mehdi Taremi, explotó contra la FIFA y la organización de Estados Unidos.
“Esta es una Copa del Mundo desastrosa. Como jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo. Si la FIFA piensa que esto es justo, tema de ellos, pero no lo es. ¿Quién debería solucionar este problema por nosotros? ¿La FIFA? ¿EE.UU.? ¡No sé! Díganme un nombre. El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, vino a nuestro vestuario después del primer partido contra Nueva Zelanda y dijo que iba a resolver todos los problemas, pero en realidad, la FIFA no hizo nada. Respondiendo la pregunta de: "¿Sienten que los organizadores de la Copa del Mundo, incluidos la FIFA y los funcionarios estadounidenses, prefieren que Irán sea eliminado de la competencia?", digo: Tenemos que luchar contra absolutamente todo. No podemos quedarnos en el país, viajamos y nos sometemos a controles migratorios cada vez que queremos jugar, ahora no podemos quedarnos en Seattle y tenemos que volver a Tijuana. Han hecho todo lo posible para eliminarnos, entonces desde nuestra perspectiva, sí, creo que lo quieren así, nos quieren afuera”.
RECHAZO ANUNCIO DE RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON GENOCIDAS
La Corte Penal Internacional ha ordenado el arresto del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.
La Corte Internacional de Justicia lo está procesando por genocidio en Gaza.
Rechazo el anuncio de De la Espriella de reanudar relaciones con un gobierno genocida. Esa decisión avergüenza a Colombia.
Netanyahu debe ser juzgado por una corte internacional por genocidio.