Hagas lo que hagas, ora por la capacidad de ver tus propios errores, tu propia hipocresía y tus propios pecados.
No te dejes llevar por la tentación de señalar y olvides que tú también tienes defectos que hay que remediar.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.