¿Por qué es importante el conflicto en la ficción? Porque inmediatamente nos coloca en el centro de cualquier historia. Y porque es la medida del significado de todas las acciones y pasiones de la protagonista.
El conflicto es el meollo de la ficción. Nos permite aprender de él sin participar, mirando vicariamente lo que la protagonista enfrenta. Pero no cualquier conflicto: específicamente, el relacionado con lo que ella busca. Siempre es doble: tiene una cara exterior y una interior.
En una historia de ficción, la lectora siente lo que el protagonista siente. Son las neuronas espejo, las que se activan con las acciones y sentimientos observados en otros. Una buena historia es cerebral para el escritor y visceral para la lectora. ¡Emociones fuertes!
Lo que los cerebros de los lectores buscan en la ficción: 1) ¿quién protagoniza?, 2) ¿qué pasa aquí? y 3) ¿qué es lo que está en juego? Recuerda: tus lectores son yonquis de dopamina.
Desde la primera página, primer párrafo, primera oración de una ficción: si no tenemos una idea de a quién le pasa algo, qué quiere ese personaje y por qué importa lo que le sucede, entonces nos valdrá un cacahuate y soltaremos el libro. Es la falta de dopamina.
¿Por qué nos engancha la ficción? Porque somos adictos al ‘rush’, puesta, colocada o subidón que nos da la dopamina. Cada que leemos algún texto que trabaja bien la intriga, nuestro cerebro nos gratifica con una dosis de este neurotrasmisor. Queremos saber más.
En la ficción, se empieza por el medio. No con la pretemporada, no con el calentamiento, no con el árbitro pitando. Un cuento o una novela comienzan cuando la pelota no solo ya está en juego sino que avanza peligrosamente por la cancha enemiga. Esto es in medias res.
No había plan B en caso de pandemia. Tuvimos que agarrarnos los calzones con las manos, cuando se nos cayeron. ¿Cuál es el plan B para cuando un buen día se caiga el Internet? Ese día los calzones se nos vaporizarán como bits caducados de la mátrix.
Pesadillas de Daniel Dennet: Primero, que la computación abriera una brecha social insalvable. Luego, cuando aparecieron Arpanet e Internet, que hicieron mucho por cerrar esta brecha, su mal sueño es que un buen día la red se caiga y no se levante. La medicina como dependencia.
¿Qué habrá pasado con MAD? No la revista de Alfred E. Newman, sino el infeliz acrónimo de Mutually Assured Destruction (Destrucción Mutua Asegurada). Parece que como guerra ya no nos atemoriza, pero no ha desaparecido. Esta obsesión suicida se ve en la respuesta a la pandemia.
¿Además de pandemias, qué más hay en la cornucopia de sorpresas disruptivas de nuestros tiempos? Pinker dice que lo peor de lo peor son los líderes narcicistas, la conciencia de grupo que anula la individualidad, la certeza moral fanática, las utopías y la guerra como motor.
¿Cómo va tu educación durante la pandemia? ¿Estás recibiendo de tu profa buenas actividades de aprendizaje? ¿Estás perdido entre tantas pantallas de videoconferencia? Responde, para que seas escuchado o escuchada.
Sabemos que la educación virtual es una solución que se desconoce. Este ‘desconocimiento’ es muy conocido. Urge desconocer tanta educación tradicional. Los estudiantes se aburren frente a una educación de telenovela: las videoconferencias con sus profesores peroradores.
Lo desconocido es complicado. Sabemos de algunos desconocimientos, como lo que hay que hacer para obtener una vacuna. Desconocemos la vacuna, pero esa ignorancia esta bien delimitada. Pero no sabemos la mayor parte de nuestro desconocimiento. La disrupción: marca de la época.