¿Leyeron la reflexión del equipo del @ChiguireBipolar sobre los terremotos y la indefensión en Venezuela? https://t.co/QX5E6JmhuG
Voy a ir colgando las láminas que compartieron en otras redes.
#GraciasQueridos 🫂
Leila Guerriero, escritora: “Para que un texto perdure, tiene que estar trabajado sobre una idea muy universal” https://t.co/9dJPfIR7cw vía @articulo14_es
Sylvia Plath: "Escribo como si me observaran constantemente, y eso es fatal [...]. Ojalá fuera capaz de extirpar de mi cabeza el fantasma de la competición, el egocentrismo de la autoconciencia, para convertirme en un vehículo, en un puro vehículo de los demás, del mundo exterior. Demasiado a menudo mi interés por otras personas consiste tan solo en compararme con ellas, no en la pura curiosidad por el carácter único y singular de cada individuo. Idealmente, aquí debería olvidar el mundo de las apariencias externas, de las publicaciones, los cheques, el éxito, y ser fiel a mi corazón. Sin embargo, sigo luchando contra mi ramplonería, mi narcisismo, mi coraza para protegerme de la competencia y evitar que los demás vean mis carencias.
Escribir para una misma, hacer cosas por el simple placer de hacerlas, qué don de los dioses".
[Diarios
Traducción: Elisenda Julibert
Editorial: @Albaeditorial]
.@MilagrosSocorro escribe en @lavidadenos sobre la señora Carmen Navas, "la mujer que fue a buscar al hijo y encontró un país" https://t.co/yhVdGVIb9Y
"Habla de un país entero que desplazó su energía vital hacia el duelo."
La escritora rusofrancesa Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auschwitz, 1942).
«Un día que se va… Un día menos de vida… Y aún había que dar gracias…».
El peón en el tablero, de Irène Némirovsky, 1934
Reclamo del animal
Cómanme si tienen hambre
– respeto la ley carnívora –
pero denme muerta digna,
no el terror sangriento
de los mataderos industriales.
Rowena Hill.
↑
Ronald Colman ha huido del manicomio y tiene problemas de amnesia. Greer Garson lo recoge y se enamora de él en “Niebla en el pasado” (“Random Harvest”, 1942), de Mervyn LeRoy. Todo un clásico del cine romántico de los años cuarenta.
#nieblaenelalma#randomharvest#mervynleroy
En esta fecha, aniversario de la muerte de mi querido Georges Perec, regreso a esta carta hermosa, en la que piensa y escribe sobre los finales.
"Hay cierto número de obras, y generalmente entre las que más nos gustan, que acaban mal: en ellas algo se termina, se consume. Durante todo el libro ha habido una aventura, un movimiento, una búsqueda, unos encuentros: gentes que no se conocían se han cruzado; han caminado juntas, se han amado, han cambiado. Y luego todo se detiene. Es el fin. No hay continuación. Alguien muere o desaparece. Sentimos un vacío.
Por ejemplo, el final de Los tres mosqueteros, cuando se separan, siempre me ha parecido una perfecta expresión de la tristeza. Y también el principio de Vingt ans après –se vuelven a encontrar como enemigos, han envejecido-, al final de Vingt ans après, se separan de nuevo; Le Vicomte de Bragelonne, finalmente, cuando Porthos muere: durante años (no exagero nada) he sentido la desaparición física de Porthos; le echaba de menos; acordarme de todas sus aventuras, de su fuerza, de su necedad, de su apetito de ogro, de su vanidad, de su ropa, y luego de su decadencia, de su impotencia final: muere aplastado bajo una roca que ya no tiene fuerzas para levantar…
Esto es el sentimiento más simple, en estado bruto. Creo que lo sentiría igual si leyera la muerte de Hercule Poirot.
Pero los hay más matizados. La muerte de André Bolkonski (creo que se llama Bolkonski o Bolbonski) en Guerra y Paz; el final de Casque d’or. Y sobre todo, no ya muertes, sino extinciones, desapariciones, finales tranquilos, nadas: es el tiempo que pasa, el ocio, el hueco, el vacío, la melancolía, la añoranza, el recuerdo, lo irremediable.
Por ejemplo, el final de Under the net de Iris Murdoch, que acabo de buscar, y de no encontrar, por todas partes: tras innumerables aventuras, más bien risueñas, los inseparables se separan; se van cada uno por su lado, “es la vida”… O bien el final de Pierrot mon ami…
O bien esta última pregunta (que a menudo me ha aterrorizado) que clausura el capítulo de preguntas y respuestas de Ulises, cuando Stephen y Bloom se separan: ¿Dónde (va Stephen)? Jamás lo sabremos. Y ese jamás, verdaderamente, es algo terrible. No triste exactamente. Pero terrible. Un punto de interrogación para el que no hay respuesta posible. Algo que no se abre sobre cualquier cosa. Algo acabado.
O bien el final de Fermina Márquez.
O bien el final de La educación sentimental: las últimas páginas, y sobre todo “la amargura de las simpatías interrumpidas”: ¿alguna vez se ha expresado mejor el vacío?
O el final de Suave es la noche: el tipo que va de ciudad en ciudad… metrópolis, pequeños centros, aldeas, pueblos y luego se acabó. Se ha perdido su rastro. No está muerto, no; sigue viviendo: sigue pensando, no ha olvidado nada; pero está vacío, ha fallado, ha fracasado, ha naufragado. Así vivirá siete años, la eternidad…
O bien el final de La montaña mágica.
Y estoy seguro de que aún hay innumerables ejemplos."
['Carta a Denise Getzler'
Traducción de Eva María Manso]