Estoy hecho de ocasos dorados y noches azules. De cálidas brisas y cenizos silencios. Habito una esencia efervescente; me llueven estrellas hacia adentro.
@notanfelino Las ardillas y tú, tienen algo común: algunas suelen hibernar y tú adoras las siestas. Joder, no logro comprenderlos. Aun así, siguen pareciéndome criaturas maravillosas.
A veces amanezco sintiéndome indiferente, un cero a la izquierda, una pieza abstracta cuya forma parece incapaz de encontrar el anclaje preciso. Me siento ajeno a la naturaleza del mundo que habito, pequeño, insignificante y, sobre todo; afligido por esa maldita sensación de no conseguir encajar en ningún sitio. Como si viviese demasiado ensimismado en el universo de mis propios pensamientos distorsionados.
Mi universo es gris, un tanto fúnebre, compuesto de espirales, relojes sin agujas y huertos que me florecen hacia adentro; un constante dilema que representa la impredictibilidad de mi existencia. No me malentiendan, disfruto de pasar inadvertido; como un pájaro sin nombre atravesando el cielo. Mas no de sentir que mi propia naturaleza complica mi capacidad para integrarme en la sociedad en la que vivo.
La maravilla que se esconde detrás de aquello que no puede contenerse en un solo concepto es, precisamente, el arte. No porque resulte imposible definirlo, sino porque sus posibilidades de definición son infinitas e inabarcables. El arte no se limita a un único significado, el ser humano lo concibe así porque el ser humano en sí mismo ya es una forma de arte y no ha aprendido a reconocerlo. En el interior de cada individuo habita un universo distinto, y el arte no es sino eso; la singularidad de los instantes, las experiencias e identidades irrepetibles.