El duelo es discontinuo y errático. No avanza en línea recta, no responde a un ritmo previsible, no sabe de etapas. A veces se aquieta. A veces irrumpe.
Hay palabras que acercan
y palabras que hacen distancia.
Palabras que rozan, que cortan,
que se quedan dando vueltas después de haber sido dichas.
Las palabras se buscan, se tropiezan. Hacen y deshacen sentido. Nos unen y nos separan.
Importa lo que dicen, cómo suenan, dónde caen y el silencio que dejan.
Bailan.