Fui entrevistado cuatro veces por @JordiWild. Tras someterme a 15 horas de interrogatorio, no le quedó más remedio que venir a mi podcast.
Por si queréis conocerlo mejor, más allá de lo que cuenta el periodismo al borde de un ataque de celos.
https://t.co/PFtHtbYVN8
Uno de los tips profesionales más potentes que han acelerado mi carrera es a la vez tremendamente sencillo.
Sé una persona que caiga bien.
Sé decente, sé empático. Preocúpate genuinamente por los demás. Ayuda a tu equipo a crecer y a tener éxito a tu lado.
Agarra el toro por los cuernos y asume tus responsabilidades, sin excusas y sin escaqueos.
Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Si no llegas, gestiona las expectativas lo antes posible.
Pregunta a tu cliente qué tal sigue su perro si el otro día te contó que estaba malo.
Ten templanza en los malos momentos, no sobrereacciones.
Y en general, trabaja en tus relaciones de manera auténtica.
Porque cuando se negocia una subida salarial, cuando alguien podría hacerte un favor o cuando un cliente se plantea trabajar contigo o no, caer bien tiene muchísimo más peso del que nadie se atreve a reconocer en público.
True intelligence comes from 3 core abilities: solving problems with clarity, adjusting with grace in any situation and making decisions that are thoughtful.
When these qualities grow, so does your inner strength. Nurture them a little every day and watch the shift within you.
Hoy mi gran amigo @DidacLee me ha enviado un artículo muy interesante de Chris Tottman sobre lo que los inversores realmente buscan en un fundador (y nunca te dicen).
Cuando un inversor experimentado se sienta frente a ti, hay una pregunta que se hace antes que cualquier otra. No es "¿el mercado es suficientemente grande?". No es "¿el producto es bueno?". No es ni siquiera "¿me creo los números?".
La pregunta real, la que lo determina todo, es más silenciosa: ¿tiene esta persona lo que hay que tener para ser Emprendedor-Fundador?
Después de décadas analizando miles de fundadores, los inversores que han visto suficientes fracasos y suficientes éxitos empiezan a detectar el mismo patrón.
Los mercados cambian. Los productos pivotan. Las estrategias evolucionan. Lo que permanece constante, lo que decide si una empresa encuentra el camino o se desmorona, es el fundador. No su idea. No sus contactos. No su timing. Ellos.
La conclusión es la misma: los fundadores que lo logran no son siempre los más brillantes, ni los más elocuentes, ni los más experimentados. Son los más preparados psicológicamente para lo que realmente significa construir una empresa.
Estos son los 6 rasgos que los definen:
1. Perseverancia: es el combustible cuando no queda razón lógica para seguir.
Construir una empresa es, en esencia, un acto de persistencia irracional. En muchos momentos del camino, la decisión racional sería parar. Los ingresos se estancan. El producto no convierte como decía el modelo. Un competidor bien financiado entra en tu mercado. El equipo inicial que creía empieza a dudar.
La mayoría pararía. Los fundadores que construyen algo duradero no lo hacen.
Pero hay una diferencia crucial entre dos tipos de perseverancia. La genuina: el fundador que se crece ante la adversidad, que encuentra energía donde otros se agotan. Y la frágil: el fundador que no para no por convicción, sino porque parar implicaría reconocer algo que no está listo para reconocer. Que confunde movimiento con progreso.
Conocer en cuál de los dos te encuentras es más valioso de lo que parece.
2. Disciplina, no sobre rutinas, sino sobre responsabilidad real.
La disciplina de un fundador no tiene que ver con madrugar ni con gestionar el calendario. Tiene que ver con algo más profundo: la capacidad de responsabilizarte de los resultados, no solo del esfuerzo. De cerrar la brecha entre lo que dijiste que harías y lo que realmente hiciste, no cuando las circunstancias son favorables, sino siempre.
Cuando algo sale mal en una startup, los fundadores que buscan la causa fuera raramente corrigen el rumbo a tiempo. Gastan energía construyendo explicaciones que protegen su imagen pero no cambian nada. El ciclo se repite.
Los fundadores con alta disciplina hacen algo diferente: miran hacia adentro primero. Preguntan qué podrían haber hecho mejor. Actualizan su modelo. Y se mueven.
El tiempo entre el tropiezo y la corrección es más corto. La calidad del aprendizaje es mayor. Y el equipo que construyen alrededor, uno donde los problemas emergen rápido porque nadie tiene miedo a ser señalado, es mucho más sano.
3. Confianza en uno mismo, es decir, la que no depende de que las cosas vayan bien.
Casi todo fundador cree tener confianza en sí mismo. Hasta que se pone a prueba de verdad.
La confianza que necesitas al principio, para dejar un trabajo estable, para contarle a tu familia lo que estás construyendo, para hacer las primeras contrataciones, es real. Pero es relativamente fácil de sostener cuando la historia todavía es limpia y el futuro parece infinito.
La confianza que realmente determina resultados es otra. La que persiste cuando la curva de crecimiento no se parece al modelo. Cuando un inversor respetado pasa y su razonamiento suena incómodamente convincente. Cuando tu propio equipo te mira buscando una certeza que no sabes si tienes.
Los mejores fundadores no son los que sienten menos dudas. La investigación muestra consistentemente que los fundadores de alto rendimiento sienten más dudas que los que no lo logran, precisamente porque prestan más atención a lo que los datos realmente les dicen. Lo que los separa no es la ausencia de incertidumbre. Es una confianza interna estable que no necesita validación externa para funcionar.
4. Ejecución: no velocidad, sino calidad del aprendizaje.
Un fundador puede tener perseverancia extraordinaria, confianza genuina y un propósito profundo, y aun así no construir nada si no puede traducir todo eso en acción consistente que mueva la empresa hacia adelante.
Pero ejecutar no es solo ir rápido. Es la calidad del ciclo entre acción y aprendizaje. Si te mueves, absorbes lo que ese movimiento revela, ajustas, y vuelves a moverte más rápido y con mejor información que antes.
Los fundadores que ejecutan al más alto nivel no son los que van más rápido en línea recta. Son los que corrigen el rumbo con más eficiencia, los que tratan cada resultado, incluidos los malos, como datos que mejoran la siguiente decisión.
Hay dos trampas comunes aquí. Los que se mueven rápido sin integrar lo aprendido: mucho output, poco aprendizaje, repitiendo los mismos errores a mayor escala. Y los que reflexionan profundamente pero se mueven despacio: precisos pero incapaces de generar la velocidad que una empresa en etapa temprana necesita. Ambos patrones tienen un techo.
5. Liderazgo, no carisma, sino multiplicar a quienes te rodean.
Existe un mito del fundador solitario que hace un daño enorme. La imagen del visionario que construye por pura fuerza de voluntad individual, que no necesita a nadie porque nadie opera a su nivel.
Los datos no respaldan esto.
Los equipos fundadores que construyen las empresas más duraderas no son aquellos donde un fundador excepcional arrastra a todos los demás. Son aquellos donde los fundadores genuinamente se hacen mejores entre sí, donde la combinación de perfiles de liderazgo cubre más terreno del que cualquier individuo podría cubrir solo.
El liderazgo que importa no es el carisma ni la autoridad. Es si un fundador instintivamente cree que combinar sus habilidades con las de otros produce mejores resultados que operar en solitario. Si su respuesta por defecto bajo presión es abrir o cerrar. Si el techo que alcanza como individuo es algo que el equipo eleva, o algo contra lo que el equipo choca junto a él.
6. Visión y propósito, no el discurso, el motor interno
La visión sin adaptabilidad es rigidez. El propósito sin claridad es actuación.
Hay una diferencia enorme entre un fundador que puede articular una visión convincente y uno que genuinamente está impulsado por ella. Lo primero se puede entrenar. Lo segundo es lo que sostiene a un fundador en el año tres, cuando la historia original se ha complicado con la realidad. Lo que les permite sostener una visión de largo plazo cuando todo a su alrededor exige decisiones a corto.
Los mejores fundadores no confunden el destino con el camino. Tienen una claridad sobre el por qué que es estable y profundamente sentida, combinada con una flexibilidad genuina sobre el cómo. Pueden actualizar el enfoque, el producto, incluso el mercado, sin perder el hilo de propósito que hace que todo el esfuerzo valga la pena.
La conclusión más poderosa de todo esto: ningún fundador tiene los seis rasgos al máximo. Nadie. Los que construyen algo duradero no son los que lo tienen todo. Son los que se conocen lo suficientemente bien como para construir el equipo que los completa.
Y todo empieza por saber exactamente dónde estás.
Brutal esto.
Creo que la diferencia entre la gente que hace cosas vs la gente que no hace cosas es que la gente que hace cosas piensa en los beneficios y nunca en el coste de hacer esas cosas.
En una manera simplificada, la gente que monta empresas piensa en el beneficio que crean, no en lo duro que es montarlas.
Fantástico video de 2024 del fabricante chino de drones DJIGlobal, mostrando que su modelo Mavic3-Pro puede subir al Everest desde el campamento base siguiendo la ruta de los alpinistas en unos pocos minutos.
I wanted to share something I built over the last few weeks: https://t.co/QRqMK9CpTR is a massive isometric pixel art map of NYC, built with nano banana and coding agents.
I didn't write a single line of code.
Un amigo me pide recomendaciones de lecturas para verano. Ya que está hecho…por si sirve en general. No sé si son o no imprescindibles (pero sí que me gustaron mucho).
PD. Puede que haya nombres mal escritos porque, como decía Gistau, “no me levanté a mirarlo en Google”
Uso éste vídeo en mi clases de estrategia.
Ahora que ya ha cumplido su misión y se ha desenganchado es todavía más obvio.
Tírate casi veinte años diciendo a tu consejo que todavía no es momento de recoger.
Os dejo una de las charlas del año, de una de las personas que mejor explican conceptos complejos para que los mortales podamos entenderlos.
Disfrutad de esta keynote doblada al español de Andrej Karpathy, el dios de la programación, en la AI Startup School (San Francisco).
Capítulos:
00:00 – Introducción
01:25 – Evolución del software
04:40 – Programar en lenguaje natural
06:10 – LLMs como infraestructura
11:04 – Analogías históricas
14:39 – Psicología de los LLMs
18:22 – Apps con autonomía parcial
23:40 – Colaboración humano-IA
26:00 – Lecciones de Tesla
27:52 – Iron Man y agentes
29:06 – Vibe Coding
33:39 – Infraestructura para agentes
38:14 – Estamos en los años 60 de la IA
🧵Hilo con la info sobre el estado de las carreteras y cortes de las mismas cara a las etapas de Pirineos (n° 12, 13 y 14) del #TDF2025 . Iré compartiendo aquí para tener todo en un mismo "cajón". Intentaré que sea de canales oficiales (Departamentos, estaciones d ski,...)
65 Consejos de un tío a su sobrino (revisited)
1.- Lávate los dientes antes de ponerte la corbata.
2.- Aprende a afeitarte con brocha.
3.- Compra herramientas de calidad, para que sólo tengas que hacerlo una vez.
4.- La barba es el wonderbra de los hombres.
A todos nosotros la vida nos ha puesto (o nos pondrá alguna vez) con tres bolas de partido en contra, el cómo respondemos ante esa situación nos define como personas.
La enorme victoria de Carlos Alcaraz en la final de Roland Garros, mas allá de ser emotiva e inspiradora en cotas estratosféricas, deja una serie de lecciones que traspasan lo estrictamente deportivo. Como nos gusta reivindicar en esta casa: el deporte es vida, y hay ciertos valores que sirven para ser aplicados en tu día a día, aunque el único deporte que practiques de forma regular sea el de bajar la basura.
El triunfo de ayer es el de todos aquellos que nunca bajaron los brazos, el de los que lucharon cada bola como si fuera la última. La épica lucha de gigantes vista en la Phillipe Chatrier es una representación casi teatral de todas aquellas personas que se aferran al célebre: “1% de opciones, 99% de fe”.
La vida ya es a menudo lo suficientemente ingrata, cruel e injusta, como para desistir. Tal vez no hayas tenido una raqueta en tu vida, pero créeme que tú también puedes centrar el objetivo, sacar todo tu talento y buscar ir un paso más allá para revertir la situación, por muy duro que sea el contexto. Es increíble la fortaleza mental y física que puede sacar el ser humano en un escenario de adversidad.
En la tierra batida de París, Carlos Alcaraz solo hay uno, pero en el día a día todos podemos remontar y revertir situaciones muy complicadas. La tenacidad, la resiliencia y la confianza en uno mismo cuando todo está en contra y parece perdido debería ser la Santísima Trinidad de cualquier persona, sea deportista de élite o no.
Cuando dicen que el deporte es una gran fuente de inspiración es precisamente esto. Carlos Alcaraz ayer no solo ganó un Grand Slam de forma heroica, Carlos Alcaraz ayer lo que te dijo claramente es lo mismo que te cantaba ‘Journey’: ‘Nunca dejes de creer’. Y sí, te lo dijo a ti, que estás leyendo esto y has atravesado, atraviesas o atravesarás por momentos muy delicados.
✍️ @Borja_Pardo
📸 @rolandgarros
The oldest court in the world isn’t in Athens or Rome.
It’s in Valencia, Spain —
And it’s been settling irrigation disputes for more than 1,000 years… 🧵
Hace tiempo que el miedo ya no es la sobrepoblación en la Tierra. Ahora es el vacío.
Un artículo del New Yorker sobre la “implosión demográfica” ha encendido todas las alarmas al poner el foco en un fenómeno imparable, que cada vez nacen menos niños. En Corea del Sur, la tasa de fertilidad es de 0,72 hijos por mujer. En España, 1,16. Italia, 1,2. Alemania, 1,4. El reemplazo generacional natural requiere 2,1. Nadie llega. Ni siquiera se acercan. Y los gobiernos, impotentes, lanzan cheques bebé, campañas edulcoradas y beneficios fiscales que apenas maquillan el abismo.
Pero el verdadero problema no es técnico. Es cultural. Más aún, es existencial.
Durante medio siglo, creímos que podíamos reinventarlo todo, lo que significa la pareja, el trabajo, la familia, incluso el propio cuerpo. El relato dominante fue claro: Libertad y deseo. El matrimonio era una jaula, los hijos un obstáculo, la estabilidad un síntoma de conformismo. Había que acumular experiencias, no vínculos.
Funcionó, pero solo un rato.
Entre 1950 y 2007, Europa vivió el mayor periodo de ascenso social de la historia. Los abuelos eran campesinos, los padres obreros y los hijos licenciados. El sistema prometía más futuro que pasado. Pero desde la crisis financiera, esa curva se estancó. Para muchos jóvenes, la promesa se rompió. Ahora lo normal son estudios caros, sueldos bajos y alquileres imposibles. Pero sobre todo, la falta de redes de apoyo. Ni hogar propio, ni pareja estable, ni tampoco familia alrededor.
En España, en 2011, el 63% de las mujeres entre 24 y 35 años estaban casadas o emparejadas. En 2023, solo el 43%. Una caída de 20 puntos. No hay precedentes. Y lo peor, ni siquiera hay debate.
Hoy, quien se casa joven y tiene hijos parece un excéntrico, casi un traidor a su generación. El modelo aspiracional es otro, el de la independencia radical, una identidad líquida y el éxito profesional. Pero cuando el algoritmo se apaga y llega el domingo por la tarde, muchos descubren que no queda nadie en casa. Ni pareja. Ni hijos. Ni propósito.
Y sin propósito, todo lo demás se desmorona.
La soledad ya no es una excepción, es una pandemia invisible. Quienes viven solos consumen más ansiolíticos, sufren más enfermedades crónicas, tienen más riesgo de depresión y suicidio. En Japón, han creado un Ministerio de la Soledad. En Reino Unido, también. En España, nadie quiere hablar del tema.
Mientras tanto, las élites posan en el Ártico para “salvar el planeta” pero sin hijos que lo vean. Greta Thunberg da discursos apocalípticos mientras los nacimientos caen año tras año. No estamos dejando un planeta inhabitable. Estamos dejando un planeta vacío.
Y no se trata de obligar a nadie. Se trata de reconocer lo obvio, que tener hijos no es solo una elección privada. Es darle sentido a la vida, incluso aportar un bien social. Un acto de continuidad, de cuidado y de sentido. Pero también un lujo al que solo acceden los ricos. Porque el matrimonio, según los datos, es más estable entre clases altas. Los hogares intactos son un factor de éxito escolar, de salud mental y de prosperidad económica. Pero se nos ha olvidado decirlo.
La izquierda lo calla por pudor ideológico. La derecha lo instrumentaliza a su favor. Y mientras tanto, millones de personas se sienten culpables por desear exactamente eso: amor estable, un hogar y descendencia. Como si estuvieran traicionando al siglo XXI por querer vivir como seres humanos.
Y no, no es volver al pasado. Es dejar de vivir de espaldas al futuro.
La revolución que viene no será ideológica, será vital. No nacerá en redes sociales ni en facultades, sino en los hogares que aún resisten. No la liderarán influencers ni burócratas, sino madres y padres que se atreven a cuidar a los más vulnerables de nuestra sociedad. Que no lo hacen por nostalgia, ni por obligación. Lo hacen por amor.
Y el amor, en tiempos de cinismo y pesimismo, puede ser el acto más revolucionario de todos.