En 1325, la fundación de México-Tenochtitlan en un islote transformó radicalmente el paisaje del valle de México. La expansión territorial mexica se sustentó en el desarrollo de las chinampas. Estas islas artificiales proporcionaron superficies de cultivo altamente fértiles y establecieron una red de interconexión lacustre, alterando de forma permanente la dinámica socioespacial de la región.