Que fácil es decir adiós detrás de una pantalla, que sencillo es borrar fotos, conversaciones, audios y capturas, que rápido es bloquear, aparentar, opinar, hacer creer a los demás lo que no sentiste jamás.
Uno sabe cuando podría enamorarse de alguien y pone el freno de mano para alejarse del peligro, porque después de cierta edad, hay que saber identificar cuándo es momento de pisar el acelerador y cuándo de moderar la velocidad, por las circunstancias, la otra persona o uno mismo.
Siempre me he preguntado por qué la gente se va. Y la verdad es que se cansan. Se cansan de sentirse mal, de no saber qué están haciendo mal, de pelear por lo mismo. Poco a poco, los planes y las promesas se disuelven. Nadie se va de repente, nos vamos poco a poco.