@Juliococo El caos es total! Te escribo desde El Tocuyo, Edo. Lara. Es increíble lo que mencionas del pito piensan que el otro va a frenar por el y por ellos. Como eliminan el instinto natural de cuidarse?
Los hombres y mujeres de la transición no son los hombres y mujeres de la democracia.
La historia así lo ha demostrado, porque en la transición se asumen costos que la democracia exorciza.
Pero los hombres de la democracia, durante la transición, son los que hacen posible la democracia, porque son los que expresan el reclamo de las mayorías. Un reclamo que, normalmente, la transición pretende desatender.
Así ha sido siempre. Desde Adolfo Suárez y Felipe González; Lech Walesa, Mandela, de Klerk y Patricio Aylwin.
«¿No será que, en realidad, esa libertad religiosa que tenemos instaurada en nuestras sociedades, lo que pretende es que nos dispersemos en cultos rocambolescos y absurdos a cambio de que tengamos una única religión que es el Leviatán? El Leviatán, en el sentido hobbesiano, es decir, el Estado, que te impone su moral, que te impone aquellas cosas en las que tienes que creer. Aquellas cosas que verdaderamente son dogmas de fe, de tal manera que no se te puede ocurrir combatir ninguno de esos dogmas de fe.»
Manuel de Prada dejó esta cita en una tertulia de YouTube que he visto recientemente, y creo que vale la pena detenerse a analizarla, porque señala una cuestión esencial.
La sociedad contemporánea presume de haber superado los dogmas religiosos, pero vive sometida a una cantidad inmensa de dogmas políticos, morales y culturales impuestos desde el Estado, los medios, la educación, las leyes y la opinión pública.
Se critica al catolicismo por tener dogmas, como si el hombre moderno no creyera en verdades obligatorias, incontestables y socialmente sancionadas. La diferencia está en que los dogmas católicos proceden de la Revelación y ordenan al hombre hacia Dios, mientras los dogmas modernos proceden del poder y ordenan al hombre hacia el Estado, el consumo, la ideología y la obediencia al espíritu de la época.
La llamada libertad religiosa liberal ha servido para debilitar la presencia pública de la única religión verdadera, dispersando la sociedad en una pluralidad de creencias tratadas como equivalentes, mientras se impone silenciosamente una religión civil mucho más absorbente: la del Estado liberal contemporáneo.
Ese Estado tiene moral, tiene catecismo, tiene pecados, tiene herejías, tiene ritos, tiene excomuniones públicas y tiene una idea del hombre que exige ser aceptada sin discusión. Quien se aparta de sus dogmas descubre rápidamente que la supuesta neutralidad era una ficción.
El catolicismo, en cambio, reconoce abiertamente la autoridad de Dios, la verdad revelada y el fin último del hombre. El liberalismo moderno habla de libertad mientras forma almas dóciles ante el Leviatán.
Por eso la cuestión relevante no es si una sociedad tendrá religión o no. Esa discusión nace muerta. Toda sociedad termina adorando algo. La cuestión es si adorará a Dios o al poder humano convertido en absoluto.
#EXCLUSIVA Victoria de Julio Iglesias: la juez tumba a la Fiscalía y le obliga a entregarle la denuncia falsa que ocultaba al cantante: https://t.co/Twqcbf8Kq1
Estos son Chema Garrido y Ángela Poves, presidente de “El Plural” y redactora en “La Razón”.
Anoche, el programa Horizonte de Iker Jiménez destapó que forman parte de los 61, el grupo de periodistas que las cloacas de Ferraz tenían a sus órdenes.
Chema ocupó desde 2019 hasta 2024 diversos puestos vinculados a la comunicación en el PSOE de San Sebastián de los Reyes y después pasó directamente a dirigir El Plural.
El caso de Ángela es más insólito: se presenta como periodista de investigación, pasó por El Economista y El Español y, según PRNoticias, no superó el periodo de prueba en este último medio antes de incorporarse a La Razón.
Se unen a la lista de la vergüenza junto a José Manuel Romero.
Desde aquí, seguiré señalando a cada uno de ellos para que no nos creamos una noticia suya nunca más.
Quedan 58.
Zizek, quien cuando su religión le da tregua, hace observaciones prudentes, le dice algo así a la academia:
Presionados, escriben papers con IA; luego éstos son revisados para publicación por una revista cuyo editor usa IA; finalmente, otros académicos usan IA para que les haga un resumen que puedan incluir en sus papers y parezca que lo han leído.
Es un ciclo perfecto de neurosis vacua. De auto-persecución y miseria resultante.
El mundo donde nadie lee, ni escribe, ni es leído.
Es el mundo del “publish and perish”; de la muerte intelectual.
Urge sincerarse y hacer un Instagram de publicaciones.
Ya se usan tantos o mas filtros que muchos “influencers”.
La torta de Panamá, desglosada por un tiktoker. 🎂👀
Transcurre el año 2026 y tiene que ser un creador de contenido en TikTok quien, con un pizarrón y mucha educación, le explique a Leonardo López uno de los conceptos más básicos del marketing político.
Lo curioso no es la explicación. Lo curioso es que, por más que se los explican una y otra vez, pareciera que siguen sin entenderlo.
🎥 ¿Tiene razón o no?
Breve reflexión:
se puede argumentar que la moral nació como una necesidad social anclada en la biología, para que los individuos pudieran vivir en sociedad.
Bajo esa óptica, la moral prelaría a la política, la antecede y condiciona parcialmente. Le pone límites.
El Uno no puede vivir sin el colectivo a menos que ambos tracen límites varios y definidos a sus deseos, cada uno por separado, todo para no aniquilar al otro.
El individuo y la comunidad se necesitan mutuamente, y la moral, primero, y luego un cuerpo de condiciones mas definido de convivencia que llamamos "ética" comenzó a regular y "domesticar" u "hogarizar" la vida en común, la vida en la "polis".
Los antiguos griegos, que siempre tanto sabían, definían este salto como de physis a nomos. Es decir, de la vida natural (y salvaje) a la vida normada por el colectivo.
Simbolicamente, Platón traza esto en los límites de los muros de Atenas. Cada vez que en los diálogos Socrates sale de la ciudad, es para confrontar algo que tiene que ver con los impulsos mas descontrolados de nuestra naturaleza. (Eso lo discutimos en mi canal de YouTube Bibliópolis)
La palabra Polis no es inocua: tiene un anverso fuerte que es Polemos (guerra, confrontación) y que alude al trazado de límites físicos y normativos para que, como resultado, se produzca alguna paz que permita la convivencia.
¿Adónde voy con este palabrerío, no tan vacío?
A condicionar los argumentos que varios colegas esgrimen usando a Maquiavelo, o a veces, a Carl Schmitt.
Debe recordarse que Maquiavelo fue ante todo un político, y el Príncipe, un escrito para congraciarse con los poderosos y que le permitieran salir de su casa por cárcel.
Es dudoso que el hombre a quien le tocó organizar las defensas florentinas contra los Tercios españoles, tuviese tan descarnada visión de la política en términos reales. No habría legado muy lejos.
O la política trasciende un fenómeno de articulación pura de intereses y deseos, o se vuelve algo esteril basado en perpetuo cálculo cortoplacista.
Recuerden: el político mediocre piensa en la próxima elección; el bueno, piensa en la próxima generación. Sin esa pizca de idealismo, unos microgramos de quijotismo, no hay política: hay sólo reacomodo de fuerzas, nada mas. Vzla es un buen ejemplo. Los mismos, en distintos puestos de la mesa según su afinidad al líder de turno, per saecula saeculorum.
La Realpolitik decimonónica, y la de nuestro tiempo (aupada sobre todo por una izquierda mercenaria), se impone y mata los sueños, eso es cierto. Los ha hecho varias veces en varios lugares.
Pero estos sueños, este ideal del deber ser ante la bestialidad de la conveniencia egoista y ya en trance mortal, como el aspid de Cleopatra, le inyectan un veneno profundo para que no pueda esa Realpolitik tampoco sobrevivir o ir muy lejos.
Los hombres, y con ellos las cosas que hagan como especie, como política, justicia etc, caminan así: cojeando a horcajadas entre realidad y sueño; por eso, las teorías extremas no lo encajan fácilmente.
En resumen: es posible, muy posible, que la moral sea algo anterior a las religiones, anterior a la política y a la justicia.
Es posible que sea un mecanismo de autopreservación y no un lujo metodológico para parecer virtuosos.
¿Le atrae el tema?
Sigamos pensando.
La última clase de Vladimiro.
Froilan, hijo del gran Vladimiro Mujica, compartió, hoy domingo tres de mayo, este escrito:
El juego del conocimiento
Para Vladimiro, a una semana de la partida del avatar del conocimiento. Gracias por todo y por tanto.
Cuando mi papá me contó que iría a San Luis Potosí invitado a dar una conferencia, como siempre nos pusimos de acuerdo para vernos.
Era un ritual: cada vez que alguno estaba cerca del otro, hacíamos lo imposible por coincidir. Así fue como una vez manejé 20 horas para pasar una tarde con él, un Día del Padre. Una relación de esas que se atesoran, se valoran y se construyen con los años.
Su conferencia quedó pautada para el 24 de abril de 2026.
Decidimos vernos en Zacatecas el 22 de abril, un miércoles. Eso nos daba un par de días para estar juntos antes de que él entrara de lleno en su agenda. Aprovechando ese espacio, le propuse visitar una escuela de la Fundación Educando, en las afueras de San Luis Potosí a tan sólo 2 horas de Zacatecas.
Educando —según sus propias palabras— es “un colegio gratuito que apoya a niños y niñas de comunidades en desventaja económica a desarrollar fortalezas de carácter y adquirir los conocimientos y habilidades necesarias para tener éxito en la universidad y en la vida”.
Es una institución financiada por entes privados, donde los alumnos reciben alimentación dos veces al día y, sobre todo, una oportunidad real de crecer. Como parte de esa visión, a cada niño y niña se le invita a soñar con la universidad: llevan bordado en su camiseta el año en el que asistirán.
Es, sin exagerar, una institución de primera clase, sostenida por gente seria que quiere aportar algo valioso a la sociedad.
Conozco a la directora de la fundación y, tras una breve explicación de quién los visitaría, accedió con gusto. La idea era simple: tener una charla con alumnos de cuarto grado —niños de unos 10 años— sobre el conocimiento.
Cualquiera que haya estado frente a un salón con 60 chamos sabe que eso no es menor.
A mi papá le brillaron los ojos cuando pensaba en que debería hablar con los chicos.
Y entonces, como tantas veces, sacó de la chistera algo inesperado. Lo llamó: El juego del conocimiento.
Hay algo casi invisible en el momento en que empieza el juego. No parece una clase. No hay solemnidad ni grandes definiciones. Solo una pregunta lanzada al aire, como si no pesara:
—¿Cuál es la diferencia entre el hombre y el mono?
Silencio breve. Luego, alguien se anima.
—La cola.
El profesor no corrige. No dice “no”. Apenas inclina la cabeza, como acompañando el pensamiento.
—Hay monos que no tienen cola.
La respuesta no muere, pero queda herida. Otro intenta.
—El pelo.
—Bueno… hay hombres muy peludos y monos casi sin pelo.
Aparecen las risas, pero no hay burla. Hay algo más interesante en juego: la sensación de que cada respuesta, por obvia que parezca, es insuficiente. Y, sin embargo, necesaria. Cada intento abre camino y, al mismo tiempo, lo cierra.
La dinámica continúa. Probar. Ajustar. Volver a intentar. Como si pensar fuera eso: un tanteo constante en la oscuridad.
Hasta que alguien dice:
—El habla.
Y entonces cambia el aire.
El profesor no responde de inmediato. Deja que la frase respire. Porque ahí ya no hay una respuesta fácil de desmontar. Hay una puerta.
—¿Qué implica el habla?
Y la clase, casi sin darse cuenta, entra en otro territorio. Ya no se trata de comparar cuerpos, sino capacidades. Aparecen ideas más grandes: lenguaje, símbolos, pensamiento abstracto, cerebro, evolución. Lo que comenzó como una diferencia superficial se convierte en una exploración profunda sobre lo que significa ser humano.
Nadie dio “la respuesta correcta”. Nadie la tenía desde el inicio.
Se construyó.
Ese es el juego del conocimiento: un espacio donde equivocarse no solo está permitido, sino que es indispensable. Donde el maestro no entrega certezas, sino que afina preguntas. Donde aprender no es acumular respuestas, sino sostenerlas el tiempo suficiente para descubrir en qué fallan… y por qué.
Como en los diálogos de Sócrates, lo importante no es llegar rápido, sino llegar mejor.
Porque, al final, en ese ir y venir de ideas, ocurre algo más profundo que aprender una diferencia entre especies: se aprende a pensar.
Mi papá sostuvo esta dinámica durante una hora. Sus atentos alumnos la disfrutaron, preguntando de todo, sin miedo, con curiosidad intacta. Al final, lo aplaudieron. Y él, de vuelta, los aplaudió a ellos.
—Ustedes me aplauden a mí, y yo los aplaudo a ustedes.
La última clase de un científico de reconocimiento mundial —cuyas disertaciones, en otros contextos, apenas entendería un puñado de personas en el mundo — fue para un grupo de chamos persiguiendo un sueño.
Francamente, no puedo imaginar un mejor cierre para 50 años de docencia y excelencia.
Yo estuve ahí para verlo.
Y para contarlo.
Gracias a todos por sus llamadas, mensajes y homenajes. Se reciben con gratitud enorme.
En México, al 03 de Mayo de 2026.
Wolfie – según mi papa. Lobito para los demás. En mi cédula dice Froilan.
Fundación Educando: https://t.co/tLNYUrbtSD
En 1964, Herbert Marcuse planteó una crítica profunda a la sociedad industrial que hoy recobra un sentido inesperado, tal como lo expone @jrherreraucv. El individuo moderno ha perdido progresivamente su capacidad crítica frente a un sistema que integra sin esfuerzo incluso lo que rechaza. Vivimos en una época dominada por la racionalidad instrumental.
Marcuse advirtió sobre las necesidades falsas, aquellas que el sistema impone de manera sutil hasta que las asumimos por completo como propias. Hoy en día, esta dinámica de #SociedadDigital ha mutado hacia formas más complejas. Las corporaciones globales no solo organizan el mercado y el consumo, sino también nuestra atención, nuestro tiempo y nuestros deseos más íntimos. La supuesta diversidad que experimentamos está moldeada por un #Algoritmo que anticipa nuestras elecciones sin que lo notemos.
El sujeto contemporáneo se cree plenamente libre, pero su autonomía suele estar preconfigurada por estructuras externas. La negatividad o la capacidad natural de decir "no" se diluye en un mar de estímulos y respuestas rápidas. En este contexto de #CulturaContemporanea, la represión tradicional ha sido reemplazada por una autoexplotación voluntaria y constante.
Nos enfrentamos al inmenso desafío de reinventar el espacio para la crítica en un entorno diseñado específicamente para absorberla. ¿Todavía es posible pensar y vivir de otro modo? Puedes leer el análisis completo sobre el sujeto algorítmico y la vigencia del pensamiento de Marcuse aquí: https://t.co/yNy2hGnWwO 🧠