Hoy les quiero explicar un tema crucial que se está ignorando: el concepto de una Inteligencia Artificial Soberana.
En un futuro cercano, nuestra infraestructura crítica dependerá, directa o indirectamente, de modelos de IA. ¿Qué sucede cuando esos sistemas funcionan como una caja negra (porque no los hemos entrenado nosotros) y están alineados cultural y políticamente con naciones extranjeras? En situaciones críticas de conflicto geopolítico, ¿qué garantías tenemos de que estas tecnologías seguirán funcionando a nuestro favor?
Por ejemplo, si un país utiliza una IA desarrollada en el extranjero para gestionar su red eléctrica, y esa IA está alineada con los intereses de otra nación, podría priorizar el suministro de energía a ciertas regiones o incluso interrumpirlo en momentos críticos. Del mismo modo, una IA extranjera utilizada en sistemas de comunicación podría filtrar o manipular la información que se transmite, afectando la toma de decisiones en situaciones de emergencia. Estas preocupaciones ya no son parte de una película de ciencia ficción; ya es algo real.
Además, la dependencia de modelos de IA extranjeros puede exponer a un país a ciberataques o espionaje, ya que los desarrolladores de estos sistemas podrían introducir secuencias que se activen en situaciones específicas, dándoles acceso a datos sensibles o incluso controlar remotamente ciertas funciones.
Por eso, es fundamental que los países desarrollen sus propias capacidades en inteligencia artificial, adaptadas a sus necesidades y valores. Esto no solo garantiza una mayor seguridad y autonomía, sino que también permite una mejor adaptación a los contextos locales y una mayor resiliencia frente a amenazas externas. A esto le llamamos Inteligencia Artificial Soberana.
Chile, por ejemplo, es uno de los pocos países de la región que ha comprendido esta necesidad y está invirtiendo significativamente en el desarrollo de su propio modelo de IA. El proyecto Latam-GPT, liderado por el peruano Dr. Omar Florez y apoyado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA), ha recibido financiamiento de 550 mil dólares, aportados por CENIA y la Corporación Andina de Fomento (CAF). Además, la Universidad de Tarapacá ha invertido 5 millones de dólares en la adquisición de un supercomputador con GPU, infraestructura esencial para el entrenamiento y funcionamiento de Latam-GPT. Hay rumores de inversión muchísimo mayor por parte de instituciones como el Banco Mundial, aunque eso todavía no se confirma.
En resumen, la soberanía en inteligencia artificial no es solo una cuestión de innovación, sino de supervivencia y autodeterminación. Los otros países latinoamericanos, ¿se darán cuenta de esto a tiempo? ¿O querrán auto-condenarse al subdesarrollo en este momento pivotal de cambios socioeconómicos en el mundo? Veremos.
⚠️ WARNING ⚠️
E-cigarettes with nicotine are highly addictive & are harmful to health. Some of their toxic substances are known to
🥴 cause cancer
🫁 increase the risk of heart & lung disorders
https://t.co/fFkw3eJTuZ #TobaccoExposed