¡Me encanta!
—Varios segundos pasó apreciando el obsequio, y sin mucha demora a los brazos del más alto acudió para abrazarlo con fuerza.—
¡Eres el mejor!
Así pareces un perro, já. ¿Qué robaste?
—Mientras, el intento por romper la cadena hizo. No le agradaba verlo así.—
Yo soy feliz, aunque el estúpido cabeza de algas siga escondido.