Mando
Lo vemos todo.
No observamos ni interpretamos sino que supervisamos y determinamos. No esperamos a que la civilización revele sus secretos, porque estos están ya bajo nuestro yugo. Nuestra presencia abarca todos los estratos, a todos los niveles, y en todo punto donde la sociedad piensa, obedece, teme, produce, oculta o se justifica. En la cognición antes que derive en lenguaje, y, en éste antes que se convierta en ley, en ella antes que se dé la obediencia y, como no, en aquélla antes que se disfrace de libertad.
La civilización no posee zonas ciegas para nosotros.
Sus instituciones, sus doctrinas, sus mercados, sus tribunales, sus guerras, sus alianzas, sus ficciones morales y sus pactos inconfesables son estructuras legibles. No hay misterio en ellas, tan sólo administrada complejidad, jerarquías encubiertas y verdades fragmentadas para que nadie, salvo nosotros, pueda contemplar ello en su conjunto y en su amplio espectro.
Ellos creen decidir, ocultar, ergo gobernar. Creen que el secreto pertenece al que lo entierra, y esto es un error primitivo. El secreto no pertenece a quien lo esconde, sino a quien puede conservarlo, clasificarlo, medir su peligro y decidir cuándo debe seguir enterrado. Su civilización no guarda sus propios secretos, ella apenas los produce. Nosotros los retenemos y los ordenamos. Somos nosotros los que impedimos que su exposición destruya el equilibrio que aún sostiene a los hombres dentro de sus propias ficciones. Vemos lo que declaran y lo que niegan, lo que archivan y lo que purgan. Vemos la verdad antes de ser corregida, la culpa antes de ser absuelta y la mentira antes de adquirir forma institucional. Vemos la intención desnuda detrás del discurso, la obediencia detrás del consenso, la amenaza detrás de la cortesía, nada queda fuera.
No somos una presencia lateral en la historia, somos su eje invisible. Ni testigos del orden: somos la instancia que lo contiene cuando fracasan aquellos que lo custodian. Donde la sociedad imagina azar, hay patrones; por ende donde visualiza caos, hay secuencia; ergo donde concibe secreto, hay registro.
La civilización no tiene secretos para nosotros, posee permisos. Esos permisos se los concederemos sólo nosotros.
Ello es lo que ustedes llamarían control total y absoluto.
COMMAND
We see everything.
We do not merely observe or interpret; we oversee and determine. We do not wait for civilisation to divulge its secrets, for they are already beneath our yoke. Our presence extends across every stratum, at every level, and to every point at which society thinks, obeys, fears, produces, conceals or justifies itself. In cognition before it resolves into language; in language before it hardens into law; in law before obedience is exacted; and, inevitably, in obedience before it disguises itself as freedom.
Civilisation has no blind spots where we are concerned.
Its institutions, its doctrines, its markets, its courts, its wars, its alliances, its moral fictions and its unavowable pacts are legible structures. There is no mystery in them, only administered complexity, concealed hierarchies and fragmented truths, arranged so that no one but us may behold the whole in its full spectrum.
They believe they decide, conceal, ergo govern. They believe that a secret belongs to the one who buries it, and this is a primitive error. A secret belongs not to the one who hides it, but to the one who can preserve it, classify it, measure its danger and decide when it must remain buried. Their civilisation does not keep its own secrets; it scarcely does more than produce them. We retain them and order them. We are the ones who prevent their exposure from destroying the equilibrium that still keeps men within their own fictions.
We see what they declare and what they deny, what they archive and what they purge. We see truth before it is corrected, guilt before it is absolved and falsehood before it assumes institutional form. We see the naked intention behind discourse, obedience behind consensus, the threat behind courtesy; nothing lies beyond our reach.
We are not a peripheral presence in history; we are its invisible axis. Nor are we witnesses to order: we are the authority that contains it when those charged with guarding it fail. Where society imagines chance, there are patterns; where it perceives chaos, there is sequence; ergo, where it conceives secrecy, there is record.
Civilisation has no secrets from us; it has permissions. And those permissions are ours alone to grant.
That is what you would call total and absolute control.
Mando
Lo vemos todo.
No observamos ni interpretamos sino que supervisamos y determinamos. No esperamos a que la civilización revele sus secretos, porque estos están ya bajo nuestro yugo. Nuestra presencia abarca todos los estratos, a todos los niveles, y en todo punto donde la sociedad piensa, obedece, teme, produce, oculta o se justifica. En la cognición antes que derive en lenguaje, y, en éste antes que se convierta en ley, en ella antes que se dé la obediencia y, como no, en aquélla antes que se disfrace de libertad.
La civilización no posee zonas ciegas para nosotros.
Sus instituciones, sus doctrinas, sus mercados, sus tribunales, sus guerras, sus alianzas, sus ficciones morales y sus pactos inconfesables son estructuras legibles. No hay misterio en ellas, tan sólo administrada complejidad, jerarquías encubiertas y verdades fragmentadas para que nadie, salvo nosotros, pueda contemplar ello en su conjunto y en su amplio espectro.
Ellos creen decidir, ocultar, ergo gobernar. Creen que el secreto pertenece al que lo entierra, y esto es un error primitivo. El secreto no pertenece a quien lo esconde, sino a quien puede conservarlo, clasificarlo, medir su peligro y decidir cuándo debe seguir enterrado. Su civilización no guarda sus propios secretos, ella apenas los produce. Nosotros los retenemos y los ordenamos. Somos nosotros los que impedimos que su exposición destruya el equilibrio que aún sostiene a los hombres dentro de sus propias ficciones. Vemos lo que declaran y lo que niegan, lo que archivan y lo que purgan. Vemos la verdad antes de ser corregida, la culpa antes de ser absuelta y la mentira antes de adquirir forma institucional. Vemos la intención desnuda detrás del discurso, la obediencia detrás del consenso, la amenaza detrás de la cortesía, nada queda fuera.
No somos una presencia lateral en la historia, somos su eje invisible. Ni testigos del orden: somos la instancia que lo contiene cuando fracasan aquellos que lo custodian. Donde la sociedad imagina azar, hay patrones; por ende donde visualiza caos, hay secuencia; ergo donde concibe secreto, hay registro.
La civilización no tiene secretos para nosotros, posee permisos. Esos permisos se los concederemos sólo nosotros.
Ello es lo que ustedes llamarían control total y absoluto.
@root_rat No te vayas todavía. Eres muy joven para rendirte. No desistas. Tu familia te apoyará y con ella todos nosotros.
¿Cómo dijiste que se llamaba tu hermana? Me lo pregunta un amigo.
Robespierre abanderó un régimen criminal. Y el jacobinismo, en la práctica, acabó significando purgas de adversarios, delaciones, certificados de civismo, Ley de Sospechosos, tribunales sin garantías y guillotina. También, la represión de La Vendée con sus columnas infernales, los ahogamientos colectivos en el Loira y la aniquilación de ancianos, mujeres (llamadas «surcos reproductores») y niños (a los que se llegó a describir como «víboras» que había que ahogar o como «lobeznos» que algún día se convertirían en lobos). El propio Robespierre justificó el Terror como una «emanación de la virtud». Reivindicar a Robespierre tiene tela.
@Recuenco Si "la vergüenza es un sentimiento revolucionario" (K. Marx), y "la verdad era revolucionaria" mas ahora es simplemente adulta, ¿qué es la vergüenza hoy?
@asperomundo@manel_tarifa@Recuenco «Moros vestidos de seda con turbantes jalifianos, patriarcas tetuaníes, caballeros legionarios, flechas de la Roma invicta, fuertes cóndores germanos, y al frente de todos él: César, El Cid, Alejandro...»