—Tomó una bocanada de aire, asintiendo. Finalmente se inclinó hasta dejar un beso sobre la frente de su hija menor.—
Tú también deberías descansar. No te desveles mucho, por favor.
Pero ahora debéis acostaros... Es tarde.
—Colocó un mechón plateado tras la oreja de la mujer y después acarició fugazmente su mejilla.—
Descansad, madre. Mañana hablaremos sobre ello.