Es ridículo que intentéis justificar la entrada de biomasa marrón con ejemplos de la comunidad china porque son la antítesis de los latinos o africanos. Vienen, montan sus negocios y mandan a sus hijos a la universidad, no se tiran 3 años en un zulo de Madrid viviendo de Cáritas
Volverán, está gente siempre ingenia nuevas formas de delinquir.
No solo venden en el metro.
Si se les pone multa ni la van a pagar, la única solución realista a no convertirse en tercer mundo es expulsar al tercer mundo de España.
Está sucediendo algo muy interesante en el mundo corporativo.
Se empieza a discriminar silenciosamente los documentos, escritos, posts, presentaciones, creadas de manera evidente con inteligencia artificial.
Se percibe como “atajo”, que implica flojera, falta de creatividad o incluso intento de engaño. Se cuestiona la capacidad de quien lo presenta.
Y coincide en parte con lo que escribió hace unos días Satya Nadella. La creatividad no se delega. El juicio no se automatiza. La voz humana no se genera y quien lo esté intentando cada vez será más relegado, señalado como una copia.
El mercado está rechazando silenciosamente a quienes usan la IA para fabricar lo que no pueden producir solos, y premiando, aún con errores, a quienes producen lo propio. Quizá es instinto de supervivencia colectivo.
Y eso me da mucho gusto.
Vaya vaya vaya ahora los progres se estan dando cuenta que traer 500.000 de inmigrantes al año COLAPSA la sanidad pública
Todas las conspiraciones de Extrema Derecha se estan cumpliendo
“No one is forcing you to work at that job you hate.”
Rent is due, health insurance is tied to employment, groceries aren’t free. Utilities will get cut off, student loans don’t pause, and homelessness is one bad month away. Yeah, yeah. Totally voluntary.
Veo una fuerte degradación de la sociedad y el civismo en la falta de silencio. Es insoportable ir a la playa, al campo o al monte y que haya gente con altavoces poniendo música a tal volumen que todos en 50 m a la redonda tengan que oírla. Es imposible disfrutar de la quietud.
Una manada de caribeños mirando de arriba a abajo a una muchacha que pasa por la acera mientras le silban y dicen cosas. Yo no sé en qué barrio acomodado de Madrid viviréis algunos pero os puedo garantizar que hay partes que ya están totalmente perdidas. Somos absoluta minoría.
"De alguna manera se tienen que ganar la vida"
¿La sanidad pública y demás costes se los pagamos los que cotizamos no?
Pagamos nosotros y tenemos peores servicios porque se saturan, lo siento pero no me da pena, cada uno que trabaje para levantar su país.
El problema no es trabajar 8 horas al día.
El problema es que trabajas 8, pero pierdes 2 en tráfico, 1 en almuerzo, 1 preparando cosas, y te quedan 3 para ti.
Eso no es vida, eso es un simulacro de supervivencia.
Una vez, mi abuela me dio un consejo: En los momentos difíciles, avanza a pasitos pequeños. Haz lo que debes hacer, pero poco a poco. No pienses en el futuro, ni siquiera en lo que podría pasar mañana. Lava los platos. Quita el polvo. Escribe una carta. Prepara una sopa. ¿Ves? Estás avanzando paso a paso. Da un paso y párate. Descansa. Halágate. Da otro paso. Luego otro. No te darás cuenta, pero tus pasos se volverán cada vez más grandes. Y llegará el tiempo en que podrás pensar en el futuro sin llorar. (Elena Mijálkova, La habitación de las llaves antiguas)
3. Deja de esperar que lleguen días extraordinarios para ser feliz.
El café de la mañana.
La canción que escuchas al volver a casa.
La luz entrando por la ventana.
No son pausas entre momentos importantes.
Son la vida.
Y la estás atravesando demasiado deprisa.
4. Ese trabajo "seguro" que tanto defiendes podría estar apagándote por dentro.
Cobrar bien no siempre significa vivir bien.
Las esposas de oro siguen siendo esposas.
Y muchas veces el cansancio que llamas pereza es simplemente una vida que ya no te inspira.
En más de 25 años de profesión he visto cambiar muchas cosas, pero hay una que sigue igual: el alivio que siente una persona cuando por fin encuentra una explicación coherente a algo que lleva décadas atribuyéndose a un defecto de carácter, de voluntad o de esfuerzo.
Es un antes y un después.