🐛 Durante la antigüedad circuló una de las prácticas más perturbadoras de la historia de las dietas: ingerir gusanos intestinales en cápsulas para adelgazar.
No era un mito ni una exageración médica; se vendía como tratamiento “científico”, moderno y eficaz, especialmente entre mujeres presionadas por los ideales de delgadez de la época.
El gusano en cuestión era la tenia (Taenia saginata o Taenia solium), un parásito capaz de vivir años dentro del intestino humano.
La lógica era tan simple como peligrosa: el gusano “comería” parte de los nutrientes ingeridos, provocando pérdida de peso sin necesidad de cambiar la alimentación. Farmacias, catálogos por correspondencia y anuncios en revistas ofrecían “pastillas reductoras” que prometían una figura esbelta sin esfuerzo, envueltas en el lenguaje de la medicina y el progreso.