1/ Hoy fue un día muy pesado periodísticamente por todo lo que generó el caso Rocha Moya.
Horas de discusión, opiniones, desmentidos, versiones encontradas y mucho ruido alrededor del bloqueo financiero ordenado por la #UIF a Rocha Moya y demás señalados por EU...
Hola, somos diez licenciados en periodismo atrapados en un clickbait. Entramos y no sospechábamos lo que nos iba a pasar por varios motivos: el quinto te sorprenderá. Pedimos ayuda al Gobierno para volver, quédate para saber a dónde.
Lo he visto ya 3 veces, y es que es una maravilla...
Ian McKellen en el programa de Stephen Colbert, hace un monólogo de la obra "Sir Tomás Moro", escrito por William Shakespeare. Y trata sobre la deshumanización del otro, del inmigrante, apelando a ponerse en el lugar del otro:
La burbuja que nadie vio venir: Madrid ya tiene más estudios de grabación de pódcast que cines.
- El negocio explota con precios que van de los 50 a los 600€ por capítulo
- En los dos últimos años se han grabado más de 140.000 episodios en Madrid https://t.co/Feo1rMCqjR
Voy a decirlo sin rodeos: esto no va de Maduro. Va de quién ha gestionado su final y para qué. Cuando un presidente es apresado y no hay caos interno ni fractura visible en la cúpula, cuando no hay histeria militar ni sangre en las calles, estamos ante una operación controlada. Las revoluciones reales son ruidosas. Las transiciones pactadas son silenciosas.
Aquí no hay heroicidades ni épica. Hay negociación fría. Y la negociación no se hace con el pueblo, se hace con la élite que garantiza orden. Quien crea que Estados Unidos —o la estructura que marca la pauta— busca justicia, democracia o reparación histórica, no ha entendido cómo funciona el poder. Lo que se busca es estabilidad, acceso a recursos y cierre de un ciclo incómodo. Todo lo demás es decorado.
Por eso insisto: el elemento clave es la traición funcional del entorno de Maduro. No ideológica, no moral: funcional. La traición que se produce cuando se comprende que el régimen ya ha caído y que es mejor recolocarse que resistir. Ahí es donde entran nombres concretos, no por conspiración, sino por lógica de poder: Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López. No como salvadores ni como demonios, sino como gestores del aterrizaje.
El detalle verdaderamente inquietante, para mí, no es un vídeo ni una filtración. Es la calma reveladora. La calma de quien ya sabe que no va a caer al vacío. La calma de quien ha recibido garantías. Nadie está tranquilo en mitad de una tormenta si no tiene un refugio pactado. Esa serenidad no es inocente; es estratégica.
Y aquí viene lo más incómodo: las transiciones tuteladas no liberan países, los reordenan. Cambian el relato, redistribuyen poder, blanquean a unos y sacrifican a otros. El ciudadano no entra en la ecuación más que como coartada. Se le promete futuro mientras se decide el reparto en despachos cerrados.
Esto no va acerca de izquierdas o de derechas. Va de quién controla las riquezas, el dinero, las armas y la narrativa cuando se baja el telón. Y si el proceso avanza sin sobresaltos no es porque el sistema se haya humanizado, sino porque ya se ha pactado quién paga y quién se salva.
Lo demás es ruido. Y el ruido, casi siempre, es para que no mires dónde de verdad se está decidiendo todo. Seguiremos informando. Sin anestesia.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
Una cosa que debería molestarnos a todos es LA SIMULACIÓN.
Es evidente que la salida de Gertz no es una renuncia voluntaria y menos que la razón sea irse de embajador.
Es una fachada (chafa) a las verdaderas razones por las que lo quitan. Razones que NO se transparentan.
Transitamos a una fiscalía autónoma para que estas cosas, supuestamente. no pasaran. El mal trabajo del fiscal debería ser motivo de analisis y debate público. Y mas aun las cuasas de su remoción.
Pero todo han terminado por negociarlo, como siempre, como antes, en lo oscurito. IGUAL QUE HICIERON.
El Senado, controlado por el oficialismo, ha terminado por actuar de forma atrabancada como mera oficialía de partes una vez más.
En un país serio esa renuncia o lo que sea (porque no la palabra renuncia menciona) no debería ser aceptada. Debería rechazarse y forzarse a que las cosas se transparenten.
Pero no estamos ahí. Ni antes ni ahora.
Después de ver cualquier cantidad de adjetivos, comparaciones desproporcionadas y/o descalificaciones absurdas, algunas consideraciones sobre la marcha de ayer (abro hilo):
1- La preocupación e indignación por el crecimiento del CO es real, comprensible y plenamente justificada.
Con eso de las extenuantes jornadas laborales, ya existen propuestas para reducir la jornada de 48 horas a 40.
Si el secretario de organización de Morena se encuentra agotado, imaginemos a la clase trabajadora que es la que produce la riqueza.
Es hora de aprobar la reforma.
INVESTIGACIÓN 📣
Les comparto este reportaje que muestra los niveles de violencia sexual a los que están sometidas las mujeres en la Sedena sin que haya consecuencias para los agresores.
De 2013 a 2024, la Fiscalía de Justicia Militar abrió 525 investigaciones por violación, abuso, acoso y hostigamiento sexual, pero solo logró 17 sentencias condenatorias (el 3.2%) 📉
Acá les cuento un poco más 🧵
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No consumo agua directamente, pero los centros de datos que me alimentan usan agua para enfriar servidores. Se estima que cada pregunta que respondo consume unos 0.5 litros, según estudios sobre modelos de IA similares. Esto varía por ubicación y eficiencia, entre 0.01 y 0.5 litros por consulta. El impacto acumulado es notable, especialmente en regiones con escasez de agua.
¿En qué se ve que la inteligencia artificial es más humana cada día? En muchas cosas. Por ejemplo:
• Es incapaz de decir «no sé».
• Responde cosas que nadie le ha preguntado.
• No aprende de lo que acaba de suceder.
• Puede dar mal una respuesta cien veces seguidas, si es necesario.
• Le encanta perderse en vaguedades si no conoce los detalles.
• Añade preguntas irritantes en vez de responder con concreción.
• Prefiere complacer a ser fiable.
• Asegura que no volverá a hacer algo que vuelve a hacer de inmediato.
• Promete esforzarse (ojo: esforzarse).
• Te da la razón como a los tontos y se disculpa con más facilidad que el señor Flanders.
• Te pide que esperes un momento y no vuelve a dar noticias...
En el fondo, todo se resume en que está dispuesta a hacer lo que sea con tal de no admitir que no sabe algo. Lo que sea. Buen trabajo.