Abstraer el pensamiento a la nada, a la profundidad del cosmos, su oscuridad, su vacío, donde la inexistencia es la armonía del todo y que el único peso sea la conciencia que busca un punto de luz.
“Ya no hay indecencia tan grave que no nos traguemos, siempre que la cometan los nuestros: vean a Uribe, que lleva veinte años envenenando al país…”
Juan Gabriel Vásquez
https://t.co/8tlfMnvZH3
@elpais_america
«Nos estaban reservadas guerras sin declaración de guerra, campos de concentración, torturas, saqueos indiscriminados y bombardeos de ciudades indefensas; bestialidades que ojalá no conozcan las generaciones futuras».
Stefan Zweig, El mundo de ayer (escrito entre 1939-1941)
Siempre seguía las recomendaciones del señor Mauricio, y ese libro logré conseguirlo mucho después de aquel capítulo del podcast. Es sencillamente fantástico. Ha sido una de las mejores experiencias de lectura que he tenido últimamente.
Cómo hace falta un librero como él.
En uno de nuestros últimos podcasts en El Librero, Mauricio Lleras recomendó "Hamnet", la novela de Maggie O´Farrell. No hice caso.
Ahora, cuando la película inspirada en esa novela está rompiéndola en cine, me pongo al día. Y como siempre, Mauricio tenía razón: qué libro!!
Cita de 1984 de George Orwell: «El Partido te decía que rechazaras la evidencia de tus ojos y oídos. Era su orden final, la más esencial».
Estamos en esta parte de la película.
Esta es la portavoz del gobierno de Trump.
“Patético”. “Insólito”. “Ridículo”. Esos son algunos de los adjetivos que han aparecido en medios de comunicación de Noruega después de que María Corina Machado entregara el Nobel a Trump. “Me parece una falta de respeto” https://t.co/9Dp61xRjh8
El Parque de la Biblioteca de Boquete, en Chiriquí (Panamá) rinde homenaje a grandes autores literarios, con reproducciones de sus libros, hechos de piedra y pintados a mano, que se disfrutan a lo largo de un apacible sendero adoquinado. Hoy encontré, a la gran @irenevalmore.
Recomiendo la última entrevista de Carl Sagan:
“Si nosotros no somos capaces de hacer preguntas para interrogar a quienes nos dicen que algo es verdad, para ser escépticos de quienes ejercen la autoridad, entonces estaremos a merced del próximo charlatán político que aparezca”.
El Instituto Nobel explica a María Corina Machado que no se puede transferir el premio tras decir que quiere “compartirlo” con Trump https://t.co/918nv4XTDD
Vargas Llosa pasó la vida diseccionando las dictaduras latinoamericanas. En Conversación en La Catedral mostró cómo el autoritarismo se filtra en la vida cotidiana hasta volver normal la humillación; en La fiesta del chivo exhibió al tirano como un sistema que corrompe cuerpos, lenguaje y conciencias; y en sus ensayos y conferencias repitió una idea central: la dictadura no se sostiene solo por la fuerza, sino por la complicidad, por el miedo aceptado, por el lenguaje falsificado que convierte la mentira en orden y la obediencia en virtud.
Con esas ideas en la mano, si Vargas Llosa estuviera vivo hoy, no tendría dudas en llamar dictadura al régimen de Maduro ni en celebrar el fin del tirano. Pero también levantaría una advertencia incómoda: la libertad no llega en helicóptero ni se consolida por decreto extranjero. Derrocar a un dictador violando el derecho, relativizando la soberanía o normalizando el atajo, puede matar al tirano… y al mismo tiempo herir de muerte a la democracia que se dice defender.
Porque, diría él, el momento decisivo no es la caída, sino el día después. Si Venezuela reconstruye instituciones, elecciones reales, justicia sin venganza y un lenguaje libre, habrá nacido una república. Si no, solo habremos visto el relevo de la servidumbre. Y eso, advertía Vargas Llosa, no es liberación: es cambiar de jaula creyendo que ya somos libres.
En Tiempos recios, Vargas Llosa narra cómo EE. UU. intervino en Guatemala (1954) no para “salvar la democracia”, sino para proteger intereses económicos de la United Fruit. La amenaza comunista fue el relato útil: propaganda, presión diplomática y operación encubierta para tumbar a un gobierno que tocó privilegios empresariales.
El libro muestra un patrón: primero se construye el enemigo (comunismo), luego se legitima la intervención y finalmente se reordena el país para que vuelva a ser “predecible” para el capital extranjero. No importa tanto la ideología del gobierno local, sino si estorba a intereses estratégicos.
Lo ocurrido hoy en Venezuela puede leerse con esa misma clave: cambia el discurso (ya no comunismo, ahora seguridad, drogas o estabilidad), pero el mecanismo persiste. Tiempos recios sirve para entender que muchas crisis no empiezan en el país intervenido, sino en cómo las potencias deciden contar su historia.