Hoy en día hay una conversación que pocos quieren tener; esa sobre una línea delgada pero peligrosa: el entender que puedes amar a alguien, no necesitar que te amen de regreso, y aun así amarte lo suficiente para irte. Y es peligrosa porque saber irte no hace que hacerlo duela menos…
Que raro es terminar un vínculo, y ahora ¿a quién le cuento que tengo sueño, lo que hice hoy, que en mi casa paso algo, que me estoy por bañar, que me duele la cabeza, que hoy no tengo ganas de nada o que quiero salir hacer algo?