De estas elecciónes aprendí, que necesito conectar más con filósofos, artistas, escritores, sociólogos, historiadores, viajeros. Porque mi círculo social no está alineado con mi visión de vida, soy demasiado apasionada, sensible, humana y ya no puedo verlos igual.
Nos merecemos un presidente que desconoce su país, nos merecemos la destrucción de la naturaleza, nos merecemos una persona que nos odia mientras nos gobierna.
Nos merecemos toda esta mierda
1️⃣ Derrocar a un dictador suena moralmente justo. Nadie llora por un tirano. Pero el derecho internacional no se construyó para proteger a los buenos, sino para contener a los poderosos. Por eso prohíbe la fuerza casi sin excepciones: no porque ignore la injusticia, sino porque sabe que, si cada país decide a quién “liberar” a balazos, el mundo vuelve a la ley del más fuerte.
2️⃣ El problema no es Maduro. El problema es el precedente. Cuando la fuerza militar se usa para cambiar gobiernos sin reglas claras, la soberanía deja de ser un límite y se vuelve un estorbo. Hoy es “derrocar a un dictador”; mañana será “corregir una elección”, “proteger intereses”, “restaurar el orden”. El derecho no absuelve dictaduras, pero tampoco legitima cruzadas unilaterales.
3️⃣ La pregunta incómoda no es si un tirano merece caer, sino quién decide cuándo y cómo. Porque la historia enseña algo brutal: sacar al dictador es fácil; construir justicia después, no. Y cuando la legalidad se rompe en nombre del bien, casi siempre lo que sigue no es libertad, sino caos, violencia y nuevas víctimas. El derecho existe para recordarnos eso, incluso cuando incomoda.
La vida es un vaivén: subes, bajas, regresas, entiendes, te equivocas, aprendes. No se puede estar siempre en la cima ni siempre en el fondo; hay que fluir. La inteligencia no es ruidosa, vive en silencio entendiendo que todo es movimiento 🌀🐋