After co-inventing ChatGPT, I kept asking myself: why have superhuman chat models not led to AGI?
I’ve spent the last 2 years in stealth building a new way to train models (RLCD), and a new type of frontier AI model that we are releasing today: Jev
• 20-200x faster
• 40-400x cheaper (w/ output tokens free)
• Frontier composable intelligence optimized for decisions
AFAICT the shortest path to AI-based economic revolution
siento que con todo el tema de la IA se ha creado una expectativa brutal de tener que producir más. si no tienes 20 agentes cerrándote tickets, te vas a quedar atrás. si no estás vibecodeando 7 proyectos a la vez, te vas a quedar atrás. si revisas el código estás perdiendo tiempo y, por lo tanto, te vas a quedar atrás. si tu empresa no tiene capex x20 dedicado a IA, se va a quedar atrás. todo debe ser creado a un ritmo cuestionable que hace que el propio equipo dentro de la empresa no sea capaz de asimilar lo que está ocurriendo en la empresa; el propio consumidor o cliente final no sea capaz de asimilar las opciones que se le están dando, no hablemos de dar algún tipo de feedback para que el ciclo natural de mejora de producto pueda tener su lugar.
hemos pasado de iterar las cosas a actuar como auténticos babuinos en celo, lanzando mierda al input de un pipeline robotizado que a su vez escupe por su output la misma mierda en distinta forma.
“he vibecodeado un compilador de c!!!”
pero espera, ese compilador falla al intentar compilar un simple “hola mundo” y, cuando no falla, produce unos binarios extremadamente lentos. esto es inservible en la práctica.
“bruh, no entiendes, esto es el progreso!!! y además esto ya es old news. ahora he vibecodeado un clon de next.js!!!”
pero espera, ese clon está lleno de errores críticos de seguridad. esto no se debería usar en absoluto.
“bruh, es que no importa que sea malo ahora!!! será bueno en el futuro!!!!!!!!”
o no, pero aunque lo fuera, estas usando lo actual (que tiene problemas) en producción. estás enshitificando todo.
la calidad, en general, de todo, está bajando a un ritmo que da miedo.
hemos pasado de exigir que las cosas funcionen bien, rápido y de manera eficiente a conformarnos con half-baked scripts que se unen con superglue con otros scripts, para poder ir más rápido.
¿pero ir más rápido a dónde? ¿a donde estamos yendo? ¿que cojones estamos haciendo?
¡Bienvenido al equipo! @Sh4rin_Papito se une como nuevo Community Manager de 2XKO
Mañana es el gran día: lanzamiento oficial del juego, arranca la Temporada 1 y llega la nueva campeona Caitlyn
🔥🔥 SOLO QUEDA 1 DÍA 🔥🔥
Lo que está pasando alrededor de la fiesta del cordero no hace sino refrendar que vivimos una época donde los principios están un escalón por debajo de las ideologías.
A un número demasiado grande de gente le parecerá mal o bien la crueldad animal según dónde y según quién.
Si confundís "ser cerrado de mente" con "tener un conocimiento sólido de las bases filosófico-científicas de una disciplina y no transigir con mierdas pseudo que pueden ser muy peligrosas en muchos sentidos", no esperéis un debate conmigo.
¿El tontopolla este? Es que hay que ser patético para irle llorando al COP "ay, COP, mira lo que dicen les conductistas, que la conducta humana obedece a leyes científicas y por tanto se puede entender, predecir y modificar, aaay". Tanta estupidez duele.
https://t.co/gbSpbLoT4C
En 2020 el gobierno checo adjudicó un contrato millonario para desarrollar una plataforma digital.
La comunidad tecnológica puso el grito en el cielo: «el precio está inflado: es corrupción». Para demostrarlo, lanzaron un reto: «organicémonos y lo desarrollamos en un fin de semana».
Participaron casi 200 programadores.
En 48 horas tenían una alternativa funcional.
Ante el escándalo, el gobierno tuvo que cancelar el contrato. Y cesar al ministro.
España no puede seguir contratando metaversos y ciudades «smart» mientras los trámites y servicios públicos digitales languidecen abandonados.
España necesita este tipo de contestación civil organizada.
Difunde.
Fui a Correos y me atendió la directora.
Es una persona amable, de cabello cano; de esas mujeres que te tratan con un celo casi maternal. Me pareció que podría llevar décadas en oficinas así. Me pidió mis datos y comenzó a introducirlos en el ordenador.
Al otro lado del mostrador yo observaba sus dos índices volando raso sobre las teclas oscuras. Ella miraba al teclado mientras escribía, y cada poco hacía una pausa para verificar lo tecleado en la pantalla. Al bajar nuevamente la mirada hacia las teclas las gafas se le resbalaban nariz abajo. Al alzar después la vista a la pantalla, las ajustaba con un gesto instintivo.
Así cumplimentó todo el formulario digital.
Los programadores dominamos estas máquinas. Pero no debemos perder de vista cómo son nuestros usuarios. Son personas que no conocen los atajos de teclado, ni muchos trucos cotidianos sin los que a nosotros nos costaría vivir. Son personas que necesitan mirar el teclado cuando escriben, y que a veces lo hacen con dos dedos. Son personas como la directora de la oficina de Correos, para quien el ordenador es un instrumento cotidiano más.
En esto pensaba yo cuando observé, al otro lado de aquella mesa gualda, que mi interlocutora fruncía el entrecejo con la mirada clavada en la pantalla mientras buscaba a tientas el ratón sobre la mesa. Aunque yo no veía su pantalla, sus gestos delataban perfectamente qué estaba pasando: había llegado al campo del formulario donde debía consignar mi país, y estaba navegando una lista inacabable de naciones a la búsqueda de «España».
Esta mujer no sabe que basta teclear las dos o tres primeras letras del país para hacerlo emerger del océano de opciones, ahorrándose así llevar la mano hasta el ratón y surcar pacientemente el infinito. No lo sabe y no tiene por qué saberlo.
¿Cuántas oficinas e Correos hay en el país?, ¿cuántos empleados son en cada una bisagra entre el ordenador y un humano que aguarda al otro lado?, ¿cuántas veces se hacen estos trámites al cabo del día, del año, de la vida?
Los programadores a menudo ignoramos el gran impacto de las pequeñas decisiones de diseño. Aquel campo desplegable podría tener preseleccionada la opción más frecuente. O, al menos, mostrar las más habituales al principio de la lista. La máquina también podría haber sugerido automáticamente «España» al notar que mi código postal y DNI son nacionales, dejando al humano la facultad de cambiarlo en caso de infrecuente necesidad.
La falta de ergonomía aumenta la fricción. Y la fricción aumenta el esfuerzo cognitivo de intervenir sobre la máquina. Estas pequeñas ineficiencias acumulan interés compuesto con el número de usuarios y el número de intervenciones. Son un coste más.
Como usuarios de los servicios públicos digitales, todos tributamos este peaje. Pero las interfaces internas que los organismos públicos se tienden a sí mismas son a menudo más ineficientes todavía. Por eso, imagino el gran impacto que una sucesión de pequeñas optimizaciones tendría en personas como esta mujer amable, de cabello cano, que anteayer me atendió con un celo casi maternal.