Habían épocas del año donde Lynette sentía un calor extraño recorrer su cuerpo, ese ere una de esos momentos, el calor invadía su cuerpo y cegaba sus sentidos, solo podía pensar en una sola cosa...
Recuerdos de su infancia, cuando la Signora los visitaba y ambos la entretenían con sus trucos de magia.
A veces en las noches, Lynette echaba de menos esos momentos y también a la Signora.
— Pero...¿Al menos te puedo acompañar? —
Y como un felino, se acercó a su hermano, colgándose de su brazo, mirándole fijamente, mientras sus orejas se movían al igual que su cola.
Si, existía el peligro de que quisiera desarmar a Pulonia. Obvio que si.
—No, para nada, un regalo es algo que debe entregarse personalmente cuándo es posible.—
Eso y que tiene miedo de que desarme a Pulonia por error, pero obvio, esa parte no la va a decir en voz alta.
Ni-san... ¿Acaso duda de su capacidad para entregar el racimo de flores a Pulonia?
Que ignore la aspiradora que desarmo la semana pasada por mera curiosidad, eso ya es cosa del pasado ¿Okay?
¿Será insensible enviarle un racimo de flores de metal a Pulonia cómo felicitación por su transición?
Promete no dejar el envío en manos de Lynette.
#NV
Ñiñiñiñi, si ellos podían tener sus mascotas, hasta el cariño de ellos, peroooooo
Ella tenía el abrazo y amor de padre. Ya veía quién salía ganando.
Hasta le saco la lengua a sus dos hermanos en son juguetón.
Siempre era así, Lyney brillaba, tanto como el mismo sol, recibía los aplausos y las ovaciones de pies, pero Lynette desde las sombras hacia posible ese escenario. Era su asistente silenciosa, ella más que encantada de cumplir con ese papel.
Adoraba ver cómo su hermano brillaba.
Ya podía oír el:
“Lynette, no”
Ya sea de padre o de sus hermanos, pero, ellos no estaban ahí
¿Verdad? Era su momento, el pescadito dorado le hacía ojitos.
Lynette estaba detrás de su hermano, como su sombra, mirando al rubio llevarse los aplausos. Mejor así, prefería el anonimato y que su hermano brillará, ella nunca revelaría la esencia detrás de cada actuación, después de todo, era el deber de una asistente que su mago brillará.
En medio de la plaza de Mondstadt está el rubio rodeado de niños, haciendo un show de magia.
「No pequeño, no tengo suficiente mana ahora para aparecer a tu papá… ¡Pero puedo darte un gato!」
Un calico brincó de su sombrero y salió correteando con un pescado en su boca.