No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Dios no prometió días fáciles; lo que si prometió es que cada día estaría con nosotros.
Sigue adelante… no temas, Él prometió estar en nuestras vidas, todos los días, hasta el fin del mundo.