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Warren Buffett: "Les digo a mis alumnos que si aprenden a comunicarse mejor, tanto por escrito como en persona, su valor aumenta al menos un 50 %."
"Si no puedes comunicarte con alguien, es como guiñarle un ojo a una chica en la oscuridad. No pasa nada."
Novak Djokovic acaba de decir que el aburrimiento es el estado más creativo que un niño puede experimentar.
Su hijo tiene 10 años y su hija 7.
Cuenta que cuando su hijo le dijo que estaba aburrido después de una mañana de ping-pong, kayak y fútbol, se sentó con él para tener una conversación que la mayoría de los padres evitan.
"Está bien aburrirse a veces. Cuando te aburres, no significa que tengas que coger un libro o una pantalla inmediatamente. También necesitas aprender a conectar con tus pensamientos".
Djokovic afirma que es en el aburrimiento cuando la creatividad finalmente aflora, y también cuando todo lo que has estado reprimiendo con el móvil sale a la superficie.
La mayoría de los padres protegen a sus hijos del único estado que los hace crecer.
“Jeff Bezos”
Jeff Bezos pidió a una sala llena de gente que imaginara retroceder cien años en el tiempo.
La mayoría eran agricultores.
Imaginemos que les decimos a esos campesinos que en 2018 existiría un empleo llamado “masajista”.
Bezos: “No te habrían creído”.
Luego un amigo fue más lejos: “Olvídate del masajista… hay psiquiatras para perros”.
Bezos lo verificó y confirmó: “Es verdad, puedes contratar fácilmente a un psiquiatra para tu perro”.
La sala estalló en risas.
Pero el verdadero mensaje detrás de esa risa no tenía nada de gracioso.
Cada vez que irrumpe un gran cambio tecnológico, repetimos el mismo error: nos enfocamos obsesivamente en los empleos que se van a perder y casi nunca hablamos de los que se van a crear.
No los contamos porque todavía no tienen nombre.
El miedo siempre es concreto, tiene cara y apellido: “La IA va a reemplazar a los contadores. A los radiólogos. A los camioneros”.
Tiene fechas, gráficos y proyecciones.
La oportunidad, en cambio, no tiene nada de eso. No puedes nombrar lo que todavía no existe.
Un agricultor de 1920 podía entender perfectamente que una tractora le quitaría el trabajo.
Lo que jamás habría podido imaginar es que un día su bisnieto ganaría la vida como “estratega de redes sociales”.
No por falta de inteligencia, sino porque entre su mundo y ese nuevo empleo todavía faltaba toda una cadena de inventos: la radio, la televisión, internet, los smartphones, las plataformas digitales, las economías de creadores.
Cada eslabón tenía que aparecer antes de que “estratega de redes sociales” pudiera siquiera sonar como un trabajo real.
Eso es exactamente donde estamos hoy con la inteligencia artificial.
Todos miramos la tractora.
Nadie logra ver la cosa que está siete inventos más adelante y que todavía no tiene nombre.
El miedo es ruidoso porque cabe en el lenguaje que ya conocemos.
La oportunidad es silenciosa porque no cabe.
Cada revolución tecnológica de la historia terminó creando más empleos de los que destruyó.
Todas, sin excepción.
No porque alguien lo hubiera planeado, sino porque las necesidades humanas se expanden mucho más rápido de lo que las máquinas pueden satisfacerlas.
No necesitábamos masajistas cuando nos partíamos la espalda en el campo.
Los necesitábamos después, cuando las máquinas nos liberaron del esfuerzo físico y el estrés ocupó el lugar del trabajo manual.
La demanda no desapareció. Solo migró hacia un lugar donde nadie estaba mirando.
Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo.
Los trabajos que creará la IA nos van a sonar tan absurdos como “psiquiatra para perros” le habría sonado a un granjero de 1920…
hasta que alguien cobre 200 dólares la hora con seis meses de lista de espera.
Hoy toda la conversación gira en torno a lo que estamos a punto de perder.
Casi nadie habla de lo que estamos a punto de ganar.
Porque las ganancias todavía no tienen vocabulario.
Dentro de cien años, alguien se parará en un escenario y describirá los trabajos que hoy no podemos ni imaginar.
Y la audiencia se reirá.
Exactamente igual que nosotros acabamos de reírnos.
Estreno por Netflix
Abril 16
En esta era de la prostitución del documental, esta obra llega de manera justa...ya veremos el resultado, pero si alguien merece ser protagonista de un documental es: RONALDIHNO
¿Quién soy?
Pregúntate qué eliges cuando nadie te obliga,
cómo reaccionas ante lo que no controlas,
qué hábitos repites a diario
y si tus acciones se alinean con la virtud que dices valorar.
Ahí está tu respuesta.
Estoy leyendo La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han y lamentablemente me gusta bastante porque es algo que vengo pensando hace un tiempo: La idea central es simple e incómoda: pasamos de una sociedad disciplinaria con normas, límites y prohibiciones externas, a una sociedad del desempeño, del “todo se puede”.
Y ese cambio no nos liberó: nos volvió más duros con nosotros mismos. Ya no hay un jefe que te oprime, ahora es uno mismo. Uno exigiéndose más, produciendo más, optimizando más, rindiendo más. La presión ya no viene de afuera, viene internalizada.
Más gimnasio, mejor nutrición, mejor sueño, mejor ropa, mejor viaje, mejor inversión, más libros, más programas, todo se va convirtiendo en exgiencia.
En este sentido, hacer que el tiempo rinda y andar corriendo de un lado al otro es un "éxito" del sistema" pero que nos exprime mental y existencialmente.
El agotamiento no es un accidente: es el sistema funcionando. La proliferación de fármacos, diagnósticos, “trastornos”, la atención fragmentada, la soledad crónica, el cansancio constante, no son fallas individuales, son síntomas culturales. No estamos rotos: estamos exhaustos de intentar poder con todo.
El giro perverso es este: cuando el límite desaparece, la culpa aparece. Y cuando todo parece posible, el fracaso se vive como algo íntimo, personal, casi moral. Una sociedad ya no castiga, te agota en silencio.
Creo que la obligatoriedad de que los demás suponen que uno siempre está disponible es también una señal de esta sociedad del cansancio, en España te llaman directo por teléfono y en Argentina te exigen respuesta rápida por WhatsApp, los vínculos están moldeados con la interfaz gráfica de una app diseñada en Silicon Valley por psicólogos y diseñadores cuyo objetivo es que estés mucho tiempo usando su app, no reunido con amigos o socializando presencialmente.
No terminé de leerlo pero para mi la salida a esto es enfocarse en lo que a uno le gusta y hacerlo mucho, por ejemplo juntarse con amigos seguido, ir a teatros, museos, viajar, crear proyectos por diversión, tratar de hacer planes pero siempre sociales.
También es clave desconectar bastante, hay gente que tiene 10 horas diarias de dispositivos móviles , en WhatsApp hoy se puede archivar todo y dejar solo a 5 contactos prioritarios y entrar una vez al día a responder. Clave menos Netflix Disney Plus y más silencio, más caminar y pensar, más tratar de hacer y pensar nada, o hacer cosas sin un objetivo monetizable, solo porque nos gusta.
Stop paying so much attention to what everyone else is doing and run your own race. How much time is spent reading other people's posts on social media, watching other people's exploits in the news, listening to other people's ideas on podcasts? Go have coffee with a friend. Go make something. Go outside. All those hours spent looking at someone else's life on a screen could be used to take action in your own life.
Beware things that frictionlessly capture your attention. There’s no learning there. At least not the kind you want. It teaches your attention to be a prey animal. Engaging in physical, intellectual, artistic, entrepreneurial pursuits is how you actually rewire for the better.