Nuestro tiempo necesita hombres y mujeres que tengan el valor de hacer el bien incluso cuando cuesta. Háganse prójimos de quienes están solos, sostengan a quienes están cansados, busquen a quienes se han alejado. Tengan el valor de perdonar, de volver a empezar, de dialogar.
En esta era de la inteligencia artificial, es urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas. Existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculos estadísticos a partir de millones de imágenes ajenas. A los algoritmos les falta la chispa de lo humano. Por eso, la Iglesia desea renovar la alianza con los artistas y las instituciones culturales: una alianza para custodiar lo humano.
“La profundidad es un lujo.
Terminar un libro. Conversar sin un teléfono sobre la mesa. Dedicar más de diez minutos a reflexionar sobre un problema. Escuchar un álbum completo. Escribir sin interrupciones. Estar en un lugar sin sentir la necesidad de publicarlo.
En un mundo que vende distracción masiva, la atención sostenida se ha convertido en el privilegio de quienes deciden. Y viven.“
Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles. Es por eso que la inquietud da miedo, así como el descubrimiento de la interioridad, de la espiritualidad y aún más del Evangelio. #ViajeApostólico
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In fiction evil is often written to have depth and complexity while good is written to be simple and boring. But in real life evil is boring and predictable while good is complex and unique every single time.