Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener un trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.
Yo antes de renunciar a alguien, me quedo, me gasto, me rompo, y lo intento todo, hasta que ya no hay ni un gesto al que aferrarse, ni una excusa para quedarse.