Yo no me olvido, hermano.
De las noches que no dormí de felicidad.
De los gritos, los abrazos, las lágrimas.
No me olvido del equipo que me hizo creer que todo era posible, de las jornadas ��picas, de esas frases que nos marcaron a todos.
Nos devolviste el orgullo, el fuego, la ilusión, la pertenencia.
Ahora que las cosas no salieron, todos se te animan.
Y yo solo pienso qué fácil es olvidar…
Pero yo no me olvido, Muñeco.
No me olvido.
Vos me diste mis mayores alegrías y tengo memoria por eso jamás te voy a faltar el respeto, pero todo tiene su momento. Gracias por haberme hecho tan feliz