Por esto es que detestan a la @JEP_Colombia, buscan desprestigiarla para que no se escuchen estos testimonios, quieren cerrarla para ocultar de nuevo la verdad. Nunca más.
En vez de complejizar una realidad que es, por definición, compleja, optamos por simplificarla. O mejor: por sobresimplificarla. Le huimos a lo complejo: preferimos monólogos superficiales (¿discursos?) sobre debates profundos. Nos asusta todo lo que no sea blanco o negro, todo lo que implique grises y matices. Porque lo fácil es repetir un slogan, perseguir un concepto vacío, cantar canciones de estadio de fútbol.
Se acabó la conversación y se acabó el pensamiento. Hablar para qué. Pensar, mucho menos. Ahí está la inteligencia artificial, mucho mejor que un amigo, un médico o un psicólogo. Ahí está la inteligencia artificial que es más inteligente, más exacta y más rápida que nosotros.
Somos repeticiones, meros ecos. No hablamos, en realidad. Y hace rato que también dejamos de pensar.
¿Cuándo fue la última vez que usted tuvo una conversación enriquecedora que lo llevó a ver cosas nuevas y, por qué no, a cambiar de opinión?
Cuando juega Colombia, las diferencias pasan a segundo plano.
El 21 de junio tendremos otra oportunidad de demostrar quiénes somos como país 🗳️.
No porque pensemos igual. Sino porque respetamos las reglas, los resultados y la democracia.
Porque una democracia fuerte se construye con participación, respeto y confianza.
Me he mantenido al margen de la política electoral como dije que lo haría. No apoyo ninguna candidatura como se ha intentado insinuar. Mi único interés es que a Colombia le vaya bien, que se respete la Constitución del 91 y que avancemos hacia un país más próspero, en paz y más unido. La implementación del Acuerdo de Paz es un compromiso del Estado y un deber con las víctimas. Sea cual sea el resultado, las instituciones deben respetarse y la voluntad de los ciudadanos debe acatarse.
Ojo a lo que dice Jorge Iván González; «El fracaso nacional es doble. Por un lado, la pobreza extrema se mantiene y, en el mediano plazo, no baja. Y, por el otro, no se dan pasos que efectivamente permitan reducir las brechas. Las diferencias continúan incrementándose.»
Lo que está detrás de este resultado es que los canales de resistribución para el total país son muy frágiles. Son las grandes ciudades las del efecto redistributivo y no se ve lo mismo en las zonas rurales.
https://t.co/2OpL42F0uG
"No se entiende el optimismo del gobierno y de alcaldes con los resultados publicados por @DANE_Colombia. Hay 4,9 millones de personas en pobreza extrema. Cifra superior a la de 2017, cuando eran 4,7 millones. En lugar de disminuir, la pobreza ha aumentado"
Mega columna del profesor Jorge Iván Gonzalez
https://t.co/CLkZJo3qUs
El equipo nacional de Irán llevó mochilas escolares al campo del #2026WorldCup para honrar a los 175 niñas asesinadas en la escuela por Estados Unidos e Israel en Minab.
No solo están jugando futbol, están llevando un mensaje, uno que EE.UU no quiere escuchar.
La presidencia del Consejo de Seguridad no es resultado de una elección, obedece a un estricto y automático criterio de rotación basado en el orden alfabético: rota cada mes entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad (permanentes y no permanentes) y se hace, insisto, por orden alfabético. Entonces a menos de que su gobierno haya sido el que le puso la C a Colombia, el verbo “hicimos”, en esa conjugación particular, sobra.
Amorxxxxs ,no se ocupen de salir bien en las fotos,,traten de salir bien en las radiografias ,en las ecografias y de terapia intensiva,lo unico importante es la salud ,tu templo sagrado ,amo mi salud ,cuidense
José Luis Zamora @Darkenis065 es estudiante de Física y hace parte de una generación que sueña con un país Mejor. Su mensaje para que se apruebe la #LeyNuclearYa
Acabo de terminar Mural de @RSilvaRomero, el recuento más completo pero también más desolador de la toma y retoma del Palacio de Justicia que he leído hasta ahora. Recomiendo mucho su lectura.
Quienes justifican o minimizan los delirios de estos caudillos enajenados, quienes los celebran y excusan con abyección y oportunismo, incluso con arrogancia y jactancia moral de redentores de la democracia, también son culpables de la degradación y erosión que causa su discurso.
Parece un mensaje más en medio del delirio y la pérdida de la razón, pero no lo es. El presidente Petro está, de manera sutil y cobarde, reclamándoles a los enfermos crónicos de Bogotá por usar medicamentos: a los hipertensos, a los diabéticos, a los enfermos de cáncer y a quienes padecen enfermedades raras, etc.
Son los mismos a los que sus políticas de salud (de muerte, la verdad) han afectado grandemente. Ahora los llama "drogadependientes".
Este mensaje es una burla, una canallada, una muestra de desprecio por millones de ciudadanos vulnerables y sus familias.
@petrogustavo
¿El país de los anti-intelectuales?
Por: @juanabotero
En Colombia pensar se volvió un problema. Quien arroja un dato es soberbio, quien hace contextos históricos es mamerto, quien defiende a los pobres es populista, quien defiende la empresa es incoherente o facho, quien tiene principios éticos es moralista, quien aboga por las mujeres es extremista, quien mantiene la serenidad es tibio.
En el contexto político y electoral colombiano todas las virtudes de un ser humano íntegro se usan como dagas en su contra. ¿Por qué? Porque a falta de argumentos lo único que queda es acechar a la persona. Y a quien no le encuentran nada, sino coherencia y dignidad —en los marcos de la imperfección humana— le buscan alguna característica para convertirlo en enemigo con el muy conocido y vago concepto —ahora insulto— de la "superioridad moral". Lo cual sorprende, dado que esta tal superioridad moral la encarnan normalmente personas que en otros contextos generan admiración y sobre todo confianza.
Un profesional que estudia, que es ético, que no se vende, es admirado. Las mismas características en contextos políticos son desfiguradas y objeto de ridiculización. Una lástima.
Esta narrativa, que se va haciendo popular en las redes, en las conversaciones cotidianas y en los contextos más complejos, pone en riesgo tres cosas que importan en cualquier democracia que se tome en serio:
1. La confianza. Si quienes han estudiado, se han formado en asuntos puntuales o tienen experiencia no pueden hablar so pena de ser "funados", la autoridad sobre temas relevantes —economía, desigualdad, género, derecho, medio ambiente— queda en manos de contadores de historias o editores de videos virales. Y cuando eso pasa, no solo se pierde un experto: se pierde la posibilidad de que la sociedad confíe en algo construido con rigor.
2. El valor del conocimiento. En nombre de una igualdad mal entendida se ha instalado la idea de que el conocimiento es igual para todos. Eso afecta los incentivos para estudiar, formarse, especializarse. Y le cuesta al país en competitividad, en ciencia, en capacidad de resolver problemas reales.
3. La calidad del debate. Cuando la discusión pierde altura, rigor y lógica, solo quedan las formas más primarias: el grito, el insulto, la violencia. Y los que más saben terminan callando —por cansancio, por apatía, por no querer perder el tiempo en un debate que no va a ningún lado.
Colombia está en un proceso de devaluación del conocimiento como capital democrático y cae por ello constantemente en la violencia como único mecanismo de defensa, porque jamás la violencia será un argumento.
¿A quién le conviene eso? La anti-intelectualidad no es espontánea. No voy a caer en el argumento fácil de "es culpa de las redes sociales" —aunque sin duda han amplificado el efecto. Las causas son más profundas y llevan décadas acumulándose. Algunos datos, entre muchos que apuntan en la misma dirección:
- Colombia participó en el Estudio Internacional sobre Educación Cívica y Ciudadana (ICCS) en 2009, 2015 y 2022. Sus puntajes: 462, 482 y 452. El último, el más bajo de todos los países participantes.
- Colombia lidera entre los países de la OCDE en tasas de repitencia escolar: 8,3% en primaria y 10,5% en secundaria.
- En el Índice de Percepción de Corrupción 2025, Colombia obtuvo 37 sobre 100 y cayó al puesto 99 entre 182 países —siete posiciones en un solo año.
Tres indicadores distintos, el mismo mensaje: un país que no está formando ciudadanos capaces de sostener una democracia exigente.
Eso devuelve la responsabilidad a quienes tienen oportunidades —y las han aprovechado— para no callarse. De quienes las tienen y no las usan para qu elo hagan.Y les exige resultados concretos a las instituciones públicas y privadas encargadas de formar no solo profesionales, sino personas capaces de pensar, debatir y equivocarse con dignidad.
El problema no es que Colombia sea un país de ignorantes. Es que se está convirtiendo en un país donde la ignorancia tiene más poder político que el conocimiento.
Y eso, a alguien, le conviene.