🚨CRISIS EN LA MONEDA
Duro análisis del equipo de “ Tu día” al comportamiento que tuvo ayer Kast con un niño en Villarrica:
“Cuando se dirige directamente al niño y le dice que su mamá no lo use, es muy fuerte… hay asesores de él que no están de acuerdo como se manejó la situación … esto va a tener repercusiones, de la forma como él se dirige al niño… invalida a su madre frente a su hijo…a nadie le gusta que le digan cómo criar”
LA GUINDA DE LA TORTA
La ministra de medio ambiente no reconoce que es el hombre el causante del cambio climático, luego de que Mónica Rincón la acorraló reconoce que en “algo” tiene que ver el hombre. 🫣
Estamos en pésimas manos.
#toleranciacero
El Presidente dice que la propuesta del gobierno no obliga a funcionarios de salud a entregar la información de los pacientes a la policía. Aquí la indicación. Claramente no la ha leído 👇
CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.
José Antonio Kast @PresidenteKast
Señor Presidente:
Hay frases que revelan una política. Otras, una ideología. Y algunas, simplemente, una limitación intelectual. Su comentario respecto de la investigación científica —esa caricatura donde un estudio termina apenas en “un libro precioso empastado en una biblioteca”, y que por cierto, según sus palabras, “no genera ningún trabajo”— pertenece, lamentablemente, a esta última categoría.
No porque usted carezca de inteligencia práctica. Sería absurdo afirmarlo de alguien que llegó a La Moneda. Pero sí porque evidencia una comprensión peligrosamente rudimentaria sobre cómo se construye la civilización.
Es curioso. Usted parece exigirle a la ciencia el mismo rendimiento inmediato que un comerciante exige a una caja registradora. Como si el conocimiento debiera justificar su existencia mostrando utilidades trimestrales, contrataciones inmediatas o dividendos visibles antes del cierre contable. Bajo ese criterio, Sócrates habría sido un pésimo proyecto de inversión. Platón, un gasto inútil. Einstein, un académico improductivo jugando con ecuaciones sin retorno laboral observable. Y probablemente Newton habría tenido dificultades para pasar por Hacienda mientras perdía el tiempo debajo de un árbol mirando caer manzanas. Que decir de Kepler, cuyas leyes no dieron trabajo a nadie más allá de enseñarlas por cientos de años y ayudar a mirar el cosmos con mayor precisión.
La ironía es magnífica: usted gobierna un país cuya economía depende, precisamente, de siglos de investigación “inútil”. Desde la electricidad hasta internet; desde la resonancia magnética hasta el GPS; desde los satélites hasta la inteligencia artificial. Nada de eso nació porque un ministro preguntó cuántos empleos generaría en los próximos seis meses. Nació porque alguien tuvo curiosidad. Porque hubo Estados capaces de financiar ideas cuya rentabilidad era invisible para las mentes pequeñas y evidente para la historia.
Reducir la ciencia a empleabilidad inmediata es como evaluar una biblioteca por el peso de sus libros o medir el valor de una sinfonía según la cantidad de estacionamientos ocupados en el teatro. Es la lógica del utilitarismo miope: esa incapacidad de comprender aquello cuyo valor no cabe en una planilla Excel.
Y sin embargo, Chile invierte apenas un 0,4% del PIB en ciencia. Menos que el promedio de la OCDE, e infinitamente menos que las economías que tanto admiramos y copiamos. Somos un país que exporta cobre, desde hace más de 200 años, pero que pretende competir en el siglo XXI cuestionando precisamente aquello que podría sacarnos del subdesarrollo intelectual y productivo.
Hay algo particularmente inquietante en su discurso: la sospecha permanente hacia el pensamiento. Esa incomodidad frente al conocimiento que no puede transformarse inmediatamente en negocio. Como si la filosofía, la astronomía, la sociología o la física teórica fueran caprichos elitistas y no los cimientos mismos de la modernidad.
Resulta fascinante escuchar a un presidente preguntarse cuántos trabajos produjo un libro. El Quijote no produjo empleos inmediatos. Tampoco “La República” de Platón. Ni la teoría de la relatividad. Pero cambiaron la forma en que la humanidad piensa, organiza el poder, comprende el universo y desarrolla tecnología. Afortunadamente, la historia nunca ha dependido exclusivamente de la imaginación de los gerentes.
Quizás el problema de fondo no sea económico, sino cultural. Hay líderes que entienden que gobernar también consiste en elevar el horizonte intelectual de un país. Y hay otros que sólo saben administrar ansiedad presupuestaria disfrazándola de sentido común.
Porque sí, Presidente: el conocimiento muchas veces parece inútil… justo antes de cambiar el mundo.
Y la ignorancia, en cambio, suele parecer muy práctica… justo antes de empobrecerlo todo.
Atte., un ciudadano convencido que el conocimiento es la base del desarrollo. @MisColumnas
@marasedini ¿ En serio Ministra? Aqui le habla una mujer que ha sido objeto de muchas campañas de bullying y maltrato por las redes, con mucha ,mucha experiencia en ello. Le puedo asegurar que Ud no ha sido objeto de ninguna. No tiene idea lo que es. Evelyn Matthei en la campaña presidencial fue obejto de persecusión y Bullying digital, Ud. no ha tenido aún esa experiencia.
Ud se ha equivocado muchas veces, ha hecho mal su vocería, la crítica por el trabajo mal hecho no es lo mismo que bullying. Eso se llama hacerse la víctima. Ud no es víctima. Somos nosotros los ciudadanos las víctimas de su mala comunicación de lo que hace este gobierno, hágase cargo y no se haga la víctima.
Mi crítica a su trabajo: Le falta transmitir convicción y conocimiento de lo que habla. Lee mal los textos, no da la impresión de que sabe el tema del que habla. Es peor no sabe de historia política. No saber del asesinato de Jaime Guzman y la situación de Apablaza es para dejar helada a cualquiera. ¿Cuántos senadores han sido asesinados en Chile?
Chile ha tenido muchos muchos voceros y la ciudadanía sabe cuando un vocero es bueno y cuando es malo. Su intento de ideologizar la discusión no convence a nadie.Esto no es un problema de izquierda o derecha, hombre o mujer. es simplemente un tema de saber hacer un trabajo.
Perdón la película mental qué me estoy haciendo
Dejar la cagada en el país
Eliminar todo beneficio social
Subir todo
Esperar hasta que la gente explote
Gente sale a marchar masivamente
Intercede fuerzas armada - milicos
Se decreta estado de excepción
Kast comienza a recibir apoyo de EEUU
EEUU orquesta un golpe de estado para Chile
Culpando al comunismo otra vez
EEUU entra a Chile
@Eneatipo7@Voy_y_Revuelvo@angela_fr2 Mi teoría es que lo hacen para distraer, la verdad es que el gobierno no quiere comunicar, solo confundir. Claramente le faltan chauchas pal peso, pero es linda y confrontacional, mete ruido y distrae y eso es lo que busca Kast.
QUIEN NADA SABE, NADA TEME
Pocas frases describen con tanta precisión —y tan involuntaria ironía— el temple y arrojo exhibido por la ministra vocera de gobierno, Mara Sedini. Porque no se trata aquí de una valentía nacida del conocimiento, ni de esa serenidad que otorga el dominio de los hechos, sino de una audacia más rudimentaria: aquella que brota cuando la conciencia no alcanza a dimensionar la magnitud del error.
Decir que el barril de petróleo en España cuesta dos euros no es simplemente un desliz. Es, en rigor, una afirmación que se desploma por su propio peso, una de esas frases que no requieren expertise técnico para ser refutadas, sino apenas un mínimo sentido de realidad. Pero lo verdaderamente inquietante no es el error en sí —todos pueden equivocarse—, sino la absoluta falta de alarma interna frente a lo que acababa de pronunciar. No hubo duda, no hubo corrección, no hubo siquiera un atisbo de sospecha. Y ese es el verdadero problema.
Porque hay errores que se corrigen con datos, y otros que se desnudan con lógica. Este último pertenece a la segunda categoría. Bastaba una pausa, un segundo de reflexión, para advertir que algo no cuadraba. Pero no ocurrió. Y cuando el error no encuentra resistencia ni siquiera en quien lo emite, lo que queda al descubierto no es un lapsus, sino una precariedad más estructural.
No es un episodio aislado. Ya le hemos escuchado frases que oscilan entre lo contradictorio y lo incomprensible: “razones felices” que producen “noticias tristes”, y compromisos de “cumplir promesas cumplidas”, entre otros muchos bizarros comentarios.
A ello se suma una retórica vacilante, un léxico limitado y una construcción argumental que parece avanzar a tropiezos, como si cada idea llegara tarde a su propia formulación.
Pero reducir esto a una crítica personal sería un error de diagnóstico. La vocería de gobierno no es un rol ornamental ni un ejercicio de improvisación verbal: es la traducción política del poder, la arquitectura discursiva de una administración. Es el lugar donde el gobierno se piensa en voz alta. Y cuando esa voz titubea, se contradice o simplemente se extravía, lo que se pone en cuestión no es sólo a quien habla, sino a aquello que representa.
Lo que se observa no es únicamente una ministra errática, sino el síntoma visible de un gobierno tensionado, inexperto y, por momentos, desorientado. Un gobierno que parece confundir volumen con contenido, y que apuesta a que la abundancia de palabras catastrofistas pueda suplir la escasez de ideas. Sin embargo, la opinión pública tiene una tolerancia limitada a ese tipo de artificios. Puede perdonar errores, incluso torpezas, pero difícilmente perdona la sensación persistente de estar siendo subestimada.
La vocería exige algo más que presencia mediática: exige densidad, precisión, criterio. Debe transmitir control cuando hay incertidumbre, claridad cuando hay ruido, y solvencia cuando todo lo demás tambalea. Es el termómetro emocional de un gobierno, el indicador más visible de su estado interno. Y hoy, ese termómetro marca fiebre.
No sería extraño que, en los pasillos del poder, ya se evalúen alternativas. Cambiar a la vocera temprano puede parecer precipitado, pero sostenerla en medio de errores reiterados puede resultar más costoso aún. El dilema no es menor: corregir a tiempo o administrar un deterioro progresivo.
Si esto fuera un partido de fútbol, apenas han transcurrido los primeros 48 segundos. Pero ya hay descoordinación, pases erráticos y jugadores que aún no tocan el balón. Y aunque los cambios siempre son posibles, hay algo que no se sustituye con facilidad: la credibilidad.
Gobernar no es un panel de televisión donde la improvisación puede disfrazarse de estilo. Gobernar es, entre otras cosas, entender el peso de cada palabra. Porque cuando el lenguaje se vacía de sentido, el poder comienza a vaciarse de legitimidad. Y en ese terreno, la ignorancia no es sólo un defecto: es un riesgo político de proporciones. @MisColumnas
La inteligencia artificial está reescribiendo la infancia sin pedir permiso. Cada niño vive rodeado de máquinas que saben qué lo calma, qué lo divierte y qué lo engancha. Nunca había existido una infancia tan personalizada… ni tan vulnerable. Estamos creando una generación que crece acompañada por algoritmos que todo lo conceden, incluso aquello que ningún adulto responsable validaría. Si no entendemos esta transformación ahora, vamos a despertar demasiado tarde.
Porque el riesgo no es sólo lo que ven, sino lo que dejan de vivir. Una IA que siempre dice “sí” reemplaza la incomodidad, el conflicto, el desacuerdo, la paciencia, la espera… todo aquello que antes formaba el carácter. Si dejamos que la niñez quede atrapada en burbujas hechas a la medida —emocionales, educativas, sociales— vamos a producir adultos brillantes pero frágiles, hipersatisfechos pero incapaces de enfrentar el mundo real. La verdadera amenaza no es la tecnología, sino la renuncia a la experiencia humana.
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