📍Venezuela, La Guaira │ LA ZONA CERO NO SE CUENTA SOLA
Óscar Ramírez, periodista mexicano que documentó la zona cero del terremoto, relató escenas que no entran fácil en un titular.
Personas sin herramientas buscando a sus familiares con las manos. Rescatistas pidiendo maquinaria. Funcionarios armados observando. Y una cobertura marcada por presión, miedo y control.
Según su testimonio, llegó a ver cuerpos atrapados en condiciones críticas y familias desesperadas sin poder avanzar porque necesitaban equipos pesados.
También denunció que le habrían confiscado el teléfono y obligado a borrar imágenes. Ese punto sigue en verificación, pero el contexto de restricciones a periodistas en La Guaira sí ha sido documentado por organizaciones de libertad de expresión.
📌 Familias buscando entre escombros.
📌 Rescatistas sin maquinaria suficiente.
📌 Cobertura bajo presión.
📌 Testimonio periodístico en verificación.
La frase que resume el golpe es brutal: dijo que fue una de las experiencias más inhumanas de su carrera.
#Venezuela #TerremotoVE
Este es Israel, el joven que tras los terremotos se montó en un autobús desde Puerto Ordaz hasta Vargas, y se ofreció como traductor de inglés y japonés en varias delegaciones de rescatistas, hasta que el Reino Unido🇬🇧 lo aceptó como intérprete.
Óiganlo y enorgullézcanse.
🙌🏻🇻🇪
¿Por qué los edificios de #LaGuaira se cayeron? Francisco Lermanda de los Topos de Chile da una explicación con base a los testimonios que encontró en las zonas afectadas por el doble terremoto del 24 de junio
Widespread damage in La Guaira, Venezuela, seen in these new satellite photos from @vantortech
These neighborhoods are just 10 miles north of central Caracas
"She climbed into an unarmed fighter jet with orders to ram a hijacked Boeing 757—knowing she wouldn’t survive. She was 26 years old, and she had approximately eight minutes to accept her own death.
Andrews Air Force Base, Maryland. September 11, 2001. 10:00 AM.
First Lieutenant Heather “Lucky” Penney was in the air on a routine training flight when the order came through: return immediately. America is under attack.
When she landed, everything had changed. Both Twin Towers were burning. The Pentagon had been hit. And more hijacked planes were still in the sky.
Then came the worst part—there were no missiles loaded on her F-16. It was a training aircraft. No live weapons. Nothing capable of stopping a passenger jet.
Only one option remained.
“Penney, Sasseville—suit up. NOW.”
Within minutes, she and her commander were sprinting to their jets. Ground crews were still removing safety pins as intelligence came in: another hijacked plane, Flight 93, possibly headed for Washington.
The White House. The Capitol. No one knew which.
But someone had to stop it.
As she climbed into her cockpit, a crew chief looked at her and quietly said, “Good luck, ma’am.” Neither of them said what they both understood.
If they found the aircraft, they might have to ram it.
There would be no second chance. No ejection that could save her. Only impact.
On the radio came the order that defined everything:
“Stop that aircraft by any means necessary.”
She didn’t ask for clarification.
There wasn’t time.
Moments later, her F-16 roared down the runway and lifted into the sky. Within seconds, she was flying over Washington at supersonic speed—sonic booms shaking the city below like distant thunder.
Smoke still rose from the Pentagon.
She searched the sky for a Boeing 757 she might have to destroy with her own jet.
But 200 miles away, something else was happening.
Passengers on Flight 93 had already made their own impossible choice.
They stormed the cockpit.
At 10:03 AM, the plane crashed into a field in Pennsylvania.
All 44 people aboard died—but Washington was saved.
Heather never had to complete her mission.
She circled the capital for hours afterward, protecting a city that had already been spared by strangers who refused to be victims.
When she finally landed, the crew chief was waiting. He looked at her and said quietly, “I didn’t think I’d see you again.”
Neither had she. "
Ingenieros venezolanos con décadas de experiencia en el SEN están analizando el acuerdo IMPSA-Corpoelec en detalle.
No desde afuera. Desde adentro.
Sus números confirman lo que muchos sabemos y sus advertencias son dignas de ser consideradas.
Primero, lo que confirman.
El costo estimado para la Fase I del acuerdo, las tres unidades de Macagua I (3x80 MW = 240 MW) más las dos primeras turbinas de Tocoma (2x216 MW = 432 MW), oscila entre $80 y $150 millones dependiendo del nivel de obsolescencia que se encuentre en los equipos.
Para terminar Tocoma al 100%, desde el 87% actual hasta el 100%, los estimados van desde $900 millones según el Ing. César Cardozo, uno de los sobrevivientes de EDELCA, hasta más de $2.000 millones según otros expertos.
La diferencia importa porque esos recursos adicionales tendrán que venir de capital privado internacional bajo la nueva LOSSE.
El acuerdo está estructurado correctamente desde el punto de vista financiero. Los fondos se manejan desde EE.UU. a través de dos cuentas segregadas en formato de fideicomiso, una para Tocoma y otra para Macagua, con recursos liberados del Estado venezolano en el exterior.
IMPSA cobra por hito terminado, previamente auditado y autorizado. No hay anticipos. Los bancos custodios americanos liberan el dinero directamente al proveedor conforme se certifiquen los avances de obra. El dinero no toca el Banco Central de Venezuela.
IMPSA tiene una ventaja técnica que pocos tienen: es el diseñador original de las turbinas Kaplan de doble regulación de Tocoma y las turbinas Francis de Macagua I. Tiene los planos y las patentes. Eso reduce el riesgo de ingeniería y justifica que puedan reemplazar componentes obsoletos con tecnología nueva. También contempla un sistema SCADA en Tocoma que transmitirá datos en tiempo real del comportamiento de las turbinas de forma remota.
Ahora las advertencias que nadie está publicando.
El eslabón más débil del acuerdo no es IMPSA. Es Corpoelec.
Corpoelec tiene dos responsabilidades críticas que no puede delegar a IMPSA: las reparaciones civiles y estructurales de lo que dejó inconcluso el consorcio OIV, incluyendo remoción de sedimentos, mantenimiento del concreto deteriorado y sellado de filtraciones en la presa.
La reposición y puesta a punto de la subestación Tocoma de 400 kV, que fue parcialmente desmantelada por la propia Corpoelec. Se retiraron equipos de potencia del patio, esquemas de protección digitales y la subestación ha sufrido robo de cable de control y deterioro de tableros. Todo el equipamiento es Siemens y la firma española TSK fue contratista responsable. Tenía más del 90% de avance cuando fue desmantelada.
Si Corpoelec no cumple sus trabajos en tiempo, IMPSA se lava las manos y cobra gastos de paralización por retrasos imputables al contratante. Eso significa dinero gastado en penalidades en lugar de megavatios.
Otro problema real: la brecha generacional de ingeniería.
Los ingenieros que construyeron Guri, Macagua y Caruachi en los años 70, 80 y 90, los llamados sobrevivientes de EDELCA, tienen entre 65 y 85 años hoy. Quedan aproximadamente 140 en todo el país.
Son los únicos con el conocimiento profundo para supervisar una obra de la complejidad de Tocoma. Se habla de crear un Consejo Consultivo Senior de entre 25 y 40 de estos ingenieros, pagados a través de las mismas cuentas internacionales del proyecto. Esa es la solución correcta. Pero no existe todavía.
Dicha solución es similar en naturaleza a mi propuesta de conformar el GERSEN. Grupo de Emergencia para la Recuperación del Sistema Eléctrico Nacional.
Y el impacto real sobre los apagones merece calibración honesta.
Añadir generación en el Bajo Caroní mejora el sistema, pero no de manera uniforme en todo el país. El experto lo dice con precisión: la mejora se notará más fundamentalmente en el oriente del país. Las restricciones de transmisión existentes en la línea de 765 kV no desaparecen con más generación en Guri.
Ya se están violando los límites de transmisión todos los días. Inyectar más MW en el Bajo Caroní sin resolver el cuello de botella de transmisión tiene efectos limitados sobre el racionamiento en Caracas, en el centro y en el occidente del país.
Eso es precisamente el argumento de fondo para la minería de Bitcoin industrial co-localizada en el Bajo Caroní.
Cada MW que un centro de minado absorbe en las inmediaciones de Guri es un MW que no tiene que viajar 800 kilómetros por una línea que ya está al límite. Es electricidad convertida en dólares en sitio, sin tocar la transmisión, sin afectar a ningún hogar y atrae más capital para la reconstrucción del SEN.
Esos dólares pueden financiar parte de las licitaciones privadas bajo la nueva LOSSE que necesita Corpoelec para terminar Tocoma del 87% al 100%. Porque si la ANDE en Paraguay genera el 60% de sus ingresos con 1 GW de minería de Bitcoin, Corpoelec y Venezuela pueden hacerlo también.
GE Vernova reconstruye las termoeléctricas. IMPSA termina Tocoma. La minería de Bitcoin monetiza el excedente que la transmisión no puede llevar al norte mientras todo eso ocurre.
Tres procesos en paralelo. Los tres necesarios y complementarios.
FIN. 🇻🇪⚡₿
Delcy dice que "hay que evitar la politización de la justicia penal". Lo dice allí frente a Diosdado, sin despedirlo. Lo dice, mientras acusan a María Corina de narcotraficante, por haber hecho política contra ellos. Lo dice, porque cree que los venezolanos somos pendejos.
@bsmarinos soy la mamá de Hugo Marino les quiero pedir un gran favor ayúdenme a q el régimen me de FE DE VIDA de mi hijo ayúdenme a presionar para q me respondan y no sigan escondiendo la desaparición forzada de mi hijo debo encontrar la verdad por favor no me dejen sola gracias
El papel los pone en evidencia.
Un documento supuestamente expuesto a la intemperie en Caracas durante casi un año no debería conservar, en una de sus zonas, blancura, rigidez, nitidez tipográfica y estabilidad estructural como si hubiese sido colocado mucho después.
Entre agosto de 2025 y mayo de 2026, ese papel habría enfrentado lluvia, humedad nocturna, sol tropical, radiación UV, condensación, evaporación, expansión y contracción de fibras. En otras palabras: un castigo físico constante. Un papel bond común, sometido durante meses a ese ciclo, no envejece selectivamente por cortesía del texto impreso.
La anomalía es evidente: una parte aparece desgastada, desprendida y frágil; la otra conserva una limpieza incompatible con el mismo tiempo de exposición. Eso no prueba por sí solo una falsificación, pero sí exige una pericia seria. pH del papel, espesor, degradación de fibras, comportamiento del tóner, interlineado, huella mecánica de impresión y análisis microtopográfico.
Lo que está en juego no es una curiosidad material. Es la posible manipulación de una pieza vinculada a un caso de enorme gravedad humana y política.
Si el documento fue alterado, intervenido o completado después, estamos ante algo mucho más grave que una irregularidad: estaríamos ante la fabricación de una apariencia documental para encubrir responsabilidades.
El papel puede mojarse, romperse y amarillear.
Lo que no puede hacer es mentir tan ordenadamente sin que alguien lo haya ayudado.
Debe practicarse una experticia forense independiente.
Porque en Venezuela ya no basta preguntar qué dice un documento.
Hay que preguntar cuándo fue escrito, quién lo escribió, bajo qué condiciones y para encubrir qué verdad.
#Venezuela #VíctorHugoQuero #DerechosHumanos #Justicia #Forense #TarekWilliamSaab #PresosPolíticos