Qué dolor esa parte de en la que José Arcadio reclama por los trabajadores y el gringo le responde que le están metiendo ideas comunistas.
Gabo retrató algo que sigue vivo: a quien pide dignidad, salario justo o derechos laborales, el poder intenta callarlo llamándolo comunista.
¿de dónde salió ese ritual de humillación, referente a poner a la gente a escribir una carta y hacer un video, explicando por qué quieren trabajar en una empresa? Coman mucha mierda.
Te explico:
Ser ateo significa no creer en dioses. Eso no obliga a negar que en el siglo I existiera un predicador judío carismático sobre el que después se construyó una figura cada vez más extraordinaria (mitificación). Una cosa es el hombre y otra el mito que creció alrededor de él.
En aquella época abundaban líderes itinerantes que anunciaban el fin inminente, criticaban a las autoridades y reunían seguidores. El ambiente estaba cargado de mesianismo: mucha gente esperaba un enviado de Dios que restaurara a Israel. En ese caldo de cultivo, un predicador con cierto impacto no era raro (incluso actualmente los hay). Lo que sí era previsible era que, una vez muerto de forma humillante, sus partidarios reinterpretaran su vida para que encajara con lo que ya creían.
La mitificación no suele nacer de un plan frío. Empieza en la tradición oral. Quienes lo habían oído o seguido cuentan y recuentan lo que recuerdan (clínica del rumor). Cada repetición selecciona, embellece y explica. Un dicho memorable se vuelve más redondo. Un gesto de autoridad se convierte en milagro. Un fracaso —la crucifixión— se transforma en cumplimiento de un plan divino. La comunidad no transmite un informe neutral; transmite una fe. Y la fe necesita sentido. Por eso el relato se llena de rasgos que el personaje histórico probablemente nunca tuvo: poderes sobre la naturaleza, dominio sobre enfermedades y demonios, conocimiento sobrenatural, un origen excepcional. ¿Nunca jugaste al teléfono roto?
Cuando esos relatos pasan a la escritura, el proceso no se detiene: se cristaliza y se amplifica. Distintos grupos recogen tradiciones distintas, las ordenan, las armonizan con textos antiguos y las cargan de significado teológico. El nacimiento deja de ser el de un niño cualquiera y se vuelve virginal. La muerte deja de ser una ejecución romana y se vuelve sacrificio redentor. La tumba vacía —si es que hubo un relato temprano de ese tipo— se convierte en aparición gloriosa y luego en subida al cielo. Cada capa añade lo que la anterior aún no decía con suficiente fuerza.
Eso no hace único a Jesús. Muchos personajes carismáticos de la antigüedad acabaron rodeados de prodigios, genealogías sagradas y finales milagrosos. La diferencia es que, en este caso, la tradición oral y escrita tuvo siglos para crecer, rivalizar, unificarse y convertirse en el relato dominante. El resultado es una figura que ya no se parece al predicador apocalíptico que pudo existir, sino a un ser divino que hace lo que ningún ser humano puede hacer.
Por eso un ateo puede aceptar sin contradicción que hubo un Jesús histórico y, al mismo tiempo, rechazar por completo al Cristo de los milagros y a Dios padre. Los milagros, la filiación divina, la resurrección y la ascensión no son el núcleo histórico; son el producto de una tradición que, de boca en boca y de texto en texto, convirtió a un hombre en mito.
Eso es un mito: como la llorona, el Mohán, la pata-sola o la Madre Monte.
@acosta_puerta Bebé, en Colombia habemos ateos, pero también cristianos, católicos, evangélico, y la reducida población del 0,01 porciento de judios... y así de cuanta iglesia de garage se invetan, y de esta manera se debe respetar las creencias de cada una de las personas que habitamos aquí
@BrotherofHomer No estoy de acuerdo con la remodelación, pero si se me hace muy jodido que mi casa valga un cojonal de plata y no puedo hacer lo que se me de la gana con ella
Vamos a estar muy atentos. Estamos evacuando trámite administrativo para analizar cómo proceder ante el más reciente espectáculo irrespetuoso de la laicidad ocurrido el día de ayer.
Un presidente no es elegido para desafiar la constitución ni para cometer fraude a resoluciones judiciales, es elegido para ser garante de la constitución y las leyes.