< Reafirma, volviendo a erguirse.
— Siempre puedes preguntarle a algún residente de Draelon sobre este animal u otros… ¿no le interesan los dragones, por ejemplo?
Inquiere entonces, admirando al Hijo de Cambio con una mirada curiosa.
Lucivern puede entusiasmarse cuanto desee, porque siempre le ha encantado la sensación de aprender algo nuevo. Es por eso que presta atención a la información dada por éste, resultándole curiosa la adaptación de la criatura, comprensible teniendo en cuenta el gélido ambiente. >
< Asiente a medida que el contrario habla, y una vez le muestra la caricatura que aparece en el libro, se inclina para contemplarlo mejor.
— Está bastante bien logrado… —indica, refiriéndose a la ilustración mencionada—, y lo cierto es que es un insecto interesante. >
Adaptándose al horario del guardia real, ya que coincide con el propio, asiente con suavidad.
— Por supuesto, ahí le encontraré —añade, volviendo a sonreír—, en el patio de entrenamiento.
También tendría que buscar a algún integrante de Draelon que le ayudara con un dragón… >
Su mirada coloca primero en el libro que Lucivern trae consigo, y tan pronto como escucha el dato proporcionado, sus cejas alza con un deje de asombro. No obstante, en ningún momento manifiesta desagrado al respecto, encontrándolo adorable.
Mantiene una pequeña sonrisa >
< en su rostro, en lo que continúa observando al contrario.
— Puede contarme más sobre esos insectos. Interpreto que deben resistir las bajas temperaturas.
Inquiere, ya que tiene entendido que Draelon es un lugar gélido. Aún así, contesta de todas maneras lo siguiente. >
Entiende la sensación de Mikaere. En su estancia en Corinthia, había encontrado aburrido ciertos días donde no tuvo mucho que hacer, como por ejemplo, durante el patrullaje…
… Pesa sensación.
Sea como sea, aunque le habría encantado aceptar la propuesta del hombre, >
< no va a ser posible.
— Ahora mismo me encuentro cansado, ya que he estado entrenando todo el día… pero durante el día de mañana, me tiene totalmente disponible.
Pronuncia, curvando sus labios en una suave sonrisa. A fin de cuentas, ya lo comentaron en su momento, >
Reverencia formal le concede a Lucivern, aunque se permite curvar sus labios en una inocente sonrisa, además de suave.
— He descansado estupendamente —afirma, siendo honesto en todo momento—, espero que usted también descansara muy bien.
Había sido una noche abrumadora >
< es por intentar que la conversación no se torne muy… trivial. Acto seguido, ladeando su cabeza, pregunta devuelve.
— ¿Qué me dice de usted? ¿Todo en orden?
A Mikaere saluda con un cabeceo educado, a la par que le observa con atención.
— Me encuentro perfectamente —contesta con naturalidad, mirando al contrario—. Estuve entrenando, y en un rato me dispondré con mis oraciones antes de descansar.
Su informe, simplemente, >
Ha sido un día un tanto cansino, ya que ha estado entrenando para despejar la mente. No obstante, antes de ir a dormir decide dar un paseo, por lo que termina apareciendo por el pasillo, donde se encuentra con dos rostros conocidos.
— Buenas noches.
Sus manos permanecen >