Gran noticia: bajará la bencina después de que ya subió el IPC, la UF y todo lo que está indexado a ella: arriendos, dividendos, seguros, salud, educación, leasing, peajes, etc.
En Chile la inflación no pasa y se olvida: se capitaliza en UF y queda cobrando todos los meses. Mientras tanto, los salarios reales siguen comprimiéndose y alcanzan cada vez menos.
Es como avisar que llegó el bombero cuando la casa ya se quemó… y además te reajustaron el dividendo por el incendio.
Hoy se cumplen 52 años desde que los Registros Electorales fueron destruidos en 1974, por orden de la dictadura, luego de que el entonces Director del SERVEL se resistiera a hacerlo durante casi ocho meses.
Lo que señaló Pavez es por cierto una falacia absoluta que vale la pena aclarar.
Los países más desiguales del mundo, según el índice de Gini más reciente disponible (escala 0–1, donde valores cercanos a 1 implican más desigualdad), se concentran casi todos en África y un resto en América Latina.
Top mundial por desigualdad de ingreso:
Tomando como referencia los rankings recientes (World Bank, Our World in Data, Statista y compilaciones 2024–2026), los países que suelen aparecer con Gini ≥ 0,55–0,60 son:
•Sudáfrica (≈0,63) – el más desigual del mundo en la mayoría de los listados.
•Namibia – alrededor de 0,58
•Surinam – en torno a 0,57
•Zambia – cerca de 0,57.
•Mozambique – alrededor de 0,56.
•República Centroafricana – alrededor de 0,56.
•Brasil – suele situarse en 0,53–0,55.
•Colombia – alrededor de 0,53–0,55.
•Panamá – sobre 0,52–0,53
•Guatemala – en torno a 0,52.
En los rankings de los 20 países con mayor desigualdad, todos se ubican en África o en América Latina y el Caribe y distan absolutamente de ser naciones prósperas como cita el próximo subsecretario del interior.
Afirmar que las naciones más desiguales son las más prósperas es una falacia, ya que los países con mayor desigualdad (alto Gini) como Sudáfrica o Namibia tienen bajo PIB per cápita, mientras que las naciones prósperas (alto PIB pc) como Noruega o Suiza exhiben baja desigualdad.
Evidencia de la correlación inversa
Estudios empíricos muestran que, en general, a mayor PIB per cápita menor es el índice de Gini, confirmando una tendencia hacia la igualdad con el desarrollo económico.
•Países nórdicos (Gini ~0,26–0,28, PIB pc >50.000 USD) lideran en prosperidad y equidad.
•En contraste, los más desiguales (Gini >0,50) son mayoritariamente pobres: Sudáfrica (Gini 0,63, PIB pc ~7.000 USD), Zambia o Mozambique.
La curva de Kuznets sugiere que la desigualdad puede subir inicialmente en etapas tempranas de desarrollo, pero luego baja en economías maduras.
Lo que menciona Pavez es absolutamente falaz. Aunque algunos argumentan que la desigualdad incentiva innovación y crecimiento en países ricos (sin reducir prosperidad general), en los más desiguales no genera prosperidad colectiva: altos Gini correlacionan con menor movilidad social, mayor pobreza y menor crecimiento sostenido. No hay causalidad de desigualdad hacia prosperidad; al revés, el crecimiento reduce desigualdad con el tiempo.
Que ningún medio haya hecho la aclaración es grave, porque no toda aseveración hecha por un político es necesariamente cierta, pues, una cosa es mentir deliberadamente y otra adolecer de una imperdonable ignorancia, y ambas son igualmente preocupantes.
EL TRANSHUMANISMO
Durante miles de años la humanidad luchó contra los límites impuestos por la naturaleza. Inventó herramientas para multiplicar la fuerza, desarrolló la medicina para combatir enfermedades, creó la agricultura para vencer el hambre y construyó máquinas para superar las barreras del tiempo y la distancia.
El transhumanismo sostiene que el siguiente paso ya no consiste en modificar el entorno, sino en modificarnos a nosotros mismos.
Es una corriente filosófica, científica y tecnológica que propone utilizar la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la nanotecnología, las neurociencias, la robótica y la biotecnología para ampliar las capacidades humanas. En otras palabras, dejar de aceptar a nuestra especie como un producto terminado.
La idea fue planteada por Julian Huxley en 1957 y adquirió fuerza con pensadores como Nick Bostrom. Su premisa es simple y disruptiva: la naturaleza humana no constituye un destino, sino una plataforma susceptible de ser mejorada, una escala en el viaje.
Los ejemplos ya existen. Prótesis neuronales que permiten recuperar movilidad, implantes cocleares que devuelven la audición, interfaces cerebro-computador capaces de traducir pensamientos en comandos digitales y herramientas como CRISPR, que prometen corregir enfermedades hereditarias. La frontera entre curar y mejorar comienza a desdibujarse.
Pero el transhumanismo no pretende únicamente sanar. Aspira a optimizar.
Imagina una memoria prácticamente perfecta, capacidades cognitivas potenciadas, órganos fabricados mediante bioingeniería, envejecimiento retrasado y una expectativa de vida muy superior a la actual. Algunos incluso plantean transferir la conciencia humana a soportes digitales —el mind uploading— para alcanzar una forma de inmortalidad informática.
Aquí surge la primera gran pregunta: ¿seguirá siendo humano quien reemplace progresivamente sus componentes biológicos por tecnología?
Desde una perspectiva ingenieril, el planteamiento parece lógico. Toda tecnología busca eliminar restricciones. Si podemos reemplazar un corazón, restaurar la visión o recuperar una médula dañada, ¿por qué detenernos allí? La ingeniería rara vez distingue entre reparar y optimizar; busca soluciones más eficientes.
Sin embargo, la sociología incorpora una variable que la tecnología suele subestimar: toda innovación altera las relaciones de poder.
La historia demuestra que las revoluciones tecnológicas nunca distribuyen sus beneficios de manera homogénea. Si mejorar la inteligencia, la salud o la longevidad depende del poder adquisitivo, el riesgo ya no será solo una desigualdad económica, sino una desigualdad biológica. Podrían coexistir seres humanos mejorados y no mejorados, separados por una brecha más profunda que cualquier diferencia social conocida.
La segunda interrogante resulta aún más inquietante. Muchas de nuestras virtudes nacen precisamente de nuestras limitaciones. La empatía surge porque conocemos el dolor; la solidaridad, porque somos vulnerables; la creatividad, por la escasez; y el sentido de urgencia, porque sabemos que la vida termina.
Paradójicamente, podríamos resolver problemas médicos extraordinarios mientras abrimos dilemas existenciales nuevos.
La discusión ya no consiste en determinar si esta transformación ocurrirá. Ya comenzó. La verdadera pregunta es quién establecerá sus límites: ¿los científicos, las empresas tecnológicas, los gobiernos, los mercados o la propia sociedad?
Porque toda capacidad tecnológica termina convirtiéndose, tarde o temprano, en una decisión política.
Quizá el error sea creer que el transhumanismo trata sólo de chips o genética. En realidad, nos obliga a responder una pregunta mucho más antigua que cualquier algoritmo: ¿qué significa ser humano?
Tal vez el mayor desafío del siglo XXI no sea construir una inteligencia artificial superior, sino conservar nuestra inteligencia moral mientras adquirimos poderes que ninguna generación anterior imaginó.
@MisColumnas
GRACIAS POR SU SERVICIO…
AHORA RETÍRESE SIN MOLESTAR
Hay una sinceridad brutal en ciertos lapsus del poder. Un momento en que el maquillaje tecnocrático se corre, el PowerPoint se cae al suelo y aparece, desnuda, la verdadera concepción que algunos tienen de las personas. Esto ocurrió cuando el economista David Bravo, al explicar los costos de despido desde la mirada empresarial, terminó diciendo que “cada persona es un cacho”. Y aunque después llegaron las explicaciones y los “no quise decir eso”, la frase ya había cumplido su función: revelar lo que muchos piensan cuando creen que nadie los escucha.
En la liturgia empresarial contemporánea el trabajador es celebrado mientras produce. Ahí sí aparecen las campañas motivacionales, los discursos sobre “capital humano”, las fotos sonrientes en redes y las charlas sobre liderazgo empático con coffee break incluido. El trabajador es “parte de la familia”, “el motor de la empresa”, “el corazón de la organización”. Hasta que envejece, se enferma, exige derechos o simplemente deja de ser rentable. En ese instante, se transforma en pasivo laboral. La familia pasa a ser un costo. Y el trabajador, un cacho.
La paradoja es grotesca. Los sectores que se llenan la boca hablando de mérito, esfuerzo y cultura del trabajo, son capaces de reducir una persona a una molestia contable cuando llega el momento de despedirla. Como si el trabajador fuera un insumo desechable. Como si detrás de cada contrato no hubiera una vida completa: hijos, deudas, sueños, enfermedades, estudios y décadas de esfuerzo levantando precisamente las utilidades que hoy permiten a algunos dar entrevistas sobre “flexibilización”.
Resulta fascinante escuchar a economistas hablar del empleo con la misma sensibilidad emocional con que un frigorífico explica la temperatura del hielo. Hablan de personas como piezas intercambiables de LEGO.
Si pudieran, medirían el alma en indicadores trimestrales y pondrían a licitación la dignidad humana para mejorar la productividad.
Y después preguntan por qué existe desconfianza hacia las élites empresariales.
El problema no es solamente una frase desafortunada. Es la concepción del mundo. Una donde el trabajador vale mientras sirve y sobra cuando reclama. Una lógica utilitaria donde los derechos laborales aparecen como obstáculos contra la eficiencia, y no como conquistas civilizatorias construidas tras décadas de abusos y desigualdad.
Porque conviene recordar algo elemental: el trabajo no es únicamente una variable económica. Es identidad, integración social, estabilidad familiar y dignidad humana. El empleo sostiene barrios completos, financia estudios, cuida adultos mayores y permite construir comunidad. Detrás de cada sueldo hay familias enteras dependiendo de ese ingreso. Reducir todo a un “cacho” no es tecnocracia; es deshumanización con corbata y lenguaje académico.
Y hay algo todavía más irónico: muchos de quienes hoy consideran un estorbo indemnizar trabajadores son exactamente quienes construyeron fortunas gracias a esos mismos trabajadores. Ningún empresario levanta una empresa solo. La riqueza la producen miles de personas levantándose temprano, viajando horas, soportando estrés y sosteniendo el funcionamiento cotidiano del país. Pero cuando llega la hora de repartir dignidad, algunos prefieren quedarse únicamente con las utilidades.
Quizás el verdadero “cacho” para ciertos sectores no sean los trabajadores, sino la idea misma de que las personas tengan derechos. Que exista legislación laboral. Que la sociedad todavía conserve la peligrosa costumbre de considerar a los seres humanos más importantes que los balances trimestrales.
Lo más ofensivo de todo esto, es lo que se transmite a quienes hoy estudian y sueñan con aportar al país. Se les dice, en el fondo, que su valor humano depende exclusivamente de su rentabilidad. Que mientras produzcan serán celebrados, pero que cuando dejen de servir pasarán a ser un problema administrativo. Una carga. Un cacho.
@MisColumnas
No se puede decir que en Chile no hay libre mercado. Está todo a la venta: fiscales, fallos, ministros de la suprema, senadores, la ANI, la PDI, los notarios, etc. Da para preguntarse qué país estamos construyendo y cuales deberían ser las prioridades del gobierno.
El derecho a la propiedad, también la intelectual. Cecilia Echenique lo dice muy bien.
La inteligencia artificial no tiene derecho a minar/usar gratuitamente la propiedad. Esa discusión viene y limita la IA.
No es efectivo que el @gorearaucania haya comprometido recursos para el plan de subsidios al empleo, como afirmó el ministro @DanielMasValdes. No ha existido conversación ni compromiso alguno. Le solicito rectificar públicamente.
El empleo es un tema demasiado sensible para las familias de nuestra región como para anuncios sin respaldo. Estamos siempre disponibles para dialogar con el Gobierno, pero de manera seria y responsable.
ADMINISTRAR EL DESCONTENTO
El Gobierno de José Antonio Kast descubrió en sólo 115 días una verdad elemental de la política: ganar una elección no convierte a nadie en estadista. A veces sólo convierte un eslogan en Presidente.
La derecha celebró el triunfo como si hubiese llegado Winston Churchill en un tanque a rescatar Occidente de las garras del marxismo leninismo vegano interseccional. El problema es que, una vez apagados los cánticos, apareció la realidad. Y la realidad tiene la desagradable costumbre de no leer Twitter ni escuchar podcasts libertarios.
Kast prometió orden, crecimiento, autoridad y eficiencia. Cuatro meses después, el país parece una pyme administrada por YouTubers que confundieron gobernar con comentar indignados frente a una cámara.
Las cifras son brutales.
La aprobación presidencial cayó al 35% y la desaprobación supera el 54%. El problema no es sólo la caída. Es la velocidad del derrumbe. Ni siquiera Sebastián Piñera, experto mundial en autodestruir capital político, logró deteriorarse con semejante eficiencia en tan poco tiempo.
El Gobierno prometió crecimiento y entregó IMACEC negativos, desempleo al alza, caída del consumo y una ciudadanía cada vez más angustiada por la economía. Resulta conmovedor escuchar al Presidente descubrir ahora que Chile tiene “una enfermedad económica”. Lo fascinante es que llegaron prometiendo la cura definitiva y terminaron enfermando a un paciente que estaba sano.
Mientras tanto, el ministro de Hacienda insiste con la soberbia del converso iluminado. Jorge Quiroz parece convencido de que la economía funciona igual que una planilla Excel presentada en un seminario empresarial. El problema es que los países no son powerpoints y la gente no come gráficos de barras.
Pero el deterioro no se explica sólo por la economía. Existe un problema más grave: la sensación de amateurismo permanente. El Gobierno transmite la imagen de un grupo que pasó años diciendo “cómo hacerlo” y descubrió demasiado tarde que administrar un Estado exige algo más complejo que slogans, moralina y TikToks de seguridad ciudadana.
Ahí está Trinidad Steinert, la exministra de Seguridad que logró la hazaña de durar apenas 69 días antes de terminar cuestionada por exceder sus atribuciones. O el desfile de seremis renunciados, cuestionados o expulsados por corrupción, improvisación o positivos en test de drogas. Porque el Gobierno que venía a restaurar los valores terminó funcionando como casting rechazado de reality político.
Y qué decir de las vocerías.
El Ejecutivo parece haber descubierto una innovadora estrategia comunicacional: esconder ministros para evitar que hablen. Cada aparición pública se convierte en una ruleta rusa intelectual donde nadie sabe qué frase absurda saldrá disparada.
Kast insiste en culpar al gobierno anterior con la perseverancia de un alumno mediocre que en julio todavía explica sus malas notas por culpa del profesor del semestre pasado. La excusa ya no sólo está agotada; empieza a ser humillante. Porque gobernar no consiste en administrar resentimientos.
Y allí radica el problema. El país ya sospecha algo incómodo: que detrás de la retórica de firmeza no había capacidad técnica, ni plan, ni experiencia ni liderazgo real. Había marketing político, furia identitaria y una extraordinaria habilidad para explotar el miedo.
Pero el miedo tiene fecha de vencimiento. Sobre todo cuando el supermercado sigue subiendo, el empleo desaparece y la épica anticomunista no paga cuentas.
La ciudadanía puede tolerar promesas incumplidas, frases vacías y cinismo. Lo que no tolera es que la traten de idiota. Y si este gobierno ha pecado diariamente en estos 115 días, es precisamente de eso.
Por ello el 35% actual no parece piso: parece escala. Porque cuando incluso parte de quienes compraron el relato empiezan a bajarse del tren, lo que queda ya no es adhesión política. Es militancia religiosa.
Y ningún gobierno sobrevive demasiado tiempo gobernando sólo para fanáticos.
@MisColumnas
🚨🗣️ Vozinha:
"I'm devastated because I feel our players deserved better. We came here to compete against Argentina, not to spend the entire match wondering whether every big decision would go against us."
"When you're on the pitch, you can accept mistakes. But when those mistakes keep leaving one team feeling helpless, it's impossible not to ask questions. The World Cup should be decided by football, nothing else."
"This tournament is watched by the entire world. Even people who only watch football every four years can see when something doesn't feel right. That's dangerous for the credibility of the game we all love."
"I just hope one day every nation, big or small, gets exactly the same treatment. That's all any player can ask for."
Para con el ex ministro Nicolás Grau no hubo piedad alguna de parte de la derecha de Kast Kaiser, Pamela Jiles y de varios en ChileVamos para acusarlo constitucionalmente.
Incluso sabiendo que su acusación no tenía sentido.
El destino quizo que hoy, a través de la propia @Contraloriacl, nos diga que la ex ministra de seguridad Trinidad Steiner incumplió de manera flagrante a sus obligaciones constitucionales.
Es decir hizo todo lo que amerita una AC.
¿Y que dice la derecha ahora ?
Que es solo un error, que no sean vengativos, que no corresponde y nos dan una serie de excusas, que hace menos de una semana atrás, no eran válidas en lo absoluto.
Son un chiste.
Unos Payasos.
Además de ser unos inmorales.
La izquierda tiene que cumplir con su deber y exponerlos a estos fascistas mentirosos con sus propios argumentos frente a los chilenos.
Basta de tanta hipocresía.
Lo de Steiner ha sido muy grave para el país.
Le dio ventaja al narcotráfico de aprovecharse de la ineptitud de ella, de su nula planificación y con sus vendettas amorosas personales, termino descabezando a la PDI.
Corresponde como nunca hacerla responsable a ella y al gobierno de Kast de esta tremenda cagada.
Diputado @Diego_Schalper , nos asaltaron 4 chilenos entre 20 y 17 años el 3 de enero de este año, un asalto con violencia , con pistola. A mi me golpearon la cabeza con el cañon de una pistola, dejando heridas con sangre. Tres de ellos estan hoy en la cárcel, tuvimos para ello que
1. hacer todos los tramites con la PDI que fueron necesarios.
2. reconocerlos
3. querellarnos contra ellos.
4. terminar de confirmar la querella para que pudieran llegar a tener carcel efectiva.
Si no hubieramos hecho todos estos tramites, estos delincuentes que esa noche asaltaron otra casa también, seguirían libres
Le aconsejo primero que simplifique la burocracia que requiere presentar la evidencia, que la justicia condene con evidencia y no siempre con querella. Que el Estado sea capaz de meter a la carcel a los individuos sin el involucramiento de las victimas. Todos nuestros amigos nos decian que no hicieramos nada porque era aun mas peligroso la represalia sino lograbamos que los culparan.
No sacan nada con aumentar la edad de culpabilidad , si ni siquiera son capaces de castigar a quienes tienen delante de sus narices, culpables con evidencia, porque faltan algunos tramites brutocraticos. No todos tienen la paciencia de querellarse, conseguir un abogado qeu haga las cosas a tiempo, Todo es rapido porque si no se presentan las cosas a tiempo, los liberan rapidíto.
No nos hagan creer que el problema es una ley mas , porque ese no es el problema.
Le aseguro que si se toman la molestia de hacer un estudio entrevistando casos como el nuestro , llegaran a la conclusión que el problema es en gran parte del proceso judicial. La PDI hizo un gran trabajo , pero eso cae en saco roto , sin la eficiencia judicial.
Condenan al Ministro Poblete de la Corte de Apelaciones de Santiago y el jefe de inteligencia del Ejército Nazal x falsificar documentos con los q se pinchó el teléfono del periodista Mauricio Weibel autor de libros sobre corrupción en el Ejército!
Gravísimo lo q se estableció.👇🏽
"DIFICIL DIA PARA EL PALACIO DE LA MONEDA"
En la radio @biobio hicieron destruyeron al gobierno de Kast y su blindaje a la ministra Steinert.
Aburto:
"Nos dijeron que estaba todo bien, el presidente kast salió en mas de una oportunidad a defender a la ministra de seguridad, no les importó al palacio de La Moneda los 11 mil funcionarios de la PDI, el presidente fue parte de todo este engranaje defendiendo a Trinidad Steinert"
Nibaldo Mosciatti:
"Las razones de estado son para cosas importantes no para preservar la tontera , la negligencia, la salida inoportuna de una ministra"
Aburto:
"Recuerda que Steinert se victimizó diciendo que era mujer "
Nibaldo Mosciatti:
"Eso es de manual...hay una persona que fue nombrada a un cargo relevante y no tenia claro sus prerrogativas y limites en un cargo de ministra de seguridad ... eso es peligroso , de ahí al abuso estamos a un paso"
OTRA DE STEINERT.
Contraloría concluye que exministra Trinidad Steinert actuó ilegalmente al solicitar datos a la PDI.
El organismo determinó que Steinert se extralimitó en sus funciones y podía afectar una investigación en curso al requerir datos innecesarios para su labor. Además, se señaló un posible conflicto de interés por su relación previa con los policías involucrados.
Detrás de su actuar, obviamente hay un interés turbio y que se debe investigar.
https://t.co/STtfpmI6zS vía @biobio
Los vikingos del sur…
Sube el desempleo y alcanza su nivel más alto en cinco años. El IMACEC vuelve a caer. La inflación sigue aumentando. Se propone extender la jornada laboral hasta 52 horas semanales, impulsar contratos por horas y facilitar el despido de las y los trabajadores.
Con ese panorama, son miles las chilenas y los chilenos que cada día deben remar contra la corriente para llegar a fin de mes.
Los verdaderos vikingos del sur no aparecen en las campañas ni en los discursos: son quienes, con esfuerzo y sacrificio, sostienen a sus familias pese a que todo parece jugar en su contra. Remar para llegar a fin de mes …
LA TRINIDAD NO ERA SANTÍSIMA
El Estado no es para Vendettas.
Cuando una expersecutora olvida o ignora, intencionadamente, que las instituciones no existen para saldar cuentas personales.
La política chilena posee una vieja fascinación por las figuras que llegan prometiendo orden y terminan extraviadas en los límites que el derecho impone al ejercicio del poder. El caso de la exministra de Seguridad Trinidad Steinert parece inscribirse en esa tradición. Lo ocurrido no es una mera controversia administrativa: es un episodio que revela cómo la concentración de poder y los vínculos previos pueden erosionar las fronteras entre el interés público y las motivaciones personales.
El dictamen de la Contraloría es severo porque no se limita a cuestionar una forma, sino el fondo mismo de la actuación ministerial. Steinert solicitó información detallada sobre funcionarios de la PDI vinculados al caso “Clan Chen”, incluyendo antecedentes disciplinarios y eventuales denuncias penales. El órgano contralor concluyó que tales requerimientos no guardaban relación con las atribuciones legales del Ministerio de Seguridad.
En términos simples: la entonces ministra actuó fuera del marco que la ley le permitía. Y cuando una autoridad encargada de velar por la seguridad decide ignorar esos límites, el problema deja de ser burocrático y se convierte en político.
La gravedad aumenta al considerar el contexto. Steinert había sido fiscal regional de Tarapacá y mantenía una relación profesional previa con la brigada policial sobre la cual posteriormente solicitó antecedentes. La Contraloría fue explícita: existía un deber de abstención para evitar cualquier apariencia de conflicto de interés. Ese punto resulta devastador para la credibilidad de la exministra, porque instala una sospecha inevitable: ¿Por qué una autoridad recién asumida manifestó semejante interés en funcionarios específicos apenas 48 horas después de llegar al cargo?
Una pregunta simple que Steinert deberá responder, aunque difícilmente podamos darle fe. Seguro en dos días aún no sabía siquiera dónde quedaba baño del ministerio.
La política democrática no sólo exige probidad; exige también apariencia de imparcialidad. Las instituciones no funcionan sobre intuiciones privadas o pulsiones de revancha. Funcionan mediante competencias delimitadas y procedimientos. Cuando una autoridad comienza a comportarse como si el cargo le otorgara acceso irrestricto a información sensible, el Estado de Derecho empieza a degradarse.
La secuencia temporal —el oficio reservado, la solicitud de antecedentes y luego la remoción de la subdirectora de Inteligencia de la PDI— configura una cadena de hechos demasiado delicada para ser reducida a coincidencias. Aunque el dictamen no establece responsabilidades penales ni declara ilegal la desvinculación posterior, el episodio deja instalada una percepción corrosiva: la posibilidad de que estructuras estatales hayan sido utilizadas para resolver conflictos personales.
Ese es el tipo de prácticas que las democracias intentan erradicar. Porque cuando las policías comienzan a percibir que su estabilidad depende de afinidades políticas, la institucionalidad entra en una zona peligrosa.
También existe una ironía difícil de ignorar. Un gobierno que llegó al poder prometiendo restablecer el orden y fortalecer la autoridad termina enfrentando uno de sus primeros escándalos por abuso de atribuciones desde el corazón de su aparato de seguridad.
El caso Steinert deja una lección incómoda. El problema nunca ha sido solamente quién gobierna, sino cómo entiende el poder quien gobierna. Porque el autoritarismo no siempre se anuncia con estridencia; a veces comienza con un oficio reservado o una solicitud “administrativa” que supone que las instituciones existen para satisfacer obsesiones personales.
Y cuando eso ocurre, el riesgo no es únicamente una ministra excedida. El riesgo es acostumbrarse a que el poder considere normales esos excesos.
@MisColumnas
Con ocasión del Imacec de -0,9, el ministro de Economía asegura que el país venía estancado desde el año pasado, sin embargo en 2025 el crecimiento fue de 2,5%, la inversión registró un alza del 8,9% y el consumo de los hogares creció un 2,7%. En ese entonces dijeron que se trataba de las expectativas positivas del Gobierno que venía, pero ahora dicen que se debe a los resultados negativos del Gobierno anterior. Las dos explicaciones no pegan ni juntan.