Desconocía que poder hacer en esa situación, frunciendo el ceño para mantener la mirada en el contrario.
— Supongo que es... ¿normal? Encontrando gente por el lugar. ¿Puedo saber tu nombre?
Hipnotizado se quedó por un momento ante el aleteo, quizás estaba delante de una pixie, algo más grande de lo que solían ser por lo que escuchaba.
Negó con la cabeza lentamente.
— Más bien me encontré con usted por pura casualidad.
Alas que parecían temblar en su espalda, vibrantes como un insecto, pero magestuosas.
— ¿Puedo ofrecerte algo? — el tono de voz era aterciopelado, una caricia suave en la brisa.
Guardó silencio unos momentos pensativa. ¿Hasta que punto la naturaleza aceptaría a una asesina? Dejar la organización no limpiaba sus manos de la sangre derramada. Un suspiro, levantándose para acercarse a él.
— Puedo ayudar con los troncos.
Niega con la cabeza. —Toda persona aceptada por la naturaleza es amiga mía, no hay de qué preocuparse, Belthadrya.— Cabecea amable mientras vuelve a apilar esos pequeños troncos.
Fue un reflejo, pero miró en la dirección en la que comenzó a caminar el hombre como un visual rápido antes de dar dos zancadas y colocarse a su lado. Tomó su brazo con cuidado, atrapándolo con el suyo y manteniéndolo cerca para guiarlo adaptándose al ritmo adverso.
Con una suave risita empezó a caminar con pasos cortos y lentos, esperando ver qué ritmo impondría la contraria.
ㅤㅤ‘ Perdona mi pregunta pero, ¿A qué te dedicas?. ’
— El mundo es un lugar demasiado amplio como para considerarse una propiedad privada. — pese a sus palabras, había una sonrisa dibujada en los labios de la mujer. — Mis disculpas por adentrarme sin permiso entonces.