Creo que una de las experiencias más conmovedoras de la vida es descubrir que alguien disfruta genuinamente de tu presencia. No lo que proporcionas, No tus logros. Solo tú, tus pensamientos, tu energía, tu existencia.
Dicen que fue él quien perdió. Pero se ve tranquilo, duerme, come, se ríe. El mundo no parece haberle cobrado nada. ¿Entonces qué perdió? Si la que pasa las madrugadas sobrepensando, la que mira el plato hasta que la comida se enfría, la que inventa excusas para no salir soy yo.
Voy a tirar un facto y me voy: MADURAR es entender que tu pareja debe ser tu prioridad. Tu pareja es tu futuro. Los amigos se irán y harán su vida, tus hermanos formarán su propia familia, tus padres algún día ya no estarán, y al final solo quedará tu pareja.
No quiero que toda mi vida sea aprender a soltar. Por una vez, quiero encontrar un lugar donde pueda quedarme y descansar con la certeza de que no tengo que irme. Quiero conocer esa sensación de pertenecer, de construir raíces y sentir que finalmente estoy en casa.
Me dicen: tienes que aprender a estar sola. Estuve sola toda mi infancia, me sentí sola toda la adolescencia y mis peores
momentos los pasé sola encerrada. Así que no, no tengo que aprender a estar sola.
Yo sé estar sola y es algo que no quiero.
No dejes que nadie te consuma la vida.
Si no te llamó, andate a dormir y descansa. Si dejó de contestarte, esa ya es la respuesta que necesitabas. A veces la vida nos envía señales claras, no mendigues atención, no des más de lo que recibís.