Cuando elijas un compañero de vida, piensa más allá del romance. Piensa en las conversaciones del desayuno, los momentos tranquilos después de un largo día, la forma en que manejan el estrés, el dinero, los errores y el crecimiento. Mira más allá de la química, mira el carácter.
A medida que pasa el tiempo, más entiendo por qué la gente se sumerge en la jardinería, la repostería, la lectura y largos paseos. No porque la vida se volviera aburrida. Porque la paz se volvió valiosa.
No me importa cómo te criaron. En algún momento, tienes que asumir la responsabilidad por la persona que eliges ser. El trauma puede explicar el comportamiento, pero nunca lo excusará.
Sana, desaprende. Hazlo mejor.