Soy el claro ejemplo, de que para alejarme de algo, primero tiene que destruirme por completo. Y no es falta de amor propio, es la bendita fe que tengo en creer que todo puede cambiar.
Yo te di una versión de mí que ni yo conocía. Te di mi calma, mi cariño y mis ganas de construir algo bonito, y tú lo tomaste como debilidad. No te culpo, no todos saben reconocer cuando tienen frente a ellos algo que nunca volverán a tener.
No quiero que toda mi vida sea aprender a soltar. Por una vez, quiero encontrar un lugar donde pueda quedarme y descansar con la certeza de que no tengo que irme. Quiero conocer esa sensación de pertenecer, de construir raíces y sentir que finalmente estoy en casa.