Madurar es saber decir: si, me gustas un montón, pero tenemos planes distintos y buscamos cosas diferentes en la vida. Nunca va a funcionar. Gracias por tu tiempo, te deseo lo mejor y espero verte logrando todas las metas que me contaste.
Qué asco me da cuando alguien termina una relación y vuelve a buscar a personas de su pasado. Ahí te das cuenta de que nunca cerraron nada, solo lo dejaron en pausa.
Y de pronto lo entiendes y sanas. No es la otra persona que te decepcionó, fuiste tú que idealizaste de más, y ahí, justo ahí, te permites sanar e ir en paz.
Ojalá todos experimenten, al menos una vez, la tranquilidad de estar enamorados de la persona correcta. Esa sensación de saber que puedes querer sin límites, bajar la guardia, sentirte en casa y descubrir que el amor mutuo se convierte en el lugar más seguro del mundo.
Nunca pensé que me iba a dar tan igual todo, ya no me importa si me dejan de querer, si perdí tu amistad, si nada es como antes, y les juro que ha sido de las mejores decisiones ponerme primero a mí. Ya no me abandono por nadie y si te alejas de mi vida, suerte con la tuya.
La obsesión por hacer que alguien se arrepienta de haberte perdido es agotadora. A veces solo tienes que asimilar que muchos te pierden y duermen tranquilos. Y está bien. Déjalos ir y encuentra la paz en ti.
Créeme que al final vos ganaste, porque yo ya no te puedo volver a mirar con los mismos ojos de amor con los que te miré en su momento, la decepción de tu traición es enorme y sin vuelta atrás.