The New Testament calls Lot "a righteous man" (2 Peter 2:7)
He was Abraham's nephew. He believed in the true God. He was grieved by the evil around him.
And he still ended up living in Sodom, raising his family there, and sitting in its gate as one of its leaders.
Nobody moves to Sodom in a single step. Genesis shows you every step Lot took.
A thread 🧵
Merci à Christophe Clavé pour cet éclairage sur l’appauvrissement de la langue et la ruine de la pensée 🙌
"La disparition progressive des temps (subjonctif, passé simple, imparfait, formes composées du futur, participe passé…) donne lieu à une pensée au présent, limitée à l’instant, incapable de projections dans le temps.
La généralisation du tutoiement, la disparition des majuscules et de la ponctuation sont autant de coups mortels portés à la subtilité de l’expression.
Supprimer le mot «mademoiselle» est non seulement renoncer à l’esthétique d’un mot, mais également promouvoir l’idée qu’entre une petite fille et une femme il n’y a rien.
Moins de mots et moins de verbes conjugués c’est moins de capacités à exprimer les émotions et moins de possibilité d’élaborer une pensée.
Des études ont montré qu’une partie de la violence dans la sphère publique et privée provient directement de l’incapacité à mettre des mots sur les émotions.
Sans mot pour construire un raisonnement, la pensée complexe chère à Edgar Morin est entravée, rendue impossible.
Plus le langage est pauvre, moins la pensée existe.
L’histoire est riche d’exemples et les écrits sont nombreux de Georges Orwell dans « 1984 » à Ray Bradbury dans « Fahrenheit 451 » qui ont relaté comment les dictatures de toutes obédiences entravaient la pensée en réduisant et tordant le nombre et le sens des mots.
Il n’y a pas de pensée critique sans pensée. Et il n’y a pas de pensée sans mots.
Comment construire une pensée hypothético-déductive sans maîtrise du conditionnel ? Comment envisager l’avenir sans conjugaison au futur ? Comment appréhender une temporalité, une succession d’éléments dans le temps, qu’ils soient passés ou à venir, ainsi que leur durée relative, sans une langue qui fait la différence entre ce qui aurait pu être, ce qui a été, ce qui est, ce qui pourrait advenir, et ce qui sera après que ce qui pourrait advenir soit advenu ? Si un cri de ralliement devait se faire entendre aujourd’hui, ce serait celui, adressé aux parents et aux enseignants : faites parler, lire et écrire vos enfants, vos élèves, vos étudiants.
Enseignez et pratiquez la langue dans ses formes les plus variées, même si elle semble compliquée, surtout si elle est compliquée. Parce que dans cet effort se trouve la liberté. Ceux qui expliquent à longueur de temps qu’il faut simplifier l’orthographe, purger la langue de ses «défauts», abolir les genres, les temps, les nuances, tout ce qui crée de la complexité sont les fossoyeurs de l’esprit humain. Il n’est pas de liberté sans exigences. Il n’est pas de beauté sans la pensée de la beauté."
Christophe Clavé
Curioso, voy a @SantanderMx a dejar en 0 mi tarjeta y poderla cancelar, una tarjeta que casi nunca uso, pago el total, voy a casa, llamo a cancelar, no me dejan, me dice que tengo 10 pesos en proceso, a los minutos me llega un cargo por $3,800 de CFE, obvio reporte todo, está ya bloqueada pero obvio no puedo cancelarla.
No sé si tuvo algo que ver la chica de la sucursal (fue la única que ha tenido mi tarjeta desde hace semanas) nunca la uso. Pésimo Santander. Si este cargo llega a proceder les voy a pagar su dinero y les voy a hacer muchos tuitazos para que todos se enteren o lo ratas que son (en la sucursal o los sistemas que tienen comprometidos)
Les voy a dejar a 100 pesos el post.
Llevamos 1
MI ODIO AL CRISTIANISMO
En cierta época oscura de mi vida (☭) odié profundamente al Cristianismo. No era una simple discrepancia intelectual ni una diferencia de creencias. Lo rechazaba por completo. Cuando era comunista y abrazaba el ateísmo más militante, veía al Cristianismo como un enemigo, como una reliquia retrógrada que debía ser superada. Todo lo que estuviera relacionado con esa religión me generaba rechazo y repugnancia automática.
Ni siquiera me interesaba entenderlo. Bastaba con que algo oliera a cristiano para descartarlo. Asumía que la fe era incompatible con la razón, que la religión era un instrumento de dominación y que la historia de Occidente habría sido mejor sin la influencia del Cristianismo.
Con el tiempo empecé a alejarme del Comunismo y a acercarme al Liberalismo. Y fue entonces cuando ocurrió lo que jamás había concebido. Entendí que la civilización occidental no podía entenderse sin el Cristianismo. Aquella tradición que había despreciado durante años estaba presente en prácticamente todos los cimientos de la cultura que tanto amaba.
Fue entonces cuando conocí a pensadores como San Agustín, Tomás de Aquino, Guillermo de Ockham, San Anselmo, Francisco Suárez, Bonaventura, Francisco de Vitoria o Duns Scoto. Lo que encontré no fueron fanáticos irracionales, sino algunas de las mentes más brillantes de la historia. Descubrí una profundidad filosófica que jamás me habían mostrado los comunistas que me enseñaron a despreciar el Cristianismo. Entendí que había juzgado siglos de pensamiento sin haberme tomado el trabajo de estudiarlo.
Empecé a ver el Cristianismo no como un obstáculo para la civilización, sino como uno de sus pilares fundamentales. Mi soberbia e ignorancia me habían convertido en un prejuicioso. Había decidido qué debía pensar antes de investigar. Había condenado una tradición inmensa basándome en caricaturas simplistas y consignas ideológicas.
Mientras abandonaba el comunismo, también abandonaba la costumbre de ver al Cristianismo como "el opio del pueblo". Comprendí que reducir dos mil años de método, filosofía y reflexión moral a una simple consigna era una simplificación injusta. Es cierto que existen fanáticos irracionales y violentos, muchas personas que han utilizado esta religión para justificar abusos e intolerancia violenta, pero sería absurdo juzgar toda una tradición llena de riqueza por sus peores representantes.
Hoy sigo siendo agnóstico. Sin embargo, mi amor por el Cristianismo es más grande que nunca. Amo la riqueza de su tradición intelectual, la grandeza de sus pensadores y la huella que ha dejado en la historia de Occidente. Y tengo toda la intención de seguir explorando ese universo fascinante, de leer a sus grandes autores y de sumergirme cada vez más en una de las aventuras intelectuales más extraordinarias que la humanidad haya producido.
Despierta en algunas personas una curiosa indignación el hecho de que yo escriba en defensa de los pueblos originarios, haciendo evidentes los abusos perpetrados durante y después de la conquista.
Los detractores que se incomodan suelen parapetarse detrás de un catálogo de clichés tan predecibles como simplistas: que «eso ya pasó», que analizarlo es «sembrar odio», que «no fue para tanto» o que la violencia queda justificada porque la conquista trajo consigo el progreso. El fin justifica los medios: la erradicación de los sacrificios humanos. (Risas grabadas).
Para ellos, la llegada del mestizaje, el mariachi y el tequila parecen ser compensación suficiente para sepultar la memoria. Con una ligereza pasmosa, reducen la complejidad histórica a una transacción cultural donde el despojo se salda con la herencia de la modernidad y bajo esa lógica, «gracias a los españoles, hoy estamos mejor que hace 500 años».
Si el pasado sólo sirviera para aplaudir el presente, la historia como ciencia no existiría; sería mera propaganda. Si la labor del historiador se limitara a validar el presente y absolver el pasado mediante el trueque de atrocidades por folklore, la disciplina misma carecería de sentido. La condescendencia implícita en la pregunta de «¿para qué revisar el pasado si hoy estamos mejor?» no es sólo una postura cómoda; es una claudicación intelectual.
Reducir la historia a un tribunal de indulgencias donde el vencedor siempre tiene la razón del «progreso» es una visión profundamente ignorante. La historia no se escribe para reconfortar conciencias ni para justificar el orden actual, sino para desmantelar las violencias que el tiempo ha pretendido normalizar.
Negarse a mirar las heridas de la conquista no es buscar la reconciliación; es sumisión intelectual y una alarmante mediocridad que prefiere el mito cómodo antes que la verdad histórica.
Cuando se habla de historia conviene no perder el hilo. Basta una distracción para mezclar asuntos distintos y terminar confundiendo lo que apenas se parece.
Ocurre con frecuencia cuando se habla de la conquista. La conquista simplista de los tontos. Alguien, casi siempre con la rapidez de quien desenvaina una espada vieja, afirma que fueron los tlaxcaltecas quienes conquistaron México. La frase tiene el brillo engañoso de las medias verdades: ellos aportaron la mayor parte de los ejércitos, sí, pero quien terminó quedándose con el territorio, con las leyes y con la historia oficial fue España.
Para entenderlo hay que desprenderse, aunque sea por un momento, de las certezas del presente. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma ha insistido en que no puede hablarse de una "traición" tlaxcalteca porque no existía todavía una nación llamada México a la que pudiera traicionarse. Los tlaxcaltecas eran un pueblo independiente que vivía cercado por el poder mexica, sometido a bloqueos y a una presión constante. Su alianza con los europeos no nació de la admiración ni de la sumisión, sino del cálculo político. Vieron en aquellos extranjeros una herramienta para romper el dominio de Tenochtitlan. No los imaginaron como conquistadores de su mundo, sino como aliados circunstanciales en una guerra propia.
La historia, sin embargo, suele tener la mala costumbre de no obedecer los planes de quienes la ponen en marcha. Como mostró Miguel León-Portilla al recuperar la voz de los vencidos, la caída de Tenochtitlan no significó el triunfo de los pueblos indígenas aliados. Fue el comienzo de una transformación mucho más profunda y dolorosa. Los antiguos enemigos terminaron compartiendo el mismo destino: convertirse en súbditos de una corona distante.
Hubo privilegios para algunos, reconocimientos temporales y recompensas parciales, pero el orden prehispánico fue desmontado pieza por pieza hasta ser sustituido por otro que ya no respondía a las lógicas de la tierra, sino a las de un imperio.
Quizá aquí resulte útil recordar a Edmundo O'Gorman. Para él, lo ocurrido no fue únicamente una victoria militar, sino algo todavía más radical: la invención de una nueva realidad.
España no se limitó a ocupar un territorio; impuso una manera distinta de nombrarlo, de gobernarlo y de comprenderlo.
Los tlaxcaltecas pusieron hombres, armas y sangre. Pero el tablero, las reglas y el premio final pertenecieron a otros. Confundir la participación militar con el control político es olvidar una de las lecciones más constantes de la historia: no siempre gana quien combate.
LA CONQUISTA DE MÉXICO TENOCHTITLAN
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Amigue, el problema con el trapo de colores 🏳️🌈 no es que a nadie le importe quién te folla -o a quién te follas- y de qué forma lo haces… LA NETA A NADIE LE IMPORTA…
El problema con el trapo de colores es que mezcla demasiadas cosas:
-Para empezar, la sociedad no tiene la obligación de festejarte o validarte por tus preferencias sexuales… Nadie te va a perseguir… pero tampoco nadie te va a festejar…
-En segundo término, son los individuos los que tienen que adaptarse a la sociedad y no la sociedad a los individuos. La sociedad entera no puede estar modificando sus estructuras antropológicas al capricho de cada individuo y debes aceptarlo…
-Y sí, amigue, tienes que aceptarlo: la sociedad en su conjunto valora la heterosexualidad porque valora la reproducción. Y valora la reproducción porque, sin ella, la especie dejaría de existir. Y sí, el tío Darwin es así; jamás vas a conseguir que una conducta que no es compatible con la continuidad de la especie adquiera estatus de naturaleza. Respetamos tu libertad, pero no nos puedes pedir que cambiemos el valor y el estatus inherente a la continuidad de la vida, y lo tienes que aceptar.
-Y no, ser homosexual no te da más derechos. De hecho, nadie tiene derechos por ser heterosexual, ni tú tienes derechos por ser homosexual. Los derechos los tienes por ser ser humano y tienes los mismos que todos los demás.
-Y además: una cosa son tus gustos sexuales y otra es el exhibicionismo. Seas homosexual o heterosexual, si vistes de formas ridículas y escandalosas, nadie te va a respetar.
-Más aún, seas homosexual o heterosexual, la vida es mucho más que el sexo. Y sexualizarlo todo, todo el tiempo, es una forma de caerle mal a quien sea.
-Y, por cierto, una cosa es tu sexualidad personal y otra cosa es que quieras que los demás -y particularmente los niños- sean reeducados según tu ideología. Nos vale madres si le llamas “diversidad e inclusión”; intentar meter a los niños en rollos sexuales es la mejor forma para ganarte el odio de la sociedad.
-Y no, no le puedes llamar a toda terapia psicológica que una persona necesite recibir “terapia de conversión”. Aunque las torturas siempre han estado prohibidas, pretender que toda la psicología deje de ser científica para adaptarse a tu ideología no está bien. Si hacemos eso, muchas personas no van a poder resolver sus problemas psicológicos únicamente por tu capricho ideológico.
-Y no, no existen las infancias trans, ni en general la transexualidad. El sexo no se puede cambiar; a lo sumo, solo se puede mutilar un cuerpo. Y sí, los adultos pueden disfrazarse y jugar a imaginar ser lo que quieran, y es su problema, pero a los niños los tienen que respetar y dejar de querer llenarlos de ideas irracionales y peligrosas para su salud y su identidad.
-Y no, nadie tiene la obligación de compartir tus fantasías. Se te respeta como ser humano, pero tú no puedes gobernar la libertad de pensamiento de los demás, y menos contra la objetividad de la realidad biológica y material.
-Y no, no pensar como tú quieres no es odiarte ni ser fóbico de nada. Es, sencillamente, no pensar como tú quieres. Nuestros pensamientos son nuestra libertad y tú no tienes derecho a querer prohibirnos o señalarnos lo que podemos y no podemos pensar.
Y, en síntesis: tus preferencias son tu problema y no nos vamos a meter con ellas. Tienes un lugar en la sociedad y nadie te debe agredir si te sabes comportar (igual aplica para los heterosexuales). Si no sabes adaptarte a los demás, los demás no se van a adaptar a ti. Y nadie tiene la obligación de arrodillarse ante tu ideología…🏳️🌈
Decir que México no existiría sin España es una verdad administrativa utilizada para esconder una mentira moral, una verdad técnica usada para ocultar una mentira ética.
Claro que el país moderno nació del choque colonial. Pero una cosa es reconocer el hecho histórico y otra muy distinta bendecir el costo humano de esa fundación.
Es omitir deliberadamente el precio de esa existencia: mentira, despojo, violencia, matanzas, esclavitud disfrazada de «encomienda», saqueo, abusos sexuales, secuestros e imposición religiosa y monárquica.
Se ha borrado de la memoria colectiva que los españoles destryureon por completo la ciudad de Meshíco Tenochtitlan. La redujeron a escombros. Y de la misma manera demolieron otras ciudades para eregir sus palacios y catedrales.
La riqueza de virreyes y encomenderos no cayó del cielo: salió de minas donde hombres morían tragando polvo y mercurio; salió de tierras comunales arrebatadas; salió de pueblos enteros convertidos en combustible del imperio.
Mesoamérica se convirtió en la caja chica de España. Y mientras la Corona se enriquecía, los pueblos originarios sufrían una maquinaria colonial de desposesión. Los informantes de Sahagún en Tlatelolco lo expresan con crudeza en el Libro XII: la ciudad quedó en ruinas, los templos profanados y la población diezmada. “Y todo fue destruido… y los que quedaron vivos fueron puestos en servidumbre” (Códice Florentino, Libro XII, cap. XXXIX).
No podemos ser agradecidos de un despojo. Debemos ser, por el contrario, herederos conscientes de nuestro pasado. Sin engaños. Sin regateos. Sin intercambiar oro por espejitos. Porque mientras unos levantaban catedrales, otros morían en la oscuridad de las minas; mientras unos brindaban con el mezcal producido por manos explotadas, otros peleaban en tribunales y selvas por el derecho a existir.
ESPECIAL DE HERMANN HESSE.
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📚 EL LOBO ESTEPARIO.
«Tome en serio lo que es digno, y ríase de lo demás».
🐾 Un viaje por la biodiversidad de México, estado por estado 🐦
Mi colaborador (mi hijo mayor) tuvo una idea: hacer un recorrido por las especies que habitan nuestro país.
Vamos a presentarlo por estados, para que sea más fácil reconocer a los animales y plantas que viven cerca de ti.
Aunque muchas especies se distribuyen por regiones amplias o están presentes en varios estados.
La intención de esta serie es ayudarte a identificar lo que es más representativo y cercano a tu entorno.
Porque conocer lo que nos rodea es el primer paso para cuidarlo.
Hoy comenzamos con Aguascalientes, un estado pequeño en extensión, pero lleno de vida. 🌿