Cuando pienses en mí, encuéntrame en las cosas más sencillas; en esas cosas leves y profundas, encuéntrame en el viento y en el arco celeste de la tarde.
En la nocturna quietud, la melancolía se despliega cual velo de sombras etéreas, reminiscente de los versos de Bécquer: el alma se sumerge en el abismo lunar, susurrando elegías a la soledad infinita bajo el manto de una tristeza sideral.