Pese a que teníamos consenso técnico, durante nuestro gobierno la derecha se negó a legislar para tener un nuevo sistema de financiamiento de la educación superior y aliviar significativamente la deuda del CAE a miles de personas que han pagado por años montos mucho mayores que el valor de sus carreras. Hoy a esos deudores les vacían sus cuentas corrientes intempestivamente generando graves situaciones de crisis en las economías familiares.
Y mientras esto sucede a costa de la clase media, los mismos que justifican este castigo a familias endeudadas, votan en contra de habilitar el levantamiento del secreto bancario, pese a que ya no hay dudas que el crimen organizado ocupa la banca para blanquear y mover sus recursos.
¿Dónde están las prioridades? ¿Por qué hay inflexibilidad y castigo para familias trabajadoras y sacrificadas que están endeudadas y se sigue siendo permisivo con los negocios del crimen organizado con el que todos queremos terminar?
Mi solidaridad con quienes hoy ven y viven con estupefacción estas inaceptables contradicciones de la política. Las fuerzas progresistas debemos levantar la voz para poner fin a los embargos y vaciamiento de cuentas por deudas de estudio, retomar las propuestas por un nuevo sistema de financiamiento de la educación que sea justo y no una carga eterna. Y por otro lado, continuar firmes en la postura de perseguir y golpear en toda la línea al crimen organizado, en particular en su ruta del dinero.
El Gobierno de Kast por fin dice cual es su Plan de Seguridad: el Plan del Gobierno de Boric🙄.
Parece chiste, pero es evidente que nunca tuvieron un plan propio. Prometieron resolver la crisis de seguridad, con orden y mano dura, pero ya sabemos que sólo eran slogan de campaña.
La verdadera prioridad de este Gobierno no es la seguridad de las familias chilenas, sino su agenda ideológica; amarrar un modelo económico por un cuarto de siglo, recortando gasto social y aumentando las ganancias de unos pocos.
Videoteca Presidencial.
1. El ciclo del agua.
2. Los humedales.
3. La investigación académica.
4. Un sandwich.
Un presidente que cuando no miente hace gala de su ignorancia.
#ElAntiEstadista
Podrán querer silenciarnos en la comisión, pero no podrán ante los Chilenos: Pese a advertencias de expertos e instituciones como el consejo Fiscal Autónomo o el mismo FMI, el gobierno avanza en la Ley de los Super Ricos.
La respuesta de Hacienda a las advertencias del CFA? “Son diferencias semánticas”. Así lo aprobaron en la comisión, censurando, no escuchando y no permitiendo debatir en serio.
El gobierno nos quiere llevar a un abismo fiscal, empujar deuda y recortes en Salud, educación, seguridad y pensiones. Le van a encarecer la vida a los chilenos. Ideología pura: gana el 1%, el 99% pagara las consecuencias.
Presidente Kast, aun está a tiempo, retire su proyecto y convoque a todos a un proyecto unitario que genere crecimiento real, empleo digno y Desarrollo Económico.
Honorable Ministra @Ximenatech
Me ofrezco hacerle una entrevista sobre ciencia, tecnología e innovación. Una conversación en profundidad donde hablemos de los temas con el debido foco. Fuera de todo sesgo político y basados en lo central de su cartera.
Tengo todo para realizarla, filmarla y grabarla, y luego la publicamos y la difundimos en redes y en los medios que usted estime conveniente. Le ofrezco hablar de todo aquello que la prensa jamás le preguntará, dado que el periodismo tradicional poco sabe de ciencias. Dígame el día, horario y lugar, y ahí estaré. O si le parece, ir juntos a un estudio de grabación que le puedo proponer y sugerir.
Quedo atento.
Saludos cordiales.
👏Felicitamos al profesor de Ingeniería UC y ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz @JuanCaMunozA, quien fue reconocido como uno de los mejores ingenieros de transporte de UC Berkeley🚌
📌https://t.co/oEJZm49S87
@MinistroPoduje . Ud muestra el "Proyecto Chile Nativo" del 2018, adjudicado el 2019 x el gob de S. Piñera. La constructora era Patricio Cerda E. pero abandonó obras, El Gob d Boric interpuso las acciones legales correspondientes.
Creo q ud debe ser claro con la info q entrega
EL SÍNDROME DE LA CAPERUCITA ROJA. (Versión criolla.)
En el clásico cuento de Caperucita Roja, la niña entra en la casa de su abuela y, a pesar de todas las señales evidentes de que algo está mal, se deja engañar por el lobo disfrazado. Este relato infantil, al margen de su moraleja original, puede extrapolarse a un fenómeno psicológico y político que bien podría llamarse "El Síndrome de la Caperucita Roja": una situación en la que las personas, dominadas por el sesgo de confirmación, ven lo que quieren ver y no lo que realmente es.
También hay una forma particularmente sofisticada de ingenuidad: aquella que se disfraza de sorpresa. En política, esta variante alcanza niveles casi artísticos, sobre todo cuando los hechos —persistentes, reiterados, incluso estridentes— son sistemáticamente ignorados en favor de una narrativa más cómoda, más deseable, más tranquilizadora.
El “síndrome de la Caperucita Roja, versión criolla” no es otra cosa que la obstinación voluntaria de no ver. No se trata de falta de información —porque la evidencia estaba ahí, abundante y sin pudor— sino de una decisión deliberada: mirar al lobo y convencerse de que es una abuela.
Porque, seamos rigurosos, las señales nunca fueron sutiles. No hubo ambigüedad programática ni giros inesperados. El ideario del Partido Republicano ha sido consistente hasta la terquedad: oposición a políticas redistributivas, resistencia a avances laborales, desconfianza estructural hacia el rol del Estado en lo social. Pretender hoy desconcierto frente a anuncios como el cuestionamiento a las 40 horas, la propuesta a la eliminación de feriados irrenunciables o la reducción de impuestos corporativos entre otros, es un ejercicio de ficción más cercano a la literatura que al análisis político.
La sorpresa, entonces, no es ingenuidad: es negación.
Más aún cuando los indicios no se limitaban al programa, sino que se extendían con generosidad a las biografías. Los nombramientos ministeriales operaban como un prólogo transparente: vínculos con episodios controvertidos del sector privado como las colusiones, defensas jurídicas de figuras asociadas a la dictadura de Augusto Pinochet, vocerías marcadas por el exabrupto más que por la argumentación. Cada designación era, en sí misma, una declaración de intenciones. Pero, nuevamente, el electorado optó por leer entre líneas… aunque las líneas ya gritaban.
El patrón se repite con una precisión casi didáctica: primero se relativizan las señales (“no será tan así”), luego se reinterpretan (“en realidad es estrategia”), y finalmente, cuando la realidad se impone con la delicadeza de un martillo, emerge el desconcierto performativo (“esto no era lo que esperábamos”). Como si el problema fuese el desenlace, y no la lectura previa.
En el cuento original, Caperucita formula preguntas evidentes frente a anomalías imposibles de ignorar: los ojos, las orejas, los dientes.
En nuestra versión criolla, las preguntas también existieron, pero fueron rápidamente sofocadas por respuestas complacientes. No era un lobo: era “carácter”. No era ideología dura: era “convicción”. No era regresión: era “orden”.
Y así, entre eufemismos y autoengaños, se construyó una expectativa que nunca tuvo correlato con la realidad observable.
Lo verdaderamente inquietante no es que un gobierno actúe conforme a su doctrina —eso, en cierto rigor, es coherencia—, sino que una parte del electorado finja sorpresa ante esa coherencia. Como si las promesas explícitas, los discursos reiterados y las trayectorias personales fuesen meros accidentes narrativos, y no indicadores predictivos y fiables de lo que vendría.
El síndrome, en su versión más depurada, no radica en haber sido engañado, sino en haber querido serlo.
Porque las señales, como en todo buen cuento, siempre estuvieron ahí. No ocultas, no cifradas, no encriptadas ni ambiguas. A la vista de todos. El problema nunca fue el lobo. Fue la voluntad obstinada de querer ver a una abuela.
@MisColumnas
Una semana y ya
-Anunció cortes en gratuidad universitaria
-Harán 3 edificios en parque nacional Puyehue
-Endurecimiento contra deudores del CAE
-Se echó a andar proyecto Domingo que destruiría las napas de agua y el medio ambiente protegido en Los Choros
-Cortaron “Stock Disponible” en Vía X
-Eliminó proyecto de negociación ramal que le daría más poder a trabajadores
-Adelantó freno a la ley de “40 horas” que te daría más tiempo con tu familia
-Anunció indultos a violadores de DDHH, asesinos convictos.
NINGÚN proyecto para mejorar tu vida, solo anuncios que mejorarán las arcas de sus amigos multimillonarios y uniformados criminales.
Te dicen que mejorando las cuentas bancarias de los multimillonarios mejoraría tu billetera. FALSO.
Te dicen que liberando asesinos y criminales mejorará la seguridad. FALSO
TE ENGAÑARON.
Pero aún no te das cuenta o aún no lo quieres admitir.
Sígueme mandando tooodos los gif o memes que incluyen un ají. Sigue creyendo que tu ganaste cuando ganó Kast.
Amigo, el despertar va a ser duro.
🤷🏻♂️
11 DE MARZO DE 2026:
- Valor Canasta Básica: 69.505.
- Valor Litro Bencina: 1.159.
- Valor kilo de pan: 2.190.
- Valor Gas 15 kilos: 32.000.
- Valor Metro horario punta: 895.
- Inflación: 2.4%.
Les dejo esos valores para que vean si en un año más la vida mejoró o no con Kast
@C1audioBravo 1.3 millones de jóvenes chilenos han caído en el vicio de las apuestas (ludopatía) debido a las casas de apuestas online.
130.000 son adolescentes entre los 12 y los 17 años.
Quien frena este nuevo flagelo en nuestros niños si sus ídolos deportivos le hacen publicidad, QUIEN?
CHILE PEDAZO DE PAÍS
Chile no se cae a pedazos, lo que se cae es el relato.
“Chile se cae a pedazos” es una frase notable. No por su profundidad, sino por su utilidad. Es una consigna hueca, diseñada no para describir la realidad sino para suplantarla. No busca explicar el país, sino erosionarlo simbólicamente. Es el mantra de una derecha que, incapaz de ofrecer un proyecto convincente, optó por instalar un estado de ánimo: el derrumbe permanente.
¿Pero qué significa, en términos reales, que un país “se caiga a pedazos”? Nada. No es un concepto económico, no es una categoría social, no es un diagnóstico institucional. Es una imagen emocional, deliberadamente apocalíptica, pensada para circular sin fricción por un ecosistema donde la repetición vale más que los hechos. Se repite, se comparte, se cree. Porque toda mentira necesita insistencia, y todo creyente necesita fe.
Decir que Chile se cae a pedazos no es torpeza: es estrategia. Es poner la ambición política por encima de la realidad objetiva. Porque si el país estuviera efectivamente en ruinas, alguien tendría que explicar por qué no se desplomó tras un déficit fiscal postpandemia de 7,7% durante el último gobierno de derecha, pero sí lo haría ahora, con un déficit del 2,8%. Misterios de la aritmética ideológica.
El problema del relato es que choca, una y otra vez, con los datos. Datos incómodos, obstinados, crueles con la fantasía del colapso: inflación reducida del 14% al 3%; inversión creciendo al 7%; exportaciones aumentando un histórico 7,9%; productividad al alza tras una década estancada; deuda pública finalmente contenida después de 18 años de expansión; 700 mil empleos creados; 30 meses consecutivos de alza de salarios reales; 600 mil personas menos en pobreza; sueldo mínimo en $539.000; pensiones básicas elevadas de 0,1 a 2,5 UF. Un país en pedazos bastante eficiente, por cierto.
Sólo a modo de referencia, la inflación interanual de Chile es menos que la inflación mensual de Argentina, un vecino que la derecha insiste en obligarnos a mirar, no porque sea un referente, sino porque gobierna con sus mismos y pálidos colores. Mientras en Chile se crearon más de 200.000 empresas el 2025, en Argentina cierran 30 por día, unas 20.000 empresas cerradas en los 22 meses del gobierno libertario, y 30 multinacionales ya han abandonado el país transandino.
Obviamente en las 200.000 empresas creadas hay de todo tamaño, y podemos discutir la validez de las estrategias por temas impositivos y de control financiero, pero suponga usted estimado lector que sólo el 20% sea creación de empresas en forma y fondo tradicional con activos propios y patrimonio comprobado, ya estamos hablando de 40.000 empresas, lo que en la media de contrataciones por pyme generaría casi medio millón de empleos en un año. Por cierto es un tema que amerita un análisis más detallado, pero la diferencia es brutal, y sin despedazar el país.
No hubo tsunami, ni terremoto institucional, ni avalancha moral. Chile sigue avanzando por una inercia de 36 años que la derecha detesta profundamente, porque en ese período sólo condujo ocho, y siempre con el mismo chofer. El resto del trayecto lo recorrieron esos gobiernos que desprecian, pero cuyos resultados disfrutan cuando conviene. Chile no se cayó mientras gobernaban otros. Y eso es, precisamente, lo intolerable.
La semana pasada, incluso Nayib Bukele —símbolo global del orden por decreto— reconocía que El Salvador quisiera parecerse a Chile en salud, educación, transporte y civilidad. Desde afuera no se ven los pedazos. Porque no existen. Los únicos fragmentos están en el relato: trozos de exageración, astillas de mala fe, escombros discursivos reciclados hasta el cansancio.
“Chile se cae a pedazos” no describe un país: describe una impotencia. Es el consuelo de quienes no soportan que Chile avance sin ellos. Y mientras insisten en mostrarnos un espejo roto, el país —tozudo, imperfecto, pero entero— sigue caminando. De una sola pieza. @MisColumnas
Columna de Pablo Azócar en La Tercera:
Si quieres comprender por qué la dictadura de la derecha fue tan terrible, lee el siguiente texto:
Muchas veces me pregunté por qué Augusto Pinochet, en el mundo entero, aparece en todos los listados de los personajes más perversos de la historia universal de la infamia. La primera respuesta que se me viene a la mente: la crueldad. Pocos regímenes han ejercido una crueldad tan rigurosa, fría y sistemática. El dictador chileno no solo mandó matar a varios de sus amigos y jefes a los que había jurado lealtad eterna, comenzando por el general Carlos Prats, quien lo había aupado y cobijado como se cobija a un hijo, sino que además creó un aparato represivo que recurrió a las sevicias más delirantemente inhumanas de las que se tenga memoria. A un afamado cantautor le reventaron las manos para que no tocara nunca más la guitarra, a una dirigente estudiantil le plantaron una plancha hirviendo para deformarle la cara, a dos adolescentes los rociaron de parafina y los quemaron minuciosamente de arriba a abajo, a un obrero le martillaron los dedos para que no volviera a ejercer su oficio, a una enfermera le atravesaron las manos con yataganes hasta que se fue desangrando entera, a un campesino de 16 años le reventaron la cara y lo encontraron con la boca llena de excrementos de caballo, a un pianista le fueron arrancando una a una las uñas de las manos, a un dirigente político lo mataron a pausas quemándole el pecho con un soplete. Conocí a una adolescente que estaba embarazada porque la habían violado una y otra vez salvajemente en una cárcel clandestina. Conocí a un niño al que le pusieron electricidad en la entrepierna delante de sus padres para que estos “hablaran”. Conocí a una mujer que era incapaz de tener relaciones sexuales porque le habían metido ratones en la vagina, y a otra que la amarraron para que fuera penetrada por un perro entrenado.
El Informe Rettig y sobre todo el Informe Valech –documentos oficiales del estado chileno, redactados por autoridades morales y especialistas de todo el arco político- recogen una parte de esas atrocidades. Me armé de valor y leí de principio a fin el Informe Valech, y la experiencia resultó más terrorífica que las peores novelas de terror. En ese informe, sin ir más lejos, hay una lista de más de mil niños que padecieron vejámenes diversos. Las personas que redactaron ese informe de espanto recibieron decenas de miles de testimonios, aunque fueron muchísimas las víctimas que no se animaron a hacerlo para no revivir el horror, la humillación y el miedo. Destaca el Informe Valech que además millones de chilenos perdieron el trabajo o la vivienda, denigrados, excluidos y acosados, cientos de miles debieron partir al exilio, y muchos de los que se quedaron tuvieron que sobrellevar la estigmatización y la persecución. Algunos fueron detenidos varias veces y debieron cambiar de ciudad. Otros, en sus pueblos, experimentaron el escarnio de tener que convivir con sus propios torturadores. En ese informe pavoroso quedaron registrados más de setecientos regimientos, retenes, comisarías, campos de concentración o cárceles secretas –en todas las regiones del país- donde sucedieron los hechos, con fechas y pormenores.
A pesar de los años transcurridos, los millares de testimonios que recoge el Informe Valech resultan sobrecogedores. “Me rompieron las fibras del ano al meterme objetos contundentes”. “Perdí la visión del ojo derecho por golpes de metralleta”. “Entonces un milico se sacó el pene y me obligó a que se lo enderezara con mi boca, después vino el otro y el otro, el último se fue en mi boca, mi vida nunca fue la misma ya que solo tenía 15 años”. “Me aplicaron el ‘teléfono’, golpes al unísono en ambos oídos, reventándome el derecho”. “Me fueron arrancando las muelas sin anestesia”. “Me colgaron de los pies, me hacían comer excrementos y agarraban del cuello delante mío a mi hija de nueve meses diciéndome que la iban a matar”. “Me molieron los riñones con los golpes y aún tengo secuelas”. “Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y con mi hermano”. “Me golpearon tanto que perdí la memoria y la visión”. “Nos hicieron desnudarnos, pasando una barra entre los codos y la parte trasera de las rodillas, la sensación era de descuartizamiento”. “Me deshicieron los testículos con la corriente”. “Tengo huellas de quemaduras de cigarro en todo el cuerpo”. “Me destruyeron la vagina, no pude defecar sin dolor durante años”. “Me dejaron ahí y se me gangrenó una pierna”. “Me tuvieron que extirpar el útero y los ovarios por hemorragias internas”. “Hoy tengo una afección cardíaca producto de la corriente que me aplicaron”. “Quedé con un terror que nunca se me fue, paranoia, claustrofobia, angustia”. “Sigo reviviendo una y otra vez lo que padecí en esos días”. “Todavía lloro mientras duermo”.
¿Cómo se mide la inmensidad de ese dolor? ¿Cómo se mide esa humanidad ultrajada tan masivamente y, por lo general, tan anónimamente? ¿Qué cicatrices pueden quedar en la psiquis de un país después de una barbarie de esas dimensiones?
Lo desconcertante es que lo que vino después fue el silencio. El país oficial sencillamente decidió que todo aquello se metiera debajo de la alfombra. En nombre de la “reconciliación” y la estabilidad política, se resolvió simplemente que no se volviera a hablar sobre el asunto. Se clausuró sin ceremonia alguna la heroica Vicaría de la Solidaridad, se canceló de la historia oficial al Cardenal Raúl Silva Henríquez, se escondieron a conciencia el Informe Valech y el Informe Rettig y los cientos de miles de testimonios, no hubo políticas de reparación, y la prensa casi no volvió a hablar sobre el asunto. Que los familiares se las arreglaran como pudieran. Como en las maldiciones bíblicas, se quedaron a solas con ese quiste los hijos y los nietos y los bisnietos.
Medio siglo después, están a la vista las consecuencias. Todavía hoy hay numerosos políticos y parlamentarios que siguen endiosando a Pinochet y negando que existiera aquel horror dantesco. Las fuerzas armadas continúan rehusándose a revelar el paradero de más de mil desaparecidos, una palabra que se instaló en el léxico universal a partir de los regímenes militares chileno y argentino. El líder ultraderechista José Antonio Kast, que aparece ahora como favorito en las encuestas para las próximas elecciones presidenciales, se declaró “amigo personal” y participó en homenajes al militar Miguel Krassnoff, uno de los torturadores más sanguinarios, condenado a más de 900 años de cárcel por múltiples casos de violaciones a los derechos humanos. La derecha política chilena no se ha “despinochetizado”. Ni atisbos de mea culpa, ninguna señal de haber dimensionado de verdad la salvajada que fue la política de exterminio emprendida por el estado chileno en aquellos años. Líderes, intelectuales y dirigentes siguen hablando de “caídos de lado y lado” y sosteniendo que solo se trató de ciertos “excesos”.
Cuando el presidente Gabriel Boric otorgó en julio en España una distinción honorífica al jurista Baltazar Garzón -quien hizo que Pinochet fuera detenido en 1998 en Londres en nombre de la justicia universal de las Naciones Unidas-, la derecha chilena reaccionó escandalizada y presentó un reclamo formal ante la Cancillería. “El reconocimiento a Garzón es una vergüenza”, dijo un diputado. “Es una provocación”, dijo otro. No perdonan a Garzón: no le perdonan haber mancillado la figura del “tata” Pinochet. Todo esto no es privativo de la derecha: se ocultó todo durante tantos años, se clausuró tan sistemáticamente esa memoria, que hoy día sale gratis el negacionismo, o relativizar los hechos, o aplicar el viejo sistema de los empates.
La paradoja es terrible: Chile es probablemente el único país del mundo en el cual no existe conciencia aún de lo monstruoso que fue el régimen de Pinochet. Se corrieron todos los límites imaginables del bien y del mal, ni Calígula ni Nerón llegaron a extremos semejantes. Los alemanes se han dedicado durante décadas, día a día, mes a mes, año a año, a recordar el holocausto hitleriano, en películas y ensayos y novelas, en fotografías y cuadros y monumentos, en museos y ceremonias y memoriales. El holocausto chileno, en cambio, ni siquiera tiene nombre. Esa es la frivolidad que se instaló con el peso de la noche, una frivolidad que continúa campeando hoy, como si nada nunca hubiera sucedido.