Es imposible no sentir impotencia y frustración. ¿Tan radical les parece la sencilla idea de avanzar hacia un país que trate de igual forma a sus ciudadanos, independiente de donde viven? ¿Les parece aceptable que hoy en una misma ciudad haya municipios que tienen 10 veces más recursos que otros, con todas las consecuencias que eso tiene? ¿Entienden que eso antes se generaba por la capacidad de recaudaci��n propia de cada comuna, pero desde hoy se sostendrá en impuestos generales pagados por todos? ¿Creen justo que con la enorme cantidad de necesidades que el país arrastra, y la escasez de recursos públicos que existe, estos dineros vayan a las 3 comunas de mayores ingresos, y no a cubrir esas necesidades básicas que llevamos años esperando? ¿Cómo justifican traspasarle 2 millones a Cerro Navia y 13.000 millones a Las Condes?
Por cierto que hay que avanzar hacia una gestión pública más eficiente, transparente y que rinda cuentas. Seremos los primeros en empujar esa agenda. Pero no la usemos como excusa para no abordar la tremenda desigualdad que tenemos.
Ayer la centroderecha por defender sus intereses, traicionó sus principios. Y esa es la peor derrota.
No habrá descalificativos ni campañas de desinformación que nos hagan renunciar a nuestros principios ni a la defensa de los vecinos que representamos. Algunos nos quieren callados porque ya se nos ayuda “lo suficiente”. Nosotros seguiremos trabajando hasta que nuestros vecinos reciban lo justo.
🔴 No fueron seis números como señala el gobierno. Fueron seis vidas.
Madelen tenía 33 años. Cuando el agua comenzó a subir, no pensó primero en ella. Salió a avisar a sus vecinos, a golpear puertas, a ayudar. Esa decisión, profundamente humana, terminó costándole la vida.
Pablo tenía 37 años. Era técnico electromecánico, pero quienes lo conocían dicen que su mayor orgullo era ser papá. Su hija era el centro de su mundo.
A "Oscarito" todos lo conocían. Era parte del paisaje del humedal El Culebrón. De esos vecinos que no aparecen en los titulares, pero cuya ausencia deja un silencio inmenso en el barrio.
Jocelyn recorría la Avenida del Mar vendiendo berlines y pie de limón. Trabajaba para salir adelante. En medio de la fuerza del agua alcanzó a enviar un último mensaje a su familia buscando una salida. Ese mensaje resume el miedo de cientos de personas que quedaron atrapadas.
José Luis, de 47 años, era un hombre querido por su amor a los animales. Perros, caballos y el trabajo de toda una vida marcaron su historia. Hoy deja un vacío imposible de llenar.
Y aún hay una sexta víctima cuyo nombre todavía no ha podido ser restituido. Porque incluso cuando la tragedia golpea con toda su fuerza, hay familias que siguen esperando una respuesta.
Detrás de cada fallecido había una mesa donde alguien ya no volverá a sentarse, una cama que quedará vacía, una llamada que nunca llegará, una familia que tendrá que aprender a vivir con una ausencia.
Cuando hablamos de la tragedia de Coquimbo no hablamos solo de lluvias, de milímetros de agua o de estadísticas. Hablamos de personas que tenían sueños, rutinas, afectos y proyectos. Hablamos de vidas que no eran reemplazables.
Que sus nombres no sean solo parte de un balance de emergencia.
Que nos recuerden que detrás de cada decisión, de cada demora y de cada acción frente a una catástrofe, siempre hay algo mucho más importante en juego: la vida de las personas.
Municipios como Las Condes dejarán de recaudar $13.000 millones ya que sus vecinos no pagarán contribuciones. Pero el Estado decide compensar en un 100% esos recursos vía presupuesto general de la nación.
Es decir, vecinos de Maipú y el resto de Chile, con sus impuestos, deberán financiar los presupuestos estratosféricos de comunas de mayores ingresos. Se agrandan aún más las enormes desigualdades que existen, con un financiamiento sumamente regresivo.
Quienes viven en carencia y deben aceptar que sus municipios no tengan recursos para atender lo básico, deberán financiar con sus impuestos los servicios de lujo de quienes más tienen. Decían que querían defender a la clase media, pero hicieron todo lo contrario. Chile se vuelve un país aún más desigual. Decepcionante.