El mundial del país imaginario
Cada cuatro años, Uruguay se mira a.sí mismo a través de una camiseta. La nación deposita sobre once futbolistas una responsabilidad absurda: demostrar que sigue siendo aquello que imagina haber sido. Y entonces llega el Mundial.
Las expectativas son colosales. Desproporcionadas. No nacen del análisis del presente, sino de la nostalgia. Se habla de historia, de tradición, de carácter, de una supuesta esencia nacional que garantizaría resultados por decreto. Como si los trofeos obtenidos por hombres muertos o jubilados pudieran marcar goles en el siglo XXI.
Pero la selección entra al campo y ocurre algo incómodo: aparece la realidad. Los rivales mediocres corren más, arriesgan más, innovan más. Parecen pertenecer a países que todavía creen en el futuro. Mientras tanto, los nuestros juegan como juega la nación entera: al empate, esa vieja religión nacional, se traslada del Parlamento al césped.
Y cuando el equipo fracasa, cuando queda eliminado de manera gris, sin épica y sin tragedia, surge la indignación colectiva. Los mismos que habían construido expectativas delirantes denuncian la decepción. Los mismos que confundieron deseo con realidad buscan culpables. Nadie formula la pregunta esencial.
¿Por qué una sociedad acostumbrada a administrar su decadencia espera producir excelencia de manera automática?
La selección no es la causa del problema. Es su radiografía más honesta. Porque juega exactamente como vive el país este país envejecido, que sigue hablando de sus viejas hazañas como un coronel retirado que menciona cada noche las mismas batallas. Un país que ha convertido la nostalgia en política pública y la autocomplacencia en patrimonio cultural. Un país que se resiste a admitir que hace mucho tiempo dejó de competir contra los mejores para empezar a compararse consigo mismo.
La paradoja es extraordinaria. Cuanto más se deteriora la realidad, más grandiosas se vuelven las expectativas. Como si la imaginación colectiva intentara compensar aquello que la experiencia ya no puede sostener. Se exige una selección campeona desde una estructura social que castiga el riesgo, sospecha del talento y celebra la mediocridad equilibrada.
Porque el problema nunca fue futbolístico. El problema es cultural. Durante décadas se ha enseñado que el éxito es sospechoso, que destacar genera desconfianza y que toda diferencia merece corrección. Se ha construido una moral del empate donde la derrota resulta tolerable y la victoria excepcional casi incómoda. Nadie quiere fracasar, pero tampoco se acepta el precio de triunfar.
Por eso la selección juega con miedo. Porque representa a una sociedad que también lo tiene. Miedo al conflicto. Miedo a la competencia. Miedo a reconocer que el mundo no concede privilegios sentimentales ni respeta relatos históricos. Los goles se marcan en el presente. La riqueza se crea en el presente. La cultura se produce en el presente. La historia puede inspirar, pero no sustituye al esfuerzo.
Sin embargo, cada eliminación produce la misma ceremonia. Se buscan traidores, incompetentes, conspiraciones o malas suertes. Cualquier explicación sirve con tal de evitar la única verdaderamente dolorosa: que tal vez el equipo juega exactamente al nivel del país que lo produce.
Y eso es lo insoportable.
Porque obliga a admitir que la pobreza más profunda no es la económica. Es la pobreza de ambición. La renuncia silenciosa a la excelencia. La convicción secreta de que alcanzar la grandeza es improbable, pero fingir que aún nos pertenece resulta indispensable.
Entonces termina el Mundial. La selección vuelve a casa. Los aficionados regresan a sus rutinas. Y el país continúa avanzando lentamente hacia ninguna parte, aferrado a sus recuerdos, celebrando empates y esperando que la próxima vez, de alguna manera milagrosa, la realidad decida comportarse como la nostalgia.
A los 100 años murió Alan Greenspan, pdte de la Fed entre 1987 y 2005:
•Consolidó la inflación baja y estable de EEUU.
•Contribuyó a “La Gran Moderación” del ciclo económico mundial de esos 20 años.
• Tuvo alguna responsabilidad (menor) en la crisis financiera de 2008-09.
SpaceX's market cap crossed above $3 trillion today in after hours trading.
That's higher than the market cap of Amazon ($2.65 trillion) & Microsoft ($2.97 trillion).
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SpaceX Sales: $19 billion
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Treinta años es mucho
Lo que está en peligro es la forma en que el país decide proteger el ahorro de sus ciudadanos y los límites que fija al poder del Estado.
Columna de opinión de Ignacio Munyo
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Hace algunos días que estoy en Colombia con varias actividades. Siempre en estas circunstancias me gusta, además, mirar al país desde afuera. Da perspectiva. De afuera, se ve (yo lo veo/lo siento mejor dicho) al Uruguay chiquito y quedado, no solo sin ambición, sino sin curiosidad por aprender y seguir el ejemplo de otros (casi como si creyéramos que la sabemos toda). Como en la retranca, como si tuviéramos algo para cuidar, manteniéndonos inmóviles. Sin embargo, cada vez tenemos menos para cuidar y menos para mostrar afuera. Creo que la escala no ayuda, que estemos donde el diablo perdió las botas, tampoco. Pero creo que hay más, me parece. Falta darnos cuenta que ya dejamos de ser líderes (si es que alguna vez lo fuimos). Que ya estamos en media tabla en la región, en muchísimas dimensiones. Y en algunos casos, estar en media tabla en la región, es estar bastante mal comparados con países desarrollados. Me parece que no sabemos que no sabemos. Es decir, nos falta mucha educación y perspectiva, lo que lleva a la humildad y tal vez a la curiosidad y al aprendizaje y, ojalá, al camino del progreso.
Ayer, sobre las 21 y algo, fui víctima de una rapiña con una moto en Malvin, que me arrancó mientras caminaba un celular, y casi me arranca la oreja (ya sé que para los románticos de la delincuencia en Uy la culpa es mía por hablar por tel). Con total impunidad, la moto se subió y bajo de la vereda, y arrancó a toda velocidad y no pasa nada. Nunca pasa nada. Y no va a pasar nada. La sensación de impotencia y dolor me impidió dormir y trabajar en el día de hoy. Estamos perdidos como sociedad, estamos completamente solos y a la deriva. Cuando hice la denuncia policial, donde me atendieron muy bien, todos coinciden es que es de todos los días. La calle está perdida, la ciudad está perdida. Todo es tierra de nadie. El Parlamento y las autoridades están en un cumpleaños y en autos oficiales y con custodia. Además, perdí todo el día de trabajo sin celular, como a varios uruguayos les pasa. Están tal pero tan mal que nos conformamos con que no me pasó nada. Cuiden a sus hijos, cuiden a su familia y a sus amigos. No salgan a la calle sin cuidados, estamos regalados, estamos solos.
Cardama: una controversia jurídica que pagaremos todos
El contrato con Cardama adquirió ribetes más políticos que jurídicos.
Conviene examinarlo desde una perspectiva legal, prescindiendo de valoraciones partidarias.
Del contrato surgen con claridad dos obligaciones principales:
Cardama se comprometió a construir y entregar dos patrulleras oceánicas.
Uruguay asumió la obligación de pagar el precio convenido.
Hasta aquí, una relación bilateral clásica.
Sin embargo, el contrato incluye obligaciones accesorias, entre ellas la constitución de dos garantías: una para respaldar el adelanto del pago y otra de cumplimiento del contrato.
Un punto crucial —ignorado en el debate público— es que el contrato comienza a regir solo una vez cumplidas determinadas condiciones, entre ellas la aceptación de las garantías.
Ese acto jurídico ya ocurrió: Cardama presentó las garantías y el Estado uruguayo las aceptó expresamente. A partir de allí, se efectuaron pagos, se inició la construcción de las embarcaciones y se realizaron inspecciones.
En consecuencia, el contrato estaba en plena ejecución.
Posteriormente, una de las garantías venció. En lugar de exigir su renovación, el Estado decidió ejecutarla. Al hacerlo, encontró irregularidades: una dirección incorrecta y una entidad emisora en liquidación.
La reacción oficial fue doble:
a) formular una denuncia penal por estafa, y
b) anunciar la rescisión del contrato.
Sobre la denuncia penal, cabe cautela: sin conocer su contenido y fundamentos, no puede formularse una valoración seria.
No obstante, si la objeción radica en la aceptación previa de una garantía defectuosa, ello compromete al propio Estado.
Resulta jurídicamente discutible rescindir un contrato alegando la invalidez de una garantía ya aceptada.
En materia contractual, las obligaciones asumidas por el Estado trascienden los cambios de gobierno: la persona jurídica es la misma. La aceptación de la garantía por parte de una administración anterior obliga a la siguiente, salvo prueba de dolo o fraude.
Invocar el error propio como causal de rescisión vulnera el principio de buena fe contractual.
Nuestra jurisprudencia es pacífica en cuanto a que un incumplimiento accesorio —como la caducidad o defectuosa constitución de una garantía— no habilita por sí solo a resolver un contrato en ejecución.
El contrato prevé una cláusula de mora automática de redacción ambigua. Rige para los atrasos del Estado. Solo en una mención secundaria la extiende a ambas partes. La doctrina y la jurisprudencia limitan severamente este tipo de cláusulas: solo procede la resolución inmediata cuando el incumplimiento es grave, esencial y contrario a la buena fe.
Ninguna de esas condiciones parece configurarse.
El Estado debió intimar al contratista a sustituir la garantía antes de declarar la rescisión. No hacerlo expone al pais a un juicio millonario por daños y perjuicios.
Más grave es desconocer el principio general del derecho según el cual “venire contra factum proprium non valet” —no se puede ir contra los propios actos—. Este principio, recogido en el artículo 1291 del CC, viene de la buena fe en la ejecución contractual.
Aceptar la garantía, liberar pagos y luego desconocerla constituye un acto de mala fe. Es la negación del acto jurídico propio que habilitó la ejecución del contrato.
Ello muestra una falta de prudencia institucional.
Se actuó con precipitación —conferencia de prensa, denuncia penal, anuncio de rescisión— sin agotar las vías jurídicas previas.
Parece un accionar mas político que de defensa jurídica del interés nacional.
La advertencia, atribuida a Napoleón —“vísteme despacio que estoy apurado”— parece haber sido ignorada.
El resultado será otro litigio internacional largo y costoso, que terminará resolviéndose bajo otro gobierno, con cargo al erario público. Mientras tanto las responsabilidades se diluirán en el debate político y los costos los pagarán los mismos de siempre: los contribuyentes uruguayos.
“Oh my god… I have no words.”
Listen to the emotional moment this year’s laureate Maria Corina Machado finds out she has been awarded the Nobel Peace Prize.
Kristian Berg Harpviken, Director of the Norwegian Nobel Institute, shared the news with her directly before it was announced to the world.
#NobelPrize #NobelPeacePrize
*️⃣Uruguay enfrenta una encrucijada fiscal en su camino al desarrollo: necesita más inversión pública en áreas clave como justicia, seguridad, salud, vivienda, educación e investigación, pero no tiene margen para subir impuestos sin afectar a la inversión privada y poner en riesgo el crecimiento económico. Por eso, el nuevo presupuesto debía ser una oportunidad para revisar el gasto y reasignar recursos: sacar de donde se gasta mal, y poner donde más se necesita.
⤴️El proyecto de ley de presupuesto prevé para 2025-2029 un aumento del gasto total superior al 10% en términos reales, con incrementos de magnitud similar en remuneraciones, gastos no personales, transferencias, inversiones y pasividades. De punta a punta, durante la administración Lacalle Pou el gasto creció 9%, en el segundo gobierno de Vázquez 13%, en el de Mujica 38% y en el primero de Vázquez 29%.
⤴️Seguimos con un presupuesto armado en decenas de incisos y cientos de unidades ejecutoras, lleno de vericuetos y laberintos. Un tercio del gasto ni siquiera se puede rastrear con claridad: está escondido en rubros como “Partidas a Reaplicar” (19% del total), “Subsidios y subvenciones” (10%) y “Diversos créditos” (2%), sin cometidos explícitos por la forma en que se registran.
↩️El proyecto de ley de presupuesto enviado al Parlamento fue una oportunidad perdida para revisar a fondo el gasto y detectar ineficiencias, superposiciones y rubros de baja prioridad.
↩️Este proyecto de ley también fue una oportunidad perdida para instaurar un presupuesto basado en resultados, que vincule la asignación de recursos al desempeño concreto de programas y actividades públicas, y así aumente el impacto del gasto en la sociedad.
*️⃣El presupuesto que se discute en el Parlamento parte de un gasto público que, para atender a la misma población, se ha duplicado desde 2005 y que ahora se propone hacer crecer de forma significativa.
*️⃣Si de verdad queremos que la economía crezca y disponer así de recursos para invertir en buenas políticas públicas, hay que redistribuir el gasto. Los impuestos ya llegaron a su límite y forzar más recaudación sería contraproducente.
📍Mi columna de hoy en El País al respecto: https://t.co/7R0lWEacgM
Sobre medidas para favorecer a PyMes: toda la evidencia internacional dice que son menos productivas que sus pares más grandes. Y la sobre representación de pymes (en la comparación internacional) de América Latina parece ser una causa de la desigualdad crónica en la región.
Si encaramos la crisis de la pobreza infantil desde la discusión de quién paga (el 1% más rico, Credisol o Rico McPato), le estamos errando feo. Si hubiera un plan articulado, consensuado y basado en evidencia, su financiamiento sería el menor de los problemas. 👇
El precio de la gasolina promedia 1,27 dólares por litro a nivel mundial y 1,07 USD/l en América Latina.
En Uruguay, a comienzos de julio, la nafta alcanza los 1,96 USD/l, siendo la más cara de Latinoamérica y es la 16ª más cara entre 154 países.
Según datos de @GlobalPetrol.
Otros 80 palos verdes en campos. Un país que crece al 1 y algo hace 10 años y tiene 1/3 de los niños pobres. La broma sería graciosa si no fuera triste.