La diputada Paola Gárate, que se atrevió a denunciar la operación del Cártel de Sinaloa en las elecciones que llevaron al poder a Rubén Rocha Moya, acaba de recibir en su domicilio una corona de muerto.
¡Urge que las autoridades garanticen su integridad! Por favor, RT
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La policía de Puebla, tratando de impedir que el mundo se entere de que ese estado es uno de los líderes en desapariciones en el país. Ustedes dirán si las autoridades poblanas se salen con la suya, o si la denuncia de las madres buscadoras se viraliza.
CATON
“A pesar de mi benevolencia, pienso que a López Obrador le aguarda el destino que la frase bíblica señala: heredará el viento. No sólo ha dividido su casa: la ha dejado en ruinas.
Su megalómana obsesión ha sido pasar a la historia. Y pasará, seguramente, pero no como Hidalgo, Juárez y Madero, sino como el hombre que destruyó el orden jurídico y las instituciones del país y lo puso en el camino de la dictadura. Ídolo con pies de barro, su popularidad será efímera. Cuando la sentina que creó desaparezca quedarán a la vista sus excesos, sus corrupciones, el gravísimo daño que en todos los órdenes ha hecho a la nación. De nada le valdrán entonces las dádivas que a diestra y a siniestra repartió.
No le servirá su compra de militares que aceptaron de él funciones ajenas a su misión y dejaron de servir a la Patria para ponerse a las órdenes del cacique de la 4T.
Hasta sus más untuosos aduladores reconocerán, siquiera sea en su fuero interno, que haber estado con Obrador fue un deshonor.
Quizá no vea yo su caída -los autócratas caen tarde o temprano- pero tengo la certidumbre de que México resurgirá de los escombros que AMLO deja, y volverá al camino de la ley, de las instituciones, de la democracia, del orden y la unidad nacional.
Otros gobernantes absolutos ha habido, como López. Todos están ahora en el basurero de la historia. También él heredará el viento.”💯💯
Tiempo al Tiempo y QUE TODO MÉXICO Y EL MUNDO SE ENTERE
Hoy quiero compartir una reflexión. No para detenerme en nombres ni en la coyuntura, sino para aprovechar este momento y pensar con claridad en el país que somos y en el que podemos llegar a ser. México vive una crisis profunda, no solo de seguridad o de crecimiento, sino de degradación moral. Y precisamente por eso, este también puede ser un punto de inflexión: una oportunidad para corregir el rumbo y preguntarnos qué tipo de vida queremos construir.
Primero, sobre la política. La política no es un fin en sí mismo; es un medio para mejorar la vida de las personas, para generar bienestar y para abrir oportunidades. Ese es su propósito. Y ese propósito tiene una dimensión muy concreta: que podamos vivir con tranquilidad, con dignidad y con futuro. Por eso, la política tiene que sostenerse en principios éticos claros. No se justifica llegar al poder a cualquier costo, y mucho menos cuando ese costo implica corrupción, complicidades o vínculos con el crimen organizado. No se puede construir un mejor país si desde el origen del poder se traiciona a la sociedad. El poder solo tiene sentido cuando sirve.
Segundo, sobre la economía y la empresa. La empresa debe ser un motor de solución: generar empleos, crear valor, atender necesidades y construir prosperidad. Pero ese propósito también se desvirtúa cuando el éxito depende del favor político, de las conexiones o de acuerdos en lo oscuro. Un país no puede crecer de manera justa si la competencia no es pareja. La verdadera fortaleza económica nace del talento, del esfuerzo, de la innovación y de reglas claras para todos; nace de saber que lo que uno construye es legítimo y sostenible en el tiempo, y que puede convertirse en una base sólida para el bienestar de nuestras familias.
Y aquí está el fondo de la reflexión: ¿quiénes somos como personas?, ¿en qué creemos?, ¿qué país queremos construir? Porque durante demasiado tiempo se ha instalado la idea de que “el que no transa no avanza”, de que hacer lo correcto es ingenuo y de que los atajos son el camino más rápido al éxito. Pero esa visión no solo daña al país; termina afectando la tranquilidad, la estabilidad y el futuro que queremos para quienes más nos importan. Las cosas bien hechas sí funcionan. Los valores sí sirven.
Por eso, este es un llamado especialmente a las y los jóvenes. A quienes hoy están definiendo su camino y, con ello, el rumbo del país. No acepten la trampa de los atajos. No normalicen la corrupción ni el influyentismo. Hacer lo correcto no solo es una decisión ética: es la mejor manera de asegurar un futuro sostenible, de construir una vida de la que puedan sentirse orgullosos y de ofrecer estabilidad y oportunidades reales a sus familias.
El México justo y próspero al que aspiramos no va a surgir por inercia. Requiere mejores reglas, sí, pero sobre todo mejores decisiones y mejores convicciones en cada persona. Requiere entender que el poder es para servir y que la prosperidad se construye, no se negocia en lo oscuro. Ese es el país que vale la pena construir. Y este es el momento de decidir hacerlo.
Tu hijo no tiene ansiedad.
Lo que tiene es falta de hambre.
Y la culpa es tuya.
Ayer despedí a un chico de 22 años a los diez minutos de empezar su periodo de prueba.
¿El motivo?
Me preguntó cuántas pausas para el café tenía y si el trabajo era "presencial obligatorio" porque le generaba estrés el transporte público.
Le di su mochila y le abrí la puerta.
Sin drama.
Sin explicaciones.
Estamos en 2026 y hemos creado un monstruo: el profesional de cristal.
Gente que cree que el sueldo es un derecho de nacimiento y que el esfuerzo es "explotación".
Me dicen:
—"Es que los tiempos han cambiado, ahora priorizamos el bienestar".
Mentira.
Priorizáis la mediocridad.
Priorizáis el camino fácil mientras el resto del mundo os pasa por la derecha sin pedir permiso.
El éxito no es apto para gente que necesita un "espacio seguro" cada vez que recibe una crítica.
El dinero no fluye hacia los que esperan que la empresa se adapte a sus traumas infantiles.
Si te ofende este texto, felicidades: eres parte del problema.
Eres de los que piensan que "ser amable" es más importante que ser eficiente.
Eres de los que confunden tener una opinión con tener resultados.
He visto a padres arruinarse pagando carreras privadas para que sus hijos terminen llorando en un hilo de X porque su jefe les ha pedido que lleguen puntuales.
¿Quieres ayudar a tu hijo?
Deja de protegerlo de la realidad.
Deja de validar sus excusas.
Enséñale que el mundo es un lugar hostil que desayuna gente con "potencial" y merienda gente con "títulos".
La verdadera salud mental es ser capaz de sostener tu vida sobre tus propios hombros sin pedirle a los demás que carguen con tu peso.
Aquel chico se fue llamándome "boomer".
Yo me volví a mi mesa a trabajar con gente que sabe que, en el barro, las etiquetas de cristal no sirven para nada.
El mundo no te debe nada.
Aceptarlo es el primer paso para dejar de ser un estorbo.
Este fin de semana vi dos veces Nuremberg, una película protagonizada por Russell Crowe —en el papel de Hermann Göring— y Rami Malek, quien interpreta al psiquiatra militar Douglas Kelley. Más allá del contexto de los juicios, la historia se centra en una relación inquietante: la de quien intenta entender la mente de uno de los principales responsables del nazismo. Sin revelar la trama, es una película que obliga a pensar.
Siempre me ha intrigado cómo una sociedad con una riqueza cultural tan profunda —la misma que dio al mundo a figuras como Ludwig van Beethoven o Richard Wagner— pudo haber permitido los excesos del nazismo. La película sugiere algo poderoso: estos procesos no ocurren de un día para otro. Se construyen cuando coinciden dos factores: líderes dispuestos a todo por el poder y sociedades que, por distintas razones, los toleran o los justifican.
El contexto importa. En el caso de Alemania, hubo agravios, crisis económica y un profundo sentimiento de humillación tras la Primera Guerra Mundial. Y en ese terreno fértil apareció un liderazgo que apeló al orgullo, a la identidad y a la emoción. Lo que sigue es historia. Pero también es advertencia: este tipo de liderazgos —narcisistas, autoritarios, manipuladores— no pertenecen al pasado. Existen hoy, en distintas formas y en distintas partes del mundo.
Por eso, más que una película histórica, Nuremberg es un llamado a la responsabilidad. Estos personajes avanzan solo hasta donde las sociedades lo permitimos. La buena noticia es que la historia también muestra que, tarde o temprano, las sociedades reaccionan y ponen límites. La invitación es a no esperar a que sea tarde: a informarnos, a cuestionar, a no normalizar y a actuar a tiempo. Porque al final, el rumbo de una nación no depende solo de sus líderes, sino de la conciencia de su sociedad.
Vargas Llosa pasó la vida diseccionando las dictaduras latinoamericanas. En Conversación en La Catedral mostró cómo el autoritarismo se filtra en la vida cotidiana hasta volver normal la humillación; en La fiesta del chivo exhibió al tirano como un sistema que corrompe cuerpos, lenguaje y conciencias; y en sus ensayos y conferencias repitió una idea central: la dictadura no se sostiene solo por la fuerza, sino por la complicidad, por el miedo aceptado, por el lenguaje falsificado que convierte la mentira en orden y la obediencia en virtud.
Con esas ideas en la mano, si Vargas Llosa estuviera vivo hoy, no tendría dudas en llamar dictadura al régimen de Maduro ni en celebrar el fin del tirano. Pero también levantaría una advertencia incómoda: la libertad no llega en helicóptero ni se consolida por decreto extranjero. Derrocar a un dictador violando el derecho, relativizando la soberanía o normalizando el atajo, puede matar al tirano… y al mismo tiempo herir de muerte a la democracia que se dice defender.
Porque, diría él, el momento decisivo no es la caída, sino el día después. Si Venezuela reconstruye instituciones, elecciones reales, justicia sin venganza y un lenguaje libre, habrá nacido una república. Si no, solo habremos visto el relevo de la servidumbre. Y eso, advertía Vargas Llosa, no es liberación: es cambiar de jaula creyendo que ya somos libres.
Cuando alguien no logra entender la dimensión de la tragedia que hoy vive México, estos datos son muy claros. En México en nuestro sistema de salud pública hoy tienes 6 veces más probabilidades de morir que en Dinamarca si eres mujer por cuestiones relacionadas con el embarazo o en tu primer año de vida si eres un niño. Pero no !! Fuera de eso en México todo bien !!!