¿Has usado alguna vez uno de esos clásicos dispensadores de cinta adhesiva de sobremesa? Pues resulta que un modelo muy común en oficinas y hogares durante los años 70, el C-15 Decor de 3M, era ligeramente radiactivo.
La explicación estaba en su peso. Para mantenerlo estable sobre la mesa y permitir cortar la cinta con una sola mano, su base incorporaba arena de monacita mezclada con resina epoxi. La monacita es un mineral muy denso que contiene torio, un elemento radiactivo natural.
El torio, de hecho, es entre tres y cuatro veces más abundante que el uranio en la corteza terrestre. Su isótopo más habitual, el torio-232, tiene un periodo de semidesintegración de unos 14.000 millones de años, aproximadamente la edad del universo. Eso significa que se desintegra extremadamente despacio y, precisamente por ello, su actividad radiactiva es baja.
El hallazgo fue completamente accidental. Un técnico de radiología de un hospital de Alabama detectó radiación en su propio dispensador durante una revisión rutinaria. El objeto acabó en Oak Ridge Associated Universities, donde confirmaron que la fuente era el torio contenido en la monacita. Hoy forma parte de su museo de radiación como ejemplo de cómo materiales radiactivos naturales llegaron a utilizarse, a veces sin demasiada conciencia del asunto, en objetos cotidianos.
¿Era peligroso? Con un uso normal, no. Los niveles medidos eran muy bajos y no suponían un riesgo significativo para la salud. El principal problema aparecería si el dispensador se rompiera y el material interno pudiera inhalarse o ingerirse. Por eso, quien conserve uno puede seguir utilizándolo con tranquilidad, siempre que permanezca intacto.
Actualmente, la normativa prohíbe emplear torio y otros radionucleidos naturales en productos de consumo, siguiendo el principio de minimizar cualquier dosis innecesaria.
Un buen ejemplo de que estamos rodeados de radiactividad (nosotros mismos somos ligeramente radiactivos de forma natural) y de cómo la cultura de seguridad también evoluciona aprendiendo de los objetos más inesperados.
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Hace ya unos años, a principios de 2004, al poco tiempo de obtener la licencia de supervisor y ocupar el puesto de jefe de Sala de Control, estaba dando el relevo a mi compañero cuando noté que alguien se nos acercaba por detrás con intención de decir algo. Interrumpí el relevo y me giré.
—Disculpe, ¿es urgente? —le pregunté.
—No, en absoluto —respondió el extraño.
—Entonces, si es tan amable, espere en la entrada de Sala de Control. Cuando termine de dar el relevo le atenderé.
El hombre se alejó, visiblemente avergonzado.
—Acabas de echar al nuevo director de la central —dijo mi compañero, sin poder evitar una sonrisa malévola.
Tragué saliva y terminé de dar el relevo a mi compañero, pensando que quizás sería el último de mi efímera carrera como jefe de sala de control.
Una vez hube terminado, me acerqué al director, que esperaba pacientemente en la entrada como le había pedido, con la intención de disculparme. Sin embargo, él se me adelantó.
—Ha hecho usted muy bien en pedirme que esperase fuera —dijo el director—. Discúlpeme por interrumpir el relevo. Tomaré medidas para que esto no vuelva a ocurrir.
Siempre recuerdo esta anécdota cuando alguien pregunta por qué los relevos son tan estrictos en una central nuclear. Somos muy conscientes de su importancia. Una persona puede llevar ocho horas en un puesto clave y en ese tiempo pueden haber ocurrido muchas cosas, especialmente en los turnos de mañana y en las paradas de recarga. Algunas maniobras o trabajos pueden seguir en curso durante el relevo, aunque se intenta minimizarlos con una buena planificación. Por eso existe un tiempo específico de preparación del relevo, en el que se detienen los trabajos en la medida de lo posible.
La persona que entra no ocupa el puesto sin más. Se sienta al lado de su compañero. Escucha. Pregunta. Toma notas. Recorre mentalmente el estado de la planta. Se le explica la situación operativa durante el tiempo que haga falta, que puede ser diez minutos, media hora o más, en función de lo que esté en curso y del tiempo ha estado fuera de Sala de Control. Puede haber trabajado el día anterior o venir de unas vacaciones.
El relevo no es un trámite ni una cortesía. Es una barrera de seguridad. Y en una central nuclear, cuando se está dando un relevo, no importa quién seas ni el cargo que tengas. Te esperas fuera.
Los seres vivos absorben carbono de la atmósfera, principalmente en forma de dióxido de carbono (CO₂), que contiene en pequeñas cantidades un isótopo radiactivo llamado carbono-14 (¹⁴C). Este isótopo se forma constantemente cuando los rayos cósmicos interactúan con el nitrógeno en la atmósfera. A través de la fotosíntesis y la cadena alimentaria, el ¹⁴C entra en plantas, animales y seres humanos.
Cuando un ser vivo muere, deja de incorporar carbono. A partir de ese momento, el ¹⁴C que contiene empieza a desintegrarse en nitrógeno-14 (¹⁴N) mediante un proceso llamado desintegración beta. Mientras tanto, el carbono-12 (¹²C), que es estable, permanece inalterado.
La vida media del ¹⁴C es de unos 5730 años, lo que significa que, transcurrido ese tiempo, la mitad del ¹⁴C presente se ha desintegrado. Esta desintegración es constante y predecible, lo que permite calcular cuánto tiempo ha pasado desde la muerte del organismo.
Los científicos miden la proporción entre ¹⁴C y ¹²C en materiales orgánicos como huesos, madera, tejidos o carbón vegetal. Comparando esta proporción con la que tendría un ser vivo recién fallecido, se puede estimar la edad de la muestra con gran precisión.
Esta técnica, basada en principios de física nuclear, permite fechar restos orgánicos de hasta 55.000 años de antigüedad. Se aplica ampliamente en arqueología, historia, antropología, geología y ciencias forenses. Gracias a ella, se han podido datar momias, fósiles, herramientas antiguas, manuscritos, obras de arte e incluso descubrir falsificaciones. Es una de las herramientas más valiosas para reconstruir el pasado de la humanidad y del planeta.
Más información en el curso oficial del @iaeaorg
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Desactivado por fin el nivel 3 de emergencias, quiero agradecer a @proteccioncivil y @DGobiernoMadrid.
Con la activación este lunes 28/4 de la Red Nacional de Radio de Emergencia (#REMER), he podido sentirme útil para la sociedad donde mi profesión me lo hubiera impedido.
De la megafonía al ‘plan Mercurio’: así se comunicarían las autoridades cuando todo falla. #REMER#ProtecciónCivil#apagón#hamradio
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📡 Fantástico el apoyo que tuvimos de los integrantes de la Red de Radio de Emergencias #Remer para poder mantener comunicaciones con la provincia.
👥 2️⃣6️⃣ integrantes de la REMER que rápidamente activaron sus equipos y se pusieron a disposición del CECOP
👏🏻 Gracias infinitas