—La rubia quedó sorprendida y, tras unos segundos de duda, un gemido escapó de sus labios.
Buscaba incomodarle, con ojos seductores y traviesos...— Rerir...
Las manos púrpuras del poder del pecador la aprisiónaron frente él, aunque no le apretaban con demasiada fuerza.
. . . ⇢No eres si quiera capaz de librarte de esas manos y ¿crees que puedes derrotarme?
. . . ⇢Nadie va a salvarte. Solo somos tu y yo, y me estoy divirtiendo mucho con tu cuerpo.
El cuerpo de la rubia era perfecto para complacer al pecador, apretando a lo largo de su gruesa circunferencia cada vez que se clavaba hasta el fondo en ella.
Ojalá su boca sea tan buena a la hora de complacerle como lo es para hablar.
Puede empezar cuando quiera, el miembro del pecador ya está listo para ella.
Como para saber que siempre puede existir una idea más absurda.
Sus manos continúan recorriendo la sensual figura grabando cada detalle en su mente y no solo concentrandose en sus pechos y trasero.
. . . ⇢Eres libre de tocar cuanto quieras.
. . . ⇢Puedo pelear contra ese narval que tomaste como mascota, no debería ser ningun problema jugar con esa cosa.
Brindar un espectáculo de combate a cambio de sexo con su compañera no era la idea más descabellada del universo. Ya ha convivido con Rhinedottir
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— Bueno, si después me entretienes peleando con algún monstruo fuerte, entonces no tendré problema alguno en dejar que me folles.
Y con el mismo descaro ella le respondería, pues no le disgustaba la idea de ser follada por su compañero pecador, especialmente si a cambio +