No me explico por qué el papa tiene que ir al congreso a dar un discurso, pero ni el papa ni cualquier miembro de ninguna entidad religiosa. Que lleven a los profesores valencianos o a las profesoras de infantil madrileñas, ellas si que necesitan darles un discurso.
Llamadme radical, pero me parece una absoluta vergüenza que, en un país aconfesional, se destinen recursos públicos a financiar una visita del Papa mientras existen tantas necesidades sociales sin cubrir.
Tengo la teoría de que el romance está desvaneciéndose porque también la gente ya no lee como antes, ya no se escribe como antes. Hemos perdido la magia de las palabras, el entender al mundo a través de metáforas, nombrar sin darle sentido. Nos hace falta vulnerarnos.