Homenaje permanente a nuestro compañero Julio Jung. Un artista ícono, innovador, legendario e imprescindible de nuestra cultura. Su legado ya es parte de la memoria de Chile. Aplausos eternos para Julio ❤️
PROPUESTA DE REFORMA LEGAL PARA SANCIONAR LA MENTIRA DELIBERADA EN EL EJERCICIO DE LA FUNCIÓN PÚBLICA.
A la Honorable Cámara de Diputadas y Diputados, y al Honorable Senado de la República de Chile:
@Senado_Chile@Camara_cl
Como ciudadano de la República, y más allá de toda preferencia ideológica, propongo que se estudie la realización de un plebiscito nacional o, en su defecto, la tramitación de una reforma legal destinada a fortalecer la probidad, la transparencia y la responsabilidad en el ejercicio de la función pública, mediante la sanción efectiva de la mentira deliberada utilizada con fines políticos o electorales.
La democracia se sustenta en la confianza pública. Cuando autoridades o candidatos difunden información falsa de manera consciente para obtener ventajas políticas, manipular la opinión pública, desacreditar adversarios o influir en procesos electorales, se erosiona la legitimidad de las instituciones y se debilita el vínculo entre representantes y ciudadanos.
Por ello, propongo la creación de una figura legal aplicable al Presidente de la República, ministros de Estado, subsecretarios, parlamentarios, gobernadores regionales, alcaldes, concejales, consejeros regionales, funcionarios públicos de alta responsabilidad y candidatos a cualquier cargo de elección popular.
La norma debería establecer que constituye una infracción grave contra la fe pública democrática la difusión dolosa de mentiras, falsedades, acusaciones falsas, calumnias, tergiversaciones deliberadas, falsos testimonios o cualquier otra forma de desinformación emitida públicamente con el propósito de obtener beneficios políticos, electorales o institucionales.
La existencia de esta conducta deberá ser determinada exclusivamente por los tribunales de justicia competentes, mediante sentencia firme y ejecutoriada, garantizando plenamente el debido proceso, la presunción de inocencia y el derecho a defensa.
Las sanciones deberán considerar la gravedad de los hechos, el daño ocasionado, la reiteración de la conducta y la jerarquía del cargo ejercido, pudiendo contemplar:
Pena privativa de libertad entre dos y diez años.
Multas proporcionales al perjuicio causado.
Inhabilitación temporal o perpetua para ejercer cargos públicos.
Pérdida inmediata del cargo una vez ejecutoriada la sentencia.
Restitución de recursos públicos utilizados en la difusión de información falsa cuando corresponda.
Asimismo, deberán considerarse agravantes especiales cuando la falsedad:
Afecte la seguridad nacional.
Busque alterar procesos electorales.
Genere conmoción pública o afecte el orden institucional.
Cause perjuicios económicos o reputacionales significativos a personas o entidades.
Sea difundida mediante medios de comunicación masivos o plataformas digitales de amplio alcance.
Con el fin de evitar abusos o persecuciones políticas, la sanción deberá aplicarse únicamente cuando se acredite de manera inequívoca el dolo, entendido como el conocimiento efectivo de la falsedad de lo afirmado o una manifiesta indiferencia respecto de la verdad de los hechos.
La libertad de expresión constituye uno de los pilares fundamentales de toda democracia y debe ser resguardada. Sin embargo, dicha libertad no puede transformarse en una licencia para mentir deliberadamente desde posiciones de poder o influencia política, especialmente cuando ello afecta el proceso democrático, la confianza ciudadana o el honor de terceros.
Por estas razones, solicito al Congreso Nacional estudiar la viabilidad jurídica y constitucional de esta iniciativa y promover los mecanismos institucionales que permitan a la ciudadanía pronunciarse respecto de la incorporación de sanciones efectivas contra la mentira deliberada en el ejercicio de funciones públicas o en campañas electorales.
Una democracia sólida requiere libertad para opinar, pero también responsabilidad por las consecuencias de engañar conscientemente a la ciudadanía.
Si usted estimado lector, está de acuerdo, agradeceré difundir.
AJUSTE DE CUENTAS
Cuando el resentimiento
gobierna la política exterior.
Un "ajuste de cuentas" es un término polisémico que generalmente describe la resolución violenta de conflictos en contextos criminales o la venganza personal. En política, esa venganza se aplica al revanchismo histórico, a la sangre en el ojo, a la vendetta ideológica.
Hay decisiones políticas que se explican por estrategia, otras por convicción, y las más incómodas por rencor y desquite. La negativa del gobierno de José Antonio Kast a respaldar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU parece inscribirse, con notable precisión, en esta última categoría, la del resentimiento y la revancha, la tirria ideológica.
Esto es simple y claro: no estamos frente a una candidata improvisada ni a un capricho personal. Bachelet es, objetivamente, una figura con un currículum que pocos pueden siquiera intentar igualar en el circuito multilateral. Dos veces presidenta, directora de ONU Mujeres y Alta Comisionada de Derechos Humanos. Si esto no califica como “carta competitiva”, entonces el estándar no es técnico, es ideológico.
El 24 de marzo de 2026, el gobierno decidió retirar el apoyo oficial, calificando la candidatura como “inviable”. Una palabra elegante para disfrazar una decisión incómodamente política. Más aún cuando, en paralelo, Brasil y México optaron por respaldarla, evidenciando que la supuesta inviabilidad parece ser un diagnóstico exclusivamente chileno. Curiosa forma de evaluar la realidad internacional: Chile dice “no se puede”, el resto responde lo contrario.
Pero el episodio no se detiene en el retiro del apoyo. La Cancillería, en un gesto que roza —la disciplina moral doctrinaria—, ordenó sumarios contra funcionarios diplomáticos que habrían seguido apoyando la candidatura. Correos, gestiones, reuniones: actos que, en otro contexto, serían simplemente parte del trabajo diplomático. Hoy, en cambio, parecen configurar una suerte de herejía burocrática.
Aquí el problema deja de ser político y pasa a ser institucional. Porque castigar a funcionarios por sostener una candidatura chilena, más allá de las diferencias del gobierno de turno, instala una señal peligrosa: la política exterior deja de ser política de Estado para transformarse en extensión emocional del Ejecutivo. Y eso, en diplomacia, no es solo torpe; es caro.
La comparación es inevitable. Cuando Andrés Allamand fue respaldado internacionalmente, el gobierno de Gabriel Boric no dudó en apoyarlo, pese a las diferencias ideológicas evidentes. No era un acto de simpatía personal, sino de comprensión estratégica. Cuando un chileno compite en el escenario global, el país entero está en juego.
Hoy ocurre lo contrario. Chile no sólo se resta, sino que además parece incomodarse con su propia candidata. Es como si, en plena competencia internacional, un equipo decidiera sabotear a su propio jugador por no gustarle su estilo de juego.
Y aquí emerge la pregunta incómoda:
¿Qué ocurre si Bachelet gana?
El escenario no es imposible. De hecho, el respaldo de potencias regionales sugiere que su candidatura sigue viva. Si eso sucede, Chile habrá protagonizado una rareza diplomática: ver a una compatriota alcanzar uno de los cargos más relevantes del mundo… sin el apoyo de su propio país.
El resultado sería más que un error; sería un bochorno. Un ridículo de escala global. No por la victoria de Bachelet, sino por la pequeñez previa. Porque en política internacional, las señales importan. Y la señal que hoy emite Chile no es de firmeza ni de convicción, sino de resentimiento.
Al final, esta historia no trata sobre Bachelet. Trata sobre la incapacidad de separar Estado de gobierno, interés nacional de animadversión personal. Trata sobre una diplomacia que, en lugar de proyectar al país, parece empeñada en ajustar cuentas.
Y eso, más que una estrategia, es una renuncia. Una renuncia a la altura, a la inteligencia política y, sobre todo, al sentido de Estado.
@MisColumnas
Eduardo, usted desde su cómodo púlpito digital, decidió despedir al presidente de Chile con un insulto fácil: “Merluzo”. El problema de ese gesto no es su grosería —la política argentina lleva años degradando el lenguaje público— sino su ignorancia. Porque cuando se abandona el dato y se abraza el exabrupto, lo que queda en evidencia no es el objeto del insulto, sino la precariedad intelectual de quien lo emite.
Antes de insultar Sr. Feinmann, usted debería comparar hoy a Chile con Argentina, lo que exige algo más que fervor ideológico: exige cifras. Y las cifras, señor Feinmann, son despiadadas con los relatos improvisados.
Mientras usted descalifica al presidente chileno, el país que él gobierna termina su mandato con inflación anual cercana al 3%. Argentina, en cambio, suele registrar en un mes lo que Chile acumula en un año. Esa sola comparación debería bastar para moderar cualquier entusiasmo insultante.
En empleo y actividad económica, la diferencia también es elocuente. En Chile se crearon más de 200.000 empresas sólo el 2025; en Argentina, su país, bajo el experimento libertario de Milei, cierran cerca de 30 empresas por día. Más de 22.000 compañías han desaparecido en dos años generando más de 290.000 desempleados, y más de 30 multinacionales han abandonado su país. No es precisamente el paisaje de un milagro económico.
Mientras tanto, en Chile aumenta la creación de empleos, los salarios reales llevan más de dos años creciendo y la pobreza continúa reduciéndose. En Argentina, el empleo formal apenas supera la mitad de la fuerza laboral y la informalidad avanza como una epidemia estructural, siendo más del doble que en Chile.
Hablemos también del Estado, ese enemigo retórico del libertarismo. Chile tiene uno de los Estados más pequeños del mundo: apenas el 9,5% de su fuerza laboral trabaja en el sector público. El promedio de la OCDE es casi el doble. El gasto público chileno bordea el 25% del PIB; el promedio OCDE supera el 40%. Es decir: el supuesto “socialismo” chileno que usted denuesta, existe, en realidad, sólo en la imaginación de quienes prefieren el eslogan al análisis.
Hablemos de riesgo país, Chile entre los dos menores de la región. Argentina, en cambio, dejando fuera Venezuela, tiene el riesgo país más alto de Latam, y es el mayor deudor del planeta con el Fondo Monetario Internacional, concentrando alrededor del 35% de toda su cartera crediticia.
La obra pública argentina es ejemplo de congelamiento.
Pero quizá el contraste más revelador sea el social. Durante el gobierno que usted insulta, se aumentó el salario mínimo al doble de Argentina, se redujo la jornada laboral a 40 horas semanales, se elevó la pensión garantizada para adultos mayores, se instauró copago cero en salud pública, se creó un royalty minero para financiar políticas sociales y se impulsaron industrias estratégicas como el hidrógeno verde y el litio.
No son consignas. Son políticas públicas.
Mientras tanto, en Argentina, se proponen jornadas laborales de hasta 12 horas, salarios variables pagables incluso en especies, indemnizaciones financiadas en cuotas. Los trabajadores de plataformas llegan al 10% de la masa laboral argentina, mientras en Chile es menos del 2,5%.
Por eso su tuit no es una crítica política: es una caricatura informativa. No describe la realidad chilena; describe su desconocimiento sobre ella.
Chile, con todos sus problemas —que los tiene— termina este ciclo con inflación controlada, moneda estable, crecimiento empresarial, reducción de pobreza y como la economía más sólida de América Latina.
Argentina, en cambio, experimenta con una motosierra fiscal mientras su tejido productivo se deshilacha.
De modo que antes de repartir epítetos desde Buenos Aires, quizá convendría mirar los indicadores con un poco más de humildad. Porque cuando los datos hablan, los insultos quedan exactamente en lo que son: ruido.
Y el ruido, señor Feinmann, rara vez reemplaza a la inteligencia.
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Alon Mizrahi, periodista israelí, uno de los judíos más dignos del mundo:
Estamos presenciando un hecho histórico. Irán, para sorpresa de todos, está destruyendo las bases estadounidenses de forma tan exhaustiva, a tan gran escala y de forma tan decisiva que el mundo no está preparado para ello.
En cuatro días, Irán ha logrado expandir su dominio militar en la región. Ha destruido las bases militares, las propiedades y el equipo más valiosos y costosos del mundo.
Las bases estadounidenses en Baréin, Kuwait, Catar y Arabia Saudita se encuentran entre las instalaciones militares más grandes del mundo. Su construcción ha costado billones de dólares durante varias décadas. Nos referimos al hecho de que la mayor parte del gasto militar realizado durante más de 30 años se ha esfumado.
Vemos radares que cuestan cientos de millones de dólares cada uno destruidos en un instante. Vemos bases militares enteras abandonadas, incendiadas, saqueadas y destruidas. Y les digo, que yo sepa, Estados Unidos nunca ha sufrido tanta destrucción en toda su historia, salvo quizás por Pearl Harbor, pero ese fue solo un ataque.
Ningún enemigo en una guerra convencional ha hecho esto a las fuerzas militares estadounidenses como lo está haciendo Irán ahora mismo. Es difícil de creer. La situación militar es tan grave que la censura bloquea casi toda la información nueva sobre esta guerra. Si se han dado cuenta, cada día recibimos menos información.
Hace treinta y cinco años, durante la primera guerra iraquí, nos mostraron infinidad de imágenes de Irak. En aquel entonces, las bombas inteligentes y las cámaras eran una novedad, pero cada noche nos mostraban imágenes nocturnas. Ahora apenas vemos vídeos.
¡Entiendan esto! Supuestamente, esta es la mayor potencia militar del mundo, con la mayor capacidad aérea del mundo, y al cuarto día de la ofensiva estadounidense, supuestamente rompiendo las defensas iraníes, no vemos ninguna señal de dominio estadounidense en el cielo iraní. ¿Dónde están todas las grabaciones de nuestros aviones sobrevolando Teherán o cualquier otra parte de Irán?
Los soldados estadounidenses ni siquiera pueden soñar con pisar suelo iraní. Y para entender lo desesperada que es esta guerra, al cuarto día ya están escuchando las propuestas e ideas más descabelladas de la administración Trump. Proponen enviar escoltas militares a los petroleros que salen del Golfo Pérsico. ¡¿De qué están hablando?! ¿Quieren enviar barcos estadounidenses a la zona de destrucción de miles de misiles iraníes? AHORA nadie puede atravesar el Estrecho de Ormuz.
Los iraníes llevan décadas preparándose para esto. Se jactan de la idea de armar a las milicias kurdas para invadir Irán. ¿De qué demonios están hablando? ¿Han visto un mapa de Irán? ¡Parece que la administración Trump nunca ha visto un mapa de Irán! ¿Saben lo extenso que es? ¿Qué significa invadir Irán? ¿Creen que una milicia de 10.000 personas podría invadir Irán? ¿O incluso 50.000? ¿O 100.000? Irán los absorberá.
Estados Unidos e Israel ya han perdido esta guerra. Pueden matar a millones de civiles en sus hogares. Tienen bombas potentes y pueden volar edificios, pero no ganarán esta guerra. La infraestructura militar y el armamento iraníes se encuentran bajo tierra en todo Irán. Ni los estadounidenses ni, especialmente, los israelíes, tienen la menor posibilidad de acceder a ellos. Están en serios problemas.
Empezaron algo que no tienen ninguna posibilidad de terminar. Cuando todo esto termine, Estados Unidos jamás volverá a Asia Occidental. No habrá presencia estadounidense en Oriente Medio. Se lo digo con toda certeza.
#IranWar #IsraelTerroristState
#EEUUTerroristState 👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼
Cada vez que vean un mensaje apuntando al presidente @GabrielBoric tipo "¿Por qué no te bajaste el sueldo?", puede reenviarle esta columna.
"La brecha entre representantes y sueldo mínimo se redujo de 41 veces a menos de 15 veces, algo sin precedentes en la historia reciente."
¿POR QUÉ LEO?
Leer, un acto íntimo de resistencia.
Hoy me invitaron a la grabación de un podcast, y uno de los temas fue el rol de la lectura, el analfabetismo funcional y la vida de los libros. Uno de los panelistas me preguntó algo simple, pero que obligaba una respuesta más allá de la propia simpleza de la pregunta. ¿Por qué lees?, preguntó. Luego agregó: danos una buena razón para ello.
¿Una sola razón?; le contra pregunté…bueno, las que gustes, respondió.
Respiré profundo, pensé en mi historia, mis padres, mis hijos y amigos…en quien soy antes de leer un libro, y en quien me convierto luego de haber terminado sus páginas. Pensé en este espacio, en quienes me escriben y a quienes leo y respondo, pensé en el poder de la lectura, y luego respondí:
Leo porque el mundo habla demasiado y dice muy poco. Leo para apartarme del ruido, para entrar en ese territorio silencioso donde las palabras no compiten, sino que se decantan. Leer es, para mí, una forma de respiración lenta en una época de hiperventilación colectiva.
Leo para entender cómo se construye la realidad, pero también cómo se disfraza. Orwell lo advirtió con crudeza: cuando el lenguaje se empobrece, el pensamiento se vuelve dócil. Arendt fue aún más lejos y escribió que el mayor peligro no es la mentira aislada, sino la mentira organizada, esa que termina pareciendo natural, inevitable, incluso virtuosa. Leer es aprender a detectar esas costuras invisibles.
Leo para observar el poder cuando cree que nadie lo mira. El poder rara vez se presenta con estruendo; suele hacerlo con la calma de lo establecido. Machiavelo lo describió sin pudor; Michels y Mills lo diseccionaron sin consuelo. Todos coincidieron, desde distintos siglos, en una verdad incómoda: las élites no se perpetúan por maldad, sino por costumbre. Y la costumbre, cuando no se interroga, se vuelve ley.
Leo para defenderme de mis propios sesgos. Kahneman explicó que pensamos rápido cuando deberíamos pensar lento; Haidt mostró que primero sentimos y luego razonamos; Le Bon advirtió que la multitud diluye la conciencia individual. Leer no nos vuelve inmunes al error, pero sí menos arrogantes frente a él.
Leo porque los medios no sólo informan: moldean la sensibilidad. McLuhan lo dijo sin metáforas: el medio es el mensaje. Debord vio cómo el espectáculo reemplazaba a la experiencia, y Postman anticipó un mundo donde la gravedad se disuelve en entretenimiento. Leer es recuperar profundidad en una cultura entrenada para la superficie.
Leo tecnología con la misma cautela con que otros leen oráculos. La inteligencia artificial no es un problema técnico, es un dilema humano. Harari, Tegmark y Bostrom coinciden en algo esencial: no todo lo posible es deseable. Zuboff lo formuló con precisión inquietante: la vigilancia ya no es una amenaza futura, es una estructura presente.
Leo ciencia porque desconfío de las certezas absolutas. Popper enseñó que el conocimiento avanza corrigiéndose; Kuhn, que progresa rompiéndose. La razón, cuando se reconoce falible, se vuelve más honesta. Y esa honestidad intelectual hoy es casi un gesto poético.
Pero leo poesía para recordar lo que no puede medirse. Leo a Neruda cuando necesito volver al asombro elemental; a Borges cuando quiero perderme en los laberintos del tiempo y la identidad; a Pessoa para entender que somos muchos incluso cuando creemos ser uno. La poesía no explica: revela. No argumenta: ilumina. Es conocimiento en estado sensible.
Leo novelas porque la ficción entiende al ser humano con una precisión que ningún informe logra. Dostoievski, Kafka, Camus o Saramago no describen el mundo: lo desenmascaran. Nos recuerdan que la ceguera moral casi siempre precede a la catástrofe.
Leo, en definitiva, para no abdicar del pensamiento ni del asombro. Para no confundir información con sabiduría, ni opinión con verdad. Leer sigue siendo, en este tiempo de velocidad y simplificación, un acto íntimo, silencioso y profundamente humano de resistencia cultural. @MisColumnas